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Columnistas

Crear para crecer: el emprendimiento como política de empleo

CLAUDIO SEEBACH Decano Facultad de Ingeniería y Ciencias UAI

Por: Claudio Seebach

Publicado: Martes 27 de octubre de 2026 a las 04:03 hrs.

Cada vez con más frecuencia, conocidos y desconocidos en busca de trabajo me solicitan un café para conversar sobre posibles oportunidades labores o formas de reinventarse profesionalmente. Es la cara humana tras las actuales cifras de desocupación en Chile (9,6%), las más altas desde 2021. El mercado laboral chileno muestra una economía que no logra reabsorber a los miles de profesionales desvinculados de sus trabajos y a los otros tantos que egresan cada año de universidades e institutos técnicos; una señal clara de que Chile necesita generar nuevas fuentes laborales y no esperar que las existentes se recuperen por sí solas.

A ello, se suma la disrupción de la inteligencia artificial (IA) como transformadora del empleo formal: según McKinsey, hasta un 30% de las horas trabajadas podrían automatizarse a 2030, mientras que el Foro Económico Mundial advierte una reconfiguración profunda de las habilidades que demandará el mercado, provocando aún más incertidumbre entre quienes salen hoy en búsqueda de trabajo.

Pero la IA tiene también otra cara. Al asumir buena parte de la ejecución técnica, esta reduce drásticamente los costos y tiempos para prototipar, validar y estructurar un modelo de negocio, buscar fuentes de financiamiento o potenciales clientes, lo que abre el emprendimiento a muchas más personas. Al mismo tiempo, revaloriza lo propiamente humano: la creatividad, el pensamiento crítico, el criterio ético, la resolución de problemas complejos y la capacidad de articular proyectos.

“Debemos formar una cultura de creadores que convierta los desafíos del país en oportunidades, aprovechando nuestro potencial en turismo, minería, energía o alimentos”.

De hecho, es probable que buena parte del empleo calificado y sostenible del futuro no provenga del crecimiento inercial de las grandes empresas, sino de emprendimientos innovadores capaces de crecer. Y ahí está, en parte, una respuesta al problema del desempleo: debemos formar una cultura de creadores que convierta los desafíos del país en oportunidades, aprovechando nuestro potencial en sectores como turismo, minería, energía o alimentos.

Chile tiene una trayectoria valiosa en esta materia, pero aún quedan pendientes que resolver. Primero, el financiamiento: falta capital en las etapas intermedias de crecimiento, el llamado “valle de la muerte” donde muchos emprendimientos se quedan sin liquidez antes de poder escalar. Segundo, la agilidad regulatoria: lentos otorgamientos de permisos que no acompañan la velocidad con que hoy se funda, desarrolla y consolida una empresa. Y tercero, la transferencia tecnológica: nos sigue costando convertir la investigación universitaria en spin-offs y negocios rentables.

Aquí, las universidades tenemos la misión de promover un espíritu emprendedor entre nuestros estudiantes. El aula ya no puede ser un espacio para formar ejecutores que salgan a buscar un empleo que quizás mañana no exista; debe ser la incubadora de quienes salgan a crear esos empleos que aún no existen.

Aunque no reemplaza la urgencia de reactivar la inversión, la apuesta de mayor retorno en el largo plazo y una de las mejores políticas de empleo que Chile puede impulsar no es proteger pasivamente lo que existe, sino apostar decididamente por formar creadores, innovadores y emprendedores capaces de transformar la incertidumbre en desarrollo. El empleo no se espera: se crea.

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