Editorial

TPP11: un desafortunado aplazamiento

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Tal como consignó una nota en nuestra edición del viernes, es muy posible que Chile no apruebe el Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (TPP11) en lo que resta de la actual administración, que ha renovado nueve veces su discusión con suma urgencia en el Senado. De ser así, sería preocupante por dos grandes razones.

Primero, porque se trata de una desafortunada noticia para nuestra política comercial. Como han hecho ver con abundante evidencia los partidarios del TPP11 -que ingresó al Congreso en 2018 con el patrocinio del Gobierno anterior-, es un tratado de última generación que encierra importantes oportunidades en materia de comercio exterior y protección de inversiones. Al respecto, es clave entender que no es esencialmente distinto a otros tratados comerciales ya firmados por Chile, en términos de las obligaciones que acarrea, contrariamente a lo que alegan sus detractores.

Estos últimos muchas veces son también críticos del libre comercio como tal y de los pactos comerciales como instrumentos de política económica, a la vez que tienen juicios ambivalentes -y con frecuencia muy selectivos- respecto de la globalización. Sumarse a los 11 países que integran el TPP11 -entre ellos potencias económicas de primer orden como Japón, Canadá y Australia- complementaría la estrategia de apertura comercial que ha sido un pilar del crecimiento chileno por cuatro décadas.

La segunda razón por la cual aplazar la firma del tratado debe preocupar, es que uno de los argumentos para hacerlo es que estamos “a las puertas del proceso constituyente”, como dijo un parlamentario opositor. Esta es una lógica peligrosa que convierte a este debate, y eventualmente a muchos más, en rehenes de la discusión constitucional, imprimiendo en esta una dimensión político-económica de corto plazo, cuando la Convención debe necesariamente emprender su trabajo con una mirada larga.

Si bien es plausible sostener que hoy existen otras prioridades, como la emergencia económica y sanitaria, el nuevo aplazamiento del TPP es una señal poco auspiciosa. Que algunos precandidatos presidenciales sugieran la posibilidad de revisar tratados ya suscritos es francamente alarmante.

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