Francisco Maturana, ex Portal Inmobiliario, cuenta del museo que abrió con su colección de 150 motos
Junto a su hermano y a un tercer socio crearon Portal Inmobiliario a fines de los ‘90. Lo vendieron en 2014 a Mercado Libre, por US$ 40 millones. Paralelo a eso, Francisco Maturana coleccionaba motos, su gran pasión. Hoy tiene 150. Y la semana pasada, en Puerto Octay, en el mismo campo donde vive junto a su mujer y sus tres hijos, abrió el Museo de las Motos (MUMO). Son 1.200 m2 divididos en tres pabellones de madera diseñados por DRAA Arquitectos. El próximo desafío, dice Maturana, es convertir esta apuesta en un negocio.
Por: Patricio De la Paz
Publicado: Sábado 24 de enero de 2026 a las 21:00 hrs.
Noticias destacadas
Esa pasión estuvo desde siempre. Dice que cuando era niño e iba con su familia de vacaciones a Santo Domingo, observaba con admiración las motos de tres ruedas que entonces se permitían correr sobre las dunas. Pidió varias veces a sus padres que le regalaran una, pero no tuvo éxito. A lo más, a los 15 años le obsequiaron para Navidad un motor mosquito para instalarlo en su bicicleta. “Ya no hubo vuelta atrás”, dice el ingeniero civil industrial Francisco Maturana, aún entusiasmado pese a que han pasado más de cuatro décadas desde entonces. Antes de salir del colegio, agrega, logró que le regalaran su primera moto, como las que había visto en la playa: “Era para todos los hermanos en realidad, pero yo era el que más la usaba, la arreglaba también”.
Maturana, en todo caso, no es alguien conocido públicamente -al menos hasta ahora- por su amor a las motos. Eso, lo de ser un nombre público, se dio más bien porque él junto a su hermano Cristián y a Orlando Paratori -ambos arquitectos- fundaron Portal Inmobiliario a fines de los ‘90. Fueron pioneros en una época donde lo tecnológico y las puntocom recién despegaban: armaron un sitio web donde se encontraban quienes ofrecían propiedades -nuevas y usadas- y quienes tenían necesidad de arrendarlas o comprarlas. Les fue bien, con convenios con conocidas inmobiliarias y constructoras, con cientos de miles de usuarios y cotizaciones en línea, con facturaciones anuales millonarias. En 2014 vendieron la empresa a Mercado Libre en US$ 40 millones.
Incluso en esos años intensos arriba de la ola, Francisco Maturana era bajo perfil; y lo sigue siendo. Pero ahora le tocó sacar la voz. Como ocurre siempre cuando el impulso es una pasión. En su caso, la que tiene desde niño: la semana pasada, él abrió finalmente el Museo de las Motos (MUMO), ubicado en Puerto Octay, en un impresionante edificio de madera con vista al lago Llanquihue y al volcán Osorno. Allí expone 100 de las cerca de 150 motos que componen su colección privada que comenzó a armar en 1998.
“La moto con que partí mi colección la compré en De Remate, que después fue adquirido por Mercado Libre, ¡mira la coincidencia! -comenta-. Es una moto alemana antigua, una DKW modelo RT125 de 1951”. Y se entusiasma: “Fue una moto importante para la historia del motociclismo. Cuando Alemania pierde la guerra, como compensación debe entregar -entre otras cosas- los planos de esta moto. Entonces todos los países ganadores dispusieron de esos planos. La moto fue muy copiada, la Harley Davidson hizo una similar, los ingleses también, incluso la primera Yamaha es una copia exacta. Cuando la compré, yo aún vivía con mis papás; y cuando la bajé de la camioneta mi mamá me dijo que era igual a la que usaba mi abuelo”.
Esa moto es la que, en la entrada, da la bienvenida al recién inaugurado MUMO.

Museo de las Motos, en Puerto Octay. Crédito foto: Carolina Hintze.
La idea
Desde que sus padres le regalaron la primera moto para usar en la playa, Francisco Maturana no se detuvo. El paso siguiente fue el enduro. “Empecé a hacer mucho enduro. Corrí algunas carreras, un par de rally. Y de repente apareció el tema de las motos de viajes y comencé a dedicarle mucho tiempo. Fueron varios años andando muchos kilómetros, viajes largos”. Recuerda que uno de los periplos más extensos lo hizo en 2010 -en una vida paralela a la que llevaba como empresario en Portal Inmobiliario- y fue entre Alaska y Ushuaia, en Tierra del Fuego. Cinco meses en ruta. “Después en otro viaje crucé todo Estados Unidos y Canadá. Estuve en Europa en distintas ocasiones. También en Argentina, Perú, Bolivia”.
