Biofiltro levanta US$ 35 millones: firma respaldada por Sandro Solari y el presidente de la UAI proyecta expansión en EEUU y Europa
Nació como un emprendimiento de tratamiento de aguas con lombrices y hoy opera en el corazón lechero de California. La chilena Biofiltro acaba de sellar su hito más relevante: el ingreso del fondo estadounidense Jordanelle Capital con US$ 35 millones.
Por: Mateo Navas
Publicado: Sábado 29 de noviembre de 2025 a las 21:00 hrs.
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Una lombriz es un invertebrado que pasa, usualmente, inadvertido. Pero para Biofiltro, junto con las bacterias, microorganismos y un entramado de tecnología y patentes, son los protagonistas de su negocio. Al final del día, dice el cofundador Matías Sjögren, son las lombrices las que hacen gran parte del trabajo de purificación y las que hace más de un año llamaron la atención de un fondo de private equity norteamericano.
Y la semana pasada, tras largas negociaciones, este vehículo selló su ingreso a la propiedad de Biofiltro. Entraron con una inyección de US$ 35 millones y el objetivo lo adelanta el mismo Sjögren: apretar el acelerador en Estados Unidos, en un negocio que, dice, tiene un potencial enorme de crecimiento.
El origen
Todo partió en 2010 con Matías Sjögren y Rafael Concha. Ambos ingenieros civiles de la UC, amigos y socios en un negocio previo: una sastrería a domicilio que confeccionaba trajes a la medida. Pero el proyecto que cambiaría sus carreras surgió cuando el padre de Sjögren contactó al ingeniero Alex Villagra para instalar una piscina con lombrices que limpiara las aguas negras en su casa de Rapel.
Sjögren, que en ese minuto trabajaba en un family office, vio una oportunidad de negocio. Así, los tres se asociaron y crearon Biofiltro.
La tecnología no era improvisada. Se cimentaba en décadas de investigación de la Universidad de Chile, lideradas por el médico y científico José Tohá, pionero en el desarrollo de filtros biológicos y formador de una escuela de expertos en la materia. Uno de sus discípulos fue, precisamente, Villagra. “La idea era traer este conocimiento que tenía Alex a una cuestión que pudiéramos industrializar, escalar y llevar fuera de Chile”, resume Sjögren.
El éxito llegó rápido. Primero ganaron concursos locales y, en 2012, dieron el golpe en el Clean Tech Open de Silicon Valley, superando a 1.500 modelos de negocios de todo el mundo. La promesa era -y sigue siendo- reciclar aguas residuales usando la fuerza de trabajo de las lombrices.
Sin embargo, la compañía ha madurado. A diferencia de antes, aclara Andrés Iacobelli, socio y director de la empresa, “no somos una innovación, queremos dar certezas”.
Biofiltro opera mediante piscinas con material filtrante donde lombrices y bacterias consumen la materia orgánica de industrias intensivas, como la vitivinícola y la lechera. El agua decanta y queda lista para riego, con un costo operativo sustancialmente menor que otras soluciones. Y además, generan “humus”, un biofertilizante capaz de recuperar suelos degradados.
La fórmula se probó con éxito en Chile, pero hace unos años decidieron dar el salto, sin escalas, al mercado más competitivo del mundo: Estados Unidos.
La apuesta funcionó: hoy, es el país que genera el grueso de los ingresos de la compañía.
Los bonos
El punto de inflexión para el salto a Estados Unidos fue la entrada de capital fresco alrededor de 2014. El líder de ese bloque fue Andrés Iacobelli, ingeniero civil, ex subsecretario de Vivienda del primer gobierno de Sebastián Piñera, presidente de la Universidad Adolfo Ibáñez y director de empresas.
El grupo que armó Iacobelli era un mix de familia, amigos y alto patrimonio. “Somos familia de agricultores, entonces me gustó el negocio. Hablé con mis hermanos y les dije: ‘Metámonos en esto’. Me entusiasmó lo emprendedor y la conexión con California, porque mi abuelo vivió allá”, explica el exsubsecretario. Tras convencer a su familia, sumó a nombres: Sandro Solari Donaggio, Guillermo Carey y Cornelio Saavedra, entre otros.
