Editorial

Una elección que sigue abierta

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ontrario a lo que anticipaban las encuestas que daban una clara ventaja al candidato demócrata a la Casa Blanca, la elección norteamericana está resultando inesperadamente reñida. Al cierre de esta edición aún seguía el conteo de votos en los últimos estados clave, y si bien las señales indican que Joseph Biden se alzará finalmente con la victoria, lo hará para gobernar una nación aun más dividida de lo que temían muchos analistas, y casi seguramente con un Congreso que no se allanará fácilmente a la agenda de una administración demócrata, pues estos habrían visto reducirse su mayoría en la Cámara de Representantes, mientras que el Senado permanecería en manos republicanas.

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Por cierto que para llegar a un desenlace de este proceso electoral faltará sortear las impugnaciones legales del conteo de votos que la campaña del Presidente Trump ha presentado hasta ahora en tres estados. Ello, junto con el riesgo de tensionar y polarizar todavía más a la sociedad norteamericana, probablemente hará más difícil la tarea del próximo Gobierno, sea cual sea el resultado de dichas impugnaciones.

A pesar de lo anterior, los mercados mundiales han reaccionado positivamente a la incertidumbre respecto del ganador de la elección. Por un lado, un escenario de Congreso dividido haría menos probable una fuerte expansión del gasto público vía alza de impuestos, como se espera de una administración Biden. Por otro, una victoria demócrata hace pensar que podrían disminuir en algún grado las tensiones comerciales generadas durante el actual Gobierno con otras potencias, especialmente China.

No son, sin embargo, proyecciones alentadoras, pues asumen un contexto de frecuente, incluso permanente choque entre la Casa Blanca y el Congreso. Ese fue un significativo lastre para la administración demócrata del Presidente Obama que bien podría repetirse a partir de 2021.

Como sea, demócrata o republicano, el próximo Presidente enfrentará el desafío de interpretar a un país que, en su mapa electoral, muestra un quiebre que no sólo es político y económico, sino también cultural.

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