La chambonada morrocotuda de Los Andes Copper y el fallido ministro de Minería Santiago Montt fue el comidillo del gabinete anunciado por el Presidente electo. Naturalmente, lo más llamativo fue que se diera a conocer que iba a asumir el ministerio antes de ser oficialmente nominado, pero no era lo único.
Con total desparpajo el comunicado señalaba que seguiría en su cargo para facilitar la transición al interior de la compañía, poniendo en claro entredicho el motto del gobierno de emergencia. Y no menos importante, la acción de la compañía subía como la espuma ante la expectativa del nuevo cargo del CEO de Los Andes Copper -y cayó como piano con la defenestración-, lo que genera varias preguntas, todas muy incómodas.
Pero frente a la crisis, o mini-crisis, Kast hizo suyo el cliché y la transformó en oportunidad. Dio un golpe seco y contundente sacando a Montt del listado de ministros sin tener mucho tiempo para pensar. Una acción clara de ejercicio de autoridad y que debe haber sido registrada por el resto de los futuros ministros y miembros del equipo gubernamental. El mandatario electo parece no estar para leseras.
Pero este no es el único gesto de autoridad que hemos visto. En estos días se da por obvio que Jorge Quiroz sea el futuro ministro de Hacienda. Sin embargo, resistió artillería pesada hace muy poco. Se le criticó ácidamente por el actual oficialismo por haber emitido informes económicos para defensa de casos de colusión y también la elaboración de un modelo de oferta y demanda que habría sido utilizado por la entonces existente Asociación de Productores Avícolas como insumo para organizar el cartel. Naturalmente no lo decían así, sino que con la brocha gorda que usan los políticos lo culpaban directamente de los procesos colusivos sin distinción alguna de lo que es un servicio profesional.
No fueron solamente los políticos, Quiroz se ganó una comentada columna de Daniel Matamala al respecto asignándole todo tipo de males para el buen funcionamiento de los mercados. Esta combinación prensa y política, que poco tiempo atrás hubiese volteado cualquier nominación, simplemente fue ignorada por Kast. Lo respaldó en plena campaña y siguió adelante con su plan y hasta nuevo aviso pareciera haber dejado totalmente atrás el tema.
Pese a los múltiples y variados llantos, los partidos políticos no fueron considerados como el elemento principal del gabinete de JAK: una gran mayoría de independientes, mucho más diversos que lo que muchos apostábamos, terminó por imponerse. Nadie duda que detrás de ello está la decisión del futuro Presidente de tener una estructura de colaboradores a su pinta.
Analistas y profesionales de la política le han recordado que las experiencias pasadas con este tipo de conformaciones no han sido felices. Nada de esto parece haber hecho mella alguna en las convicciones del próximo jefe de Estado. Ni siquiera se ha tomado la molestia de dar una explicación.
Como es obvio, el éxito está lejos de tenerlo asegurado. Pero hay algo de aire fresco en tener a cargo a alguien que parece tener claro lo que quiere y dispuesto a caminar hacia ese objetivo tomando decisiones, y por tanto riesgos, sin mirarle la cara a nadie.