Editorial

Sobre la fecha de las próximas elecciones

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urante el fin de semana pasado parecía ir sumando apoyo político la idea de postergar las elecciones previstas para el 10 y 11 de abril, luego de que el Comité Asesor Covid-19 lo recomendara en forma unánime la noche del viernes, como también lo había hecho el Colegio Médico. En el Congreso varios actores dieron señales de abrirse a un eventual aplazamiento de los mega-comicios (alcaldes, concejales, gobernadores y convencionales), y el domingo el Gobierno que enviaría un proyecto de reforma constitucional que hiciera posible el eventual cambio de fecha.

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El debate sobre la posibilidad de atrasar las elecciones venía creciendo en intensidad en las últimas semanas, a medida que la evolución de la pandemia conducía indefectiblemente a la grave situación actual, en que el aumento de los contagios ha llevado al Gobierno a decretar la mayor cuarentena nacional hasta la fecha. Precisamente esto último primó en las recomendaciones de los médicos y del comité: puesto en la balanza, el riesgo potencial de un contagio masivo pesa más que los costos e inconvenientes de postergar las elecciones, que no serían pocos, ni pequeños (incluso para la credibilidad del proceso y la participación ciudadana).

Esa recomendación se hizo en base a la evidencia científica disponible, que no entrega certezas sobre el número de contagios, sino probabilidades basadas en datos. Cuesta entender, entonces, que ahora la oposición plantee apoyar el aplazamiento de los comicios sólo si el Gobierno anuncia nuevas medidas sanitarias y de ayuda económica, transformando el cuidado por la salud de los electores en una suerte de injustificable transacción política.

En gran medida, ello refleja un clima de polarización que hace que tanto partidarios como detractores de mover la fecha adviertan sobre posibles riesgos para la estabilidad social y la democracia. Eso es alarmismo puro.

La decisión de aplazar o no las elecciones debe adoptarse considerando su conveniencia y su viabilidad, con los ciudadanos -no las agendas políticas- al centro de la mira.

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