Con ese respaldo aterrizaron en el país del norte. Instalaron cinco pilotos en viñas, sanitarias, lecherías y procesadoras de alimentos. El foco era California, un espejo natural de Chile por su clima mediterráneo y sus industrias agrícolas. La meta inicial era técnica: mostrar el servicio, validar los análisis de agua y conseguir los permisos. “Ganábamos poco, pero soñábamos en grande”, resume Sjögren.
Durante años, su modelo fue la venta directa de la infraestructura y el cobro por mantención. Pero en 2018 dieron un golpe de timón y empezaron a explorar una veta mucho más lucrativa: instalar las plantas a costo cero para las lecherías y financiar el Capex y la operación mediante la venta de bonos de carbono.
La lógica apunta a los gigantes globales. Empresas como Nestlé, Danone o Mars tienen metas agresivas de descarbonización para 2030 y necesitan compensar sus emisiones mediante la compra de bonos de carbono. Ahí entran ellos.
“Tenemos un modelo muy agresivo. Llegamos a una lechería y le decimos: ‘Te resuelvo el problema de tus purines, te doy agua limpia gratis, pero tú me entregas tus desechos por 20 años’. Nosotros limpiamos y comercializamos los bonos de carbono”, explica Sjögren, quien agrega que las multinacionales de alimentos tienen metas muy ambiciosas y que, por eso, están urgidas por capturar estos créditos para descarbonizar su cadena de suministro y no fallar en sus compromisos ambientales.
Ese cambio de estrategia los obligó a tener una espalda financiera para costear ellos mismos las obras. Necesitaban un socio que les inyectara capital intensivo. Y no podía ser cualquiera. Según cuentan, años atrás intentaron levantar una ronda en Chile sin éxito, en parte por la naturaleza de su negocio.
“Tenemos que construir plantas, conseguir permisos y operar; para eso tienes que financiarte. Requerimos otro tipo de inversionistas. Esto no es venture capital”, advierte Sjögren. “Necesitábamos un operador que buscara contratos a 10 años, que no le hiciera el quite a los heavy assets. Tienen que gustarle las barreras de entrada, los ladrillos, la construcción”.
Y bajo esa tesis Biofiltro calzó perfecto con el trabajo de Jordanelle Capital.
El Navy Seal
La semana pasada se oficializó: el fondo de private equity estadounidense Jordanelle Capital ingresó a Biofiltro mediante una inyección de US$ 35 millones. La operación busca acelerar el crecimiento de la chilena en la industria láctea y, al mismo tiempo, ampliar su alcance a otros sectores.
Jordanelle Capital, con base en Salt Lake City -corazón financiero de Utah-, es una firma de nicho que nació como un spin-off de Peterson Partners, una gestora que opera en el mercado en private equity, venture capital y search funds. Hoy operan como un vehículo independiente.
Su tesis de inversión apunta a las industrias pesadas: compañías industriales enfocadas en agricultura, agua y economía circular. Fue fundada por tres ejecutivos de alto perfil: el australiano Matthew Day, ex socio de Peterson Partners; Daniel Zier, ex JPMorgan; y J.R. De Agostini. Este último aporta el perfil atípico: antes de ser banquero de inversión en JPMorgan, fue un Navy SEAL que lideró equipos en tres tours de combate en Irak y Afganistán.
El contacto no fue a través de banqueros de inversión, sino por redes de confianza. Steven Rowe, presidente de Biofiltro y abogado experto industria lechera, vive en Utah. Fue en una reunión informal donde coincidió con los socios de Jordanelle y se encendió la chispa.
“No hicimos un road show”, aclara Sjögren. El fondo de Utah tenía la película clara: buscaban firmas con ebitda positivo, controladas aún por sus fundadores e inversionistas iniciales, y que fueran intensivas en activos. Biofiltro cumplía con todo.
