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Editorial

Trabajo en el siglo XXI, ¿ideas del siglo XX?

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n nuestra edición de ayer, la sección "Vota informado/a con DF" -que presenta a los lectores las principales propuestas económicas de los candidatos presidenciales- mostró algunas de sus ideas en cuanto a jornada de trabajo, remuneraciones y gratificaciones. Aunque ellas no representan la totalidad de las propuestas de los siete comandos en materia laboral, sí reflejan muchas de sus grandes preocupaciones y enfoques, lo que tiene gran relevancia de cara a los enormes desafíos que esperan al mundo del trabajo -en Chile como en todas partes- en el corto y mediano plazo.

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En este ámbito acotado, cada programa tiene fortalezas y debilidades que los electores deben evaluar en su mérito. Pero aun cuando hay espacio para algunas propuestas relativamente innovadoras, en lo grueso giran en torno a ideas que habrían resultado familiares hace 30 o incluso 50 años: salario mínimo más alto, subsidios estatales a la contratación, gratificaciones legales, mesas público-privadas, topes de remuneraciones y de brechas salariales, entre otras.

No se trata necesariamente de nociones incorrectas, pero difícilmente dan cuenta del grado de transformación que ya está experimentando el trabajo (los trabajos) en todos los niveles, lo que sólo se intensificará, acelerará y extenderá en los próximos años. En particular, en la agenda de los candidatos -como en la discusión nacional más amplia- se echa en falta una reflexión sobre el impacto disruptivo de las nuevas tecnologías basadas en inteligencia artificial sobre una extensa gama de ocupaciones e industrias.

En el país esto ya es materia de intenso estudio e interés a nivel académico y de negocios -con algunos ejemplos a nivel regulatorio, como la Ley Fintech y la nueva Política Nacional de Inteligencia Artificial-, pero los efectos de estas tecnologías sobre los trabajadores y el conjunto de la sociedad ameritan una discusión política que aún no se vislumbra. Iniciarla ahora, en plena campaña, no sería viable ni constructivo; esperar hasta la próxima campaña sería imperdonable.

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