Todo empezó con un regalo. Ignacio Canals tenía 10 años cuando su abuelo le obsequió un computador. “Aprendí a programar en el colegio desde muy chico y me rayé. De ahí me fui moviendo poco a poco al software”, recuerda el empresario. Tiempo después ingresó a estudiar Ingeniería Industrial en Computación en la Universidad Católica y en su tercer año desarrolló Lemontech, una firma que provee soluciones tecnológicas a abogados y departamentos legales y que el 3 de julio recibió un aporte de capital de Accel-KKR, uno de los fondos de inversión más grandes del mundo.

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Aparte de Lemontech, el empresario de 38 años participa en otras empresas que desarrollan software: Instagis –compañía clave para el éxito de Renovación Nacional en las elecciones parlamentarias 2017−; Sosafe –red social que entrega información de seguridad ciudadana−; Dentalink –programa computacional para odontólogos− y Broota, plataforma que permite invertir online.

Accel −principal venture capital de Silicon Valley e inversionista en firmas como Facebook, Spotify y Dropbox− se asoció en el año 2000 con KKR −el segundo private equity más grande del mundo− para invertir en distintas compañías tecnológicas emergentes. Hace tres años se fijaron en esta empresa chilena que actualmente tiene presencia en 18 países y sedes en Santiago, Lima, Ciudad de México y próximamente Bogotá.

Y aunque la cifra de la inversión se desconoce debido a un acuerdo de confidencialidad aún activo, desde la empresa anticipan que se trata de un gran salto. “Este es el cierre de una etapa. Llevamos mucho tiempo conversando con ellos. Lo vemos como algo muy positivo porque nos valida como líderes del mercado en Latinoamérica”, cuenta Canals, CEO de Lemontech, en conversación con Diario Financiero.

400 mil abogados

El ingreso de Accel-KKR considera la venta, en primera instancia, de un porcentaje mayoritario de la empresa y una emisión secundaria vía aumento de capital. Al respecto, Canals señala que “evidentemente un fondo de este porte no toma posiciones por menos de US$ 10 millones en ningún caso”.

Accel-KKR maneja inversiones por más de US$ 8 mil millones y en Latinoamérica sólo han invertido en otras dos empresas aparte de Lemontech: la firma colombiana proveedora de software de administración llamada Siigo e i-Med, la startup chilena dedicada a conectar distintos servicios y proveedores de salud.

“Es un fondo que invierte con mucho criterio y no apurado. Es una relación de largo plazo. Por lo menos hace tres años atrás nosotros empezamos a conversar con ellos”, cuenta Canals.

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Esto los obliga, según el ejecutivo, a acelerar su crecimiento: “Evidentemente un fondo de este porte necesita hacer crecer una empresa como ésta lo más pronto posible porque está acostumbrada a administrar fichas grandes”, sostiene.

Es por eso que Canals cree que la estrategia de crecimiento de la firma girará en torno a la adquisición de compañías extranjeras que pertenecen a la competencia y a la expansión orgánica que han tenido hasta ahora: para 2019 Lemontech prevé crecer por sobre el 30% y para el año siguiente aspiran a aumentar esa cifra.

Hoy, más de 12 mil abogados y mil estudios en la región usan los sistemas de legaltech que desarrolla esta empresa para administrar cobros, tareas, juicios y reuniones con potenciales clientes. Con la incorporación de este nuevo inversionista esperan cumplir el objetivo que se trazaron hace años: que 400 mil latinoamericanos ligados al mundo jurídico (entre ellos abogados, jueces y técnicos) contraten su servicio.

Juicios automatizables

Desde la Reforma Procesal Penal, instaurada en Chile a inicios de la década pasada, han existido varias propuestas de automatización de los procesos jurídicos. “La Inteligencia Artificial tiene un rol muy importante en la lógica legal. Creemos que existe una porción muy importante de los juicios que son automatizables. Esto significa que nosotros podemos democratizar la justicia en la medida en que bajemos los costos de acceso”, plantea Canals.

A su juicio, el sistema legal está basado en la burocracia. “Nosotros entregamos, a través de la tecnología, eficiencia a un sistema que es burocrático. Hacemos un bypass de las muchas cosas que se tienen que hacer”, explica el ejecutivo.

Una de las aspiraciones de Canals es generar programas que presenten resoluciones a juicios simples. “En el futuro, se piensa que desde el lado de los jueces, es muy viable que sean sistemas informáticos los que puedan proponer un fallo respecto a algo que pasó”, adelanta el gerente.

Todo esto, según Canals, es por un motivo en especial: “La gracia de que una máquina sentencie, en vez de una persona, es que la primera no es corrompible”.

Negocios latinoamericanos

"Latinoamérica hasta hace poco tiempo no existía en el mapa de Silicon Valley. Hoy de cierta manera se está poniendo de moda. Pasamos a ser un actor interesante y estar en el foco de este tipo de fondos que jamás se habrían interesado en un país como Chile", opina Ignacio Canals.
Sin embargo, el ejecutivo también menciona que esto se debe a un cambio de mentalidad de los emprendedores latinoamericanos. Acorde a su análisis, las startups chilenas antes estaban solo "preocupadas de vender sus productos a Falabella pero no a Amazon". Esto, hace pocos años, empezó a cambiar.
En la última década se han potenciado negocios latinoamericanos que hoy han tenido una amplia recepción en el extranjero. Crystal Lagoons de Chile, Mercado Libre y Despegar de Argentina, Rappi de Colombia y B2W de Brasil, son solo algunas apuestas locales que han tenido éxito en el mercado global.
Sin embargo, Canals concluye que todavía existen desafíos por solucionar: "Falta desarrollar los puentes con los mercados que son importantes y empaparnos con las necesidades de esas sociedades que no son las mismas".

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