Para entonces su colección ya sumaba varias motos. Mientras vivía con su padres, las acomodaba en el garage del departamento. Luego, instalado solo en una casa en Vitacura, armó un taller en el patio para guardarlas, y de a poco las motos se fueron tomando también el comedor, el living, “como un pequeño museo”. Cuando el espacio se hizo insuficiente, tuvo que arrendar bodegas. Al mismo tiempo, empezó a meter la información de cada moto en una base de datos -fotografías incluidas- que sigue actualizando hasta hoy.
Maturana dice que la idea de exponer sus motos en un museo propio estuvo desde el inicio. Reconoce que ya lo pensó en 1998, cuando se fue a recorrer Estados Unidos con unos amigos e hicieron una parada en Chicago. “Llegando al hotel vimos un letrero de una exposición que se llamaba El arte de la motocicleta, en el Field Museum of Natural History. Las motos estaban expuestas como obras de arte; eso me marcó. Algo parecido quisimos hacer aquí en el MUMO, exhibirlas de esa forma, en espacios bien iluminados, sobre una tarima”, explica. Dicha exposición tenía un libro, que poco después le regalaron sus padres. “Es hasta hoy mi libro de consulta. Y era una exposición con 100 motos, igual que aquí”. Su otra inspiración, agrega, es el Barber Museum en Birmingham, Alabama, Estados Unidos.
“Llegando al hotel (en Chicago) vimos un letrero de una exposición que se llamaba El arte de la motocicleta, en el Field Museum of Natural History. Las motos estaban expuestas como obras de arte; eso me marcó. Algo parecido quisimos hacer aquí en el MUMO, exhibirlas en espacios bien iluminados, sobre una tarima”, explica Maturana.
Pero para echar a andar su propio museo, aún debían pasar algunas cosas. Por ejemplo, vender junto a sus socios Portal Inmobiliario y darse un 2015 más relajado, que fuera un corte con la vida anterior. Así que partió a estudiar inglés a Chicago. Allá conoció a la chilena Loreto Del Río, con quien se casó dos años después y le dio un giro a su vida. “Ya en la primera salida le dije a ella: ‘Me quiero ir a vivir al sur de Chile y hacer allá un museo de motos’”.
La colección
Francisco Maturana y Loreto Del Río se fueron a Puerto Octay en 2018. A él lo entusiasmaba ese lugar donde su familia ya había adquirido unas propiedades años antes. Pero él se decantó por un antiguo campo alemán, de 10 hectáreas, que estaba abandonado. Lo compró hasta con la antigua casa de los dueños -que tiene 140 años-, la cual refaccionó en seis meses y en la cual vive hoy con su esposa y sus tres hijos. Casi al borde del Llanquihue.
También empezó a pensar seriamente en el museo que llevaba soñando dos décadas. Primero se habilitaron dos galpones donde almacenar las motos. Y luego vino el diseño del museo, que se lo encargó a la oficina de arquitectura DRAA, comandada por Nicolás Del Río. La propuesta fueron tres pabellones de madera concatenados y traslapados entre sí, que van bajando por la ladera natural del terreno. Tienen aperturas precisas por donde entra perfecto la luz natural. Y suman una superficie total de 1.200 metros cuadrados.
La construcción terminó en agosto de 2024. Desde entonces se trabajó en el montaje de la exposición, en afinar detalles interiores, en sacar los permisos municipales y se dio inicio a una marcha blanca de un par de meses. Francisco Maturana prefiere no hablar de la inversión involucrada. Cercanos a la iniciativa comentan que sólo en lo inmobiliario -el terreno, las distintas construcciones, etc.- la cifra rondaría los US$ 2 millones.

El museo en su entorno natural, con el lago Llanquifue y el volcán Osorno. Crédito foto: Marcos Zegers.
La colección de Maturana incluye modelos de 54 marcas y 12 países, y tiene la particularidad de que prácticamente las 150 motos -excepto dos- fueron adquiridas en Chile. “Sus dueños anteriores pueden haberlas importado, pero yo las encontré aquí. He tenido la suerte de que las motos que hemos comprado son muy buenas; la colección tiene una calidad muy buena”, cuenta.
- Sé que esto es como preguntarte a cuál de tus hijos quieres más… ¿pero cuáles son las tres motos más importantes para ti de la colección?
