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Editorial

Subir la edad de jubilación: el debate ausente

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n entrevista con este diario hace un mes, el exministro de Hacienda Rodrigo Valdés sostenía, respecto de la idea de elevar la edad de jubilación, que “hoy es virtualmente imposible legislar sobre eso”. Esta semana, sin embargo, se mostró partidario de elevar cinco años la edad en que se pensionan las mujeres, para igualarlas con los hombres en 65 años.

El ex ministro no se contradice; por el contrario, tiene razón en ambos puntos. Por un lado, aumentar la edad de jubilación —de hombres y mujeres— es un imperativo dictado tanto por la mayor (y creciente) esperanza de vida como por la racionalidad económica; por otro lado, es cierto que en la actualidad una propuesta como ésta, inherentemente impopular entre la opinión pública, tendría escaso o nulo piso político.

Precisamente porque hoy no existe, generar ese piso político debería ser visto como una responsabilidad prioritaria de éste y los próximos gobiernos. Mantener una edad de jubilación concebida para una etapa de retiro que promediaba unos pocos años, y no las dos o tres décadas que puede durar actualmente, es un camino seguro a la bancarrota de cualquier sistema previsional que pueda diseñarse, así como una virtual garantía de conflictividad social.

Se trata, por lo demás, de una necesaria adecuación al cambio cultural. “Todos los países deben pensar en elevar la edad de jubilación”, sostiene la autora de un nuevo libro, entrevistada por DF (Camilla Cavendish, “Tiempo Extra: 10 Lecciones para un Mundo que Envejece”), experta en políticas públicas del Reino Unido. Esto, porque los 60 o 65 años de edad no son sinónimos de “vejez” o fin de ciclo, pues ya se avizora un futuro cercano en que muchas personas vivirán hasta los 100 años.

Hacerse cargo de los profundos cambios que traerá la prolongación de la vida humana en todo orden de cosas es una tarea que no admite postergación. Abrir cuanto antes el debate sobre aumentar la edad de jubilación —que sin duda será complejo y políticamente costoso— es una parte insoslayable de ese esfuerzo.

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