Jubilar a los 60 años tenía sentido en un mundo con una baja expectativa de vida, en que todo aquel que superaba los 65 años era “viejo” y se preparaba para “sus años dorados”, aunque seguramente aquejado de enfermedades. Pero el panorama ha cambiado radicalmente y el cambio demográfico parece tomarnos por sorpresa.

“Ni tener más de 60 es ser viejo, ni el retiro temprano es lo deseable, ni la demencia es inevitable, ni las buenas ideas y la energía son exclusividad de los jóvenes”, sostiene la exasesora del entonces primer ministro británico David Cameron, Camilla Cavendish, autora de “Tiempo Extra: 10 Lecciones para un Mundo que Envejece”, publicado el mes pasado.

El texto es casi un manual de políticas públicas que, con un ritmo acelerado, resume cifras y ejemplos de cómo el cambio demográfico no tiene por qué condenarnos a la extinción. Las proyecciones parecen alarmantes: el próximo año por primera vez en la historia habrá más personas mayores de 65 años, que niños menores de 5 años, escribe Cavendish –exalumna de Oxford y con un MPA de Harvard- en su libro. En 83 países, incluyendo Chile y casi todos los europeos, las tasas de natalidad están por debajo de lo necesario para reemplazar la población. Es decir, que los países que albergan a casi la mitad del mundo comenzarán a reducirse. Ya está sucediendo con Japón, le seguirán pronto Rusia, Italia y Corea, y a partir de 2029, China. Sólo los que adopten una nueva política de apertura a la migración podrían revertir la tendencia. Por el contrario, África exportará a la gente joven del futuro, pues se proyecta que a 2050 este continente sumará 1.300 millones de habitantes.

Muchos gobiernos están respondiendo a esta realidad de una forma equivocada, sostiene la exeditora de The Sunday Times en entrevista desde Londres.

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Trabajar más

La respuesta no es tratar de convencer con beneficios especiales a la gente para que tenga más hijos, sino preparar a la sociedad para sacar provecho de lo que denomina “una mediana edad extendida”. Los mismos países que hoy tienen bajas tasas de natalidad registran la mayor expectativa de vida, con 84 años en Japón (promedio hombres y mujeres) y 80 años en Chile. Pero la ciencia ya trabaja para llevar los límites por sobre los cien años, y no solo para los millonarios.

El cambio demográfico generará cambios profundos, un rebalanceo de poderes entre países y obligará a revisar el contrato social, para financiar a los mayores sin dejar en bancarrota a los más jóvenes. La meta, explica la autora, debe ser que la gente viva más productivamente este “tiempo extra” que hemos ganado.

“Tenemos que ser mucho más optimistas respecto a lo que la gente de más edad puede hacer. Eso implica cambios en dos áreas: inversión en salud y cambios en el sistema de pensiones”.

En el área de la salud, Cavendish ya hizo un aporte. Como directora de Políticas Públicas del gobierno británico del conservador David Cameron, fue responsable de la introducción de un impuesto a las bebidas azucaradas, que entró en vigor en abril de 2018. Armada con la experiencia de ser un personaje poco querido por la opinión pública, Cavendish no vacila en defender una idea que, como dijo recientemente un exministro de Hacienda chileno, “carece de piso político”: elevar la edad de jubilación.

“Todos los países están revisando su edad de retiro. En casi todos los casos, tenemos que ayudar a la gente a trabajar por más tiempo. Eventualmente todos tendremos que ajustar la edad de retiro a la nueva expectativa de vida”, afirma.

Sabe que es una idea impopular: “Los gobiernos prometieron una cierta pensión después de cierto tiempo de cotizaciones, y cambiar eso tomará tiempo”.

Pero en los 80, cuando se fijaron las actuales edades de jubilación, la expectativa de vida promedio en Chile no superaba los 70 años, apenas 10 más que la edad de retiro para las mujeres y cinco que la de los hombres. Hoy en Chile es de 80 años para los hombres y 85 para las mujeres, dos décadas más que la edad de retiro promedio.

La transferencia tradicional de recursos de los mayores a los jóvenes ya se ha revertido en Japón, Alemania y Austria. Es decir, los mayores están tomando de los recursos futuros de los más jóvenes para financiar sus gastos en salud y pensión. Esto se repetirá en otros países con mayor longevidad y menores tasas de natalidad hacia 2050, según una investigación citada por Cavendish.

Personas viviendo su retiro en pobreza y gobiernos con arcas fiscales debilitadas son una consecuencia de un sistema de pensiones que no ha sido actualizado al aumento de nuestra expectativa de vida.

Pero no se trata sólo de un tema financiero para los gobiernos: “De verdad no se trata sólo del dinero, en realidad es mejor para la gente. Habrá gente que no será capaz de trabajar más, pero debemos ser cuidadosos de no excluir del mercado laboral gente que tiene toda esta experiencia y que quiere y puede trabajar. Hay que encontrar un balance”.

El libro de Cavendish está lleno de ejemplos, como Bette Nash, de 82 años, y azafata activa de American Airlines; o Yuichiro Miura, quien escaló el Everest con 80 años en 2013. (Miura sigue activo y en diciembre pasado estuvo a punto de escalar el Aconcagua). Para mostrar el ejemplo contrario, Cavendish cita a su padre, el académico Richard Cavendish, quien falleció en 2016 con 86 años, los últimos 36 vividos en una depresión tras su retiro.

“La gente no está esperando que los gobiernos se decidan a actuar. La gente está mejorando su alimentación, haciendo ejercicio, tomando su salud más seriamente, involucrándose en proyectos después del retiro para mantenerse activos… Tenemos que cambiar, tenemos que despertar y ver la realidad de que viviremos más”.

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