- Qué difícil… pero diría que las que tienen un valor más personal. Una BMW R50, del año 60, que es de las primeras motos que compré. Se la compré a un muy amigo mío que la había restaurado. Con ella descubrí que las motos no sólo son para restaurarlas, sino para usarlas. Recorrí harto con ella. Otra moto es la que contaba antes que era igual a la que usaba mi abuelo. La tercera podría ser una que me llegó una semana antes de inaugurar el museo: una Maicoletta, como la que usaba mi padre para ir a la universidad. Siempre se la quise regalar a él, pero no la pude comprar antes de que él muriera… No sé si esta era la de él, no he tenido tiempo para limpiarla; pero me encantaría encontrar un rastro de mi papá ahí.
Las motos, repite Maturana, son más que objetos: son depositarias de historias; tanto del mundo, como personales. “Pasa todo el tiempo aquí en el museo. Un día llegó un señor, miró una motoneta y me dijo: ‘Esta fue nuestra’. Y me mostró fotos. Eso es muy interesante. Con las motos siempre hay una carga emocional: cuando las vendes, las compras, las miras. Por eso hay que respetarlas tal cual uno las encuentra; pueden estar rayadas, golpeadas, sucias, pero si están conservadas y pueden andar bien, funcionan. Si las pinto, las dejo brillantes, como a muchos les gusta para exhibirlas, les borro su historia”.
- Modestia aparte, ¿cuál moto de tu colección es motivo de envidia para otros coleccionistas?
- Hay que separar por tipo de coleccionista. Tengo motos que envidiarían todos esos grupos. Para los que coleccionan motos de carrera, he tenido la suerte de conseguir dos motos inglesas del año 53 que hasta hoy se usan para correr y son bien míticas: una Norton Manx y una AJS7, ambas originales y que después de darse una vuelta terminaron en Chile. Para los amantes de motos americanas, tengo una Henderson de cuatro cilindros del año 26, maravillosa, difícil de encontrar. Y así varias otras.
"Una semana antes de inaugurar el museo me llegó una Maicoletta, como la que usaba mi padre para ir a la universidad. Siempre se la quise regalar a él, pero no la pude comprar antes de que él muriera… No sé si esta era la de él, no he tenido tiempo para limpiarla; pero me encantaría encontrar un rastro de mi papá ahí".
La nueva vida
Francisco Maturana dice que, hacia adelante, su idea es que este proyecto sea un museo parque, que ocupe todo el terreno, incluida la casa -que la familia planea dejar en un año y medio más- y los galpones. Y que aproveche también el entorno natural.
Mientras, sigue buscando motos de colección. “La pasión no se agota, lo que sí pueden agotarse son los recursos”, comenta. “Para un coleccionista es súper difícil parar, siempre querrá seguir. Sí ocurre que con el tiempo empiezas a buscar cosas más seleccionadas. Yo hoy actúo más bien como curador de museo”.
Respecto de cuánto puede costar una moto, dice que el rango es amplio. “Pueden haber motos desde $ 700.000, pero no sé si son para ponerlas en un museo… Yo tengo motos de ese rango para mostrar algo especial de una época, por ejemplo. Después hay motos de un rango entre los US$ 15.000 y los US$ 30.000. Son buenas motos. De ahí ya pasamos a sobre los US$ 50.000 y US$ 100.000. Acá hay de ese rango también. Luego, hay motos sumamente caras, muy difíciles de encontrar, sobre los US$ 300.000; y ya muy especiales que han llegado al millón de dólares”.

Museo de las Motos. Crédito foto: Carolina Hintze.
Vives en Puerto Octay, dedicado a un museo de motos, cerca de un lago y un volcán. ¿No hay nostalgia de la vida cuando estabas en Portal Inmobiliario?
- Cuando vendimos Portal Inmobiliario, yo no tenía intenciones de seguir en el mundo tecnológico. Tenía ganas, siempre las tuve, de hacer algo más parecido a lo que estoy ahora. El negocio tecnológico es súper demandante, y nosotros para poder ser los líderes y estar en la cresta de la ola debíamos estar invirtiendo y pensando todo el día en eso. Lo hice mucho tiempo, con esa presión. Pero luego yo quería hacer cosas a mi ritmo. Me ofrecieron algunas cosas, me pedían consultorías, pequeños directorios.
- ¿Etapa superada, entonces?
- No, no es una etapa superada. Sólo es algo que no estoy haciendo hoy. Tal como lo hice en su momento en el Portal Inmobiliario, ahora estoy todos los días metiéndole cabeza al museo.
Es un convencido de que eso -estar totalmente dedicado a MUMO, sin otro proyecto que lo distraiga- es lo correcto: “Para hacer un producto de calidad, exitoso, hay que estar 100% del tiempo dedicado a eso, no hay otra manera de lograrlo”. Su meta es que su museo de motos se convierta en un negocio rentable. “A mí me encanta la estrategia. En Portal Inmobiliario estaba en el equipo de desarrollo y me dedicaba más a la estrategia, como enfrentar a la competencia, hacer exitoso tu producto. Ahora es lo mismo, ahí está el desafío. Es un museo, claro, pero no por eso debe subsistir porque alguien le ponga plata y lo financie. Esto también es un negocio”.
Con nuevo negocio y nueva vida a cuestas, Francisco Maturana dice que se siente cómodo instalado en un campo en el sur. Su mujer -ingeniera comercial, pero que le gusta la escritura y publicó un libro ilustrado sobre Puerto Octay- le colabora con el museo. Con sus niños disfrutan la naturaleza. Conocidos suyos dicen, medio en broma, medio en serio, que él y su familia son como los Ingalls de la exitosa serie de los ‘70 y ‘80 La pequeña casa en la pradera, donde ese clan organizaba sus días desde su hogar en la Kansas rural de fines del siglo XIX.
Al escuchar la comparación, Maturana se ríe.

Francisco Maturana y su mujer Loreto Del Río, quien lo apoya en el MUMO. Crédito: Carolina Hintze.
Te recomendamos
ARTICULOS RELACIONADOS
LO MÁS LEÍDO
Newsletters
Gremios del Biobío y GORE activan comité para la reconstrucción: "Ante la emergencia que vivimos, la respuesta del Estado no es suficiente"
El gobernador regional, Sergio Giacamán, valoró la articulación de esta mesa público-privada que opera desde el lunes, reconociendo las limitaciones de la capacidad fiscal ante la magnitud del desastre. "Es necesario convocar a todos", señaló la autoridad.
Gestora Stadio Capital aterriza en Chile con estrategia de deuda privada para industria deportiva
Ofrecerá financiamientos de entre US$ 500 mil a más US$ 20 millones para clubes, ligas y federaciones, respaldados en contratos de derechos televisivos, patrocinios y transferencia de jugadores.
BRANDED CONTENT
Dra Susan Bueno y el impulso que la mueve a avanzar, investigar y aportar a la sociedad.
Su curiosidad temprana la llevó a estudiar las enfermedades infecciosas y a contribuir en el desarrollo de la primera vacuna aplicada masivamente en Chile contra el Covid-19. Hoy, la Dra. Susan Bueno, reconocida en 2024 como inventora del año, continúa aportando desde la investigación al fortalecimiento de la salud. Mira aquí su entrevista
Dra Susan Bueno y el impulso que la mueve a avanzar, investigar y aportar a la sociedad.
Su curiosidad temprana la llevó a estudiar las enfermedades infecciosas y a contribuir en el desarrollo de la primera vacuna aplicada masivamente en Chile contra el Covid-19. Hoy, la Dra. Susan Bueno, reconocida en 2024 como inventora del año, continúa aportando desde la investigación al fortalecimiento de la salud. Mira aquí su entrevista
Jorge Carinao: la fuerza de creer cuando todo parece imposible
Te invitamos a conocer la historia de Jorge Carinao, deportista paralímpico chileno que ha transformado la adversidad en fuerza y el esfuerzo en orgullo nacional, demostrando que no existen límites cuando hay convicción y sueños claros. No te pierdas esta inspiradora entrevista
Camila Elizalde; una chef que ha hecho del perfeccionismo una fuerza transformadora
Conoce aquí la entrevista a una de las chef más destacadas a nivel nacional y americano en el arte de la pastelería. En este capítulo, Camila reflexiona sobre los desafíos de liderar en un entorno competitivo y la importancia de construir espacios donde la excelencia y la empatía convivan. Mira la entrevista haciendo aquí.
En Perfeccionistas entrevistamos a un deportista chileno que quiere llegar tan alto como sus saltos
Mauricio Molina nos cuenta de su pasión por el BMX y cómo se convirtió en el primer chileno en competir en esta disciplina en unos Juegos Olímpicos y ser parte del selecto grupo de los 25 mejores del mundo.
Instagram
Facebook
LinkedIn
YouTube
TikTok