Negociaron durante más de un año, compitiendo con otros dos fondos interesados. “Hubo tres dando vueltas, pero este fue, por distintas razones, el que mejor nos calzó”, reconocen Sjögren y Iacobelli.
Si bien no contrataron un banco de inversión para la operación, sí fueron clave en el cierre del trato dos asesores estratégicos y legales: Venturance y el estudio Carey.
Chevron y Shell
La hoja de ruta de Biofiltro es ambiciosa: instalar sistemas en 80 lecherías en Estados Unidos -con foco en California- sólo en los próximos cinco años. En esa carrera, la principal competencia no son otras empresas de tratamiento, sino la industria de los biodigestores. Estos sistemas procesan desechos orgánicos para producir gas metano y, al igual que ellos, generan bonos de carbono que luego venden a petroleras como Chevron o Shell.
“La gran diferencia es que el biodigestor no te limpia el agua”, advierte Sjögren. “Nos ha tocado decirle al lechero: ‘No somos un digestor, no te vamos a poder pagar lo que te pagan ellos, pero a cambio tendrás agua limpia para tu campo’”.
Para ganar esa batalla se necesitan recursos. Los US$ 35 millones de Jordanelle funcionarán como el capital inicial para financiar y construir los primeros proyectos durante los próximos dos años. “Este monto nos da la espalda para construir sin diluirnos tanto”, explica Sjögren.
Una vez que esos recursos se ejecuten y las plantas estén operando, se activará la segunda fase, el financiamiento bancario. La lógica es la siguiente: para apalancar el crecimiento con deuda, primero deben construir una base de activos tangible en el balance.
Con esa base, Sjögren proyecta tocar puertas de gigantes financieros, con foco en firmas agrícolas: “Vamos a ir a instituciones como Rabobank. Esto se va a transformar en lo típico de una compañía de infraestructura: apalancar equity con deuda para seguir creciendo”.
Con este giro, la definición del negocio cambia radicalmente. “Hoy Biofiltro se está formando una empresa de asset management”, resume Sjögren. Así, la empresa chilena se queda con la propiedad de las plantas y monetiza lo que en Estados Unidos llaman environmental attributes: la reducción de gases de efecto invernadero (mediante bonos de carbono) y la producción de fertilizante orgánico.
A Europa los pasajes
A pesar de la entrada del fondo estadounidense, el control sigue firme en manos locales. El grupo chileno -fundadores y primeros inversionistas- mantuvo la mayoría del directorio: aparte del presidente (Steve Rowe), está Matías Sjögren, Andrés Iacobelli y Sandro Solari Donaggio. Las otras dos sillas las ocupan los socios de Jordanelle Capital, Matthew Day y Daniel Zier.
Sin embargo, la nueva escala exige nuevos estándares. Hasta ahora, la operación en EEUU funcionaba sin un gerente de finanzas exclusivo. Pero el plan de inversión y el manejo de deuda obligan a profesionalizar la estructura. “Fue la primera exigencia de Jordanelle Capital”, confiesa Sjögren.
Mientras buscan a ese ejecutivo, Sjögren seguirá basado en Chile, viajando al menos una vez al mes a Estados Unidos, tal como lo ha hecho estos años, enfocado totalmente en el crecimiento norteamericano. Iacobelli, por su parte, supervisa Chile y la expansión en Europa.
En el mercado local, Biofiltro sigue sumando nombres de peso como Copec, Agrícola Los Tilos y viñas de la talla de Luis Felipe Edwards, TerraNoble y Barón Philippe de Rothschild. En Estados Unidos, el portafolio combina las lecherías con las que ya tienen acuerdos y la venta de bonos de carbono a multinacionales como Nestlé y Danone.
Pero la ambición ya cruzó el Atlántico. “Empezamos dos operaciones en Europa: una lechería en Holanda y ya estamos haciendo nuestra segunda viña en Francia”, adelanta Sjögren.
El desafío final es comercial. En Estados Unidos necesitan fortalecer el músculo de ventas y diversificar la cartera. “Queremos ir más allá de los Nestlé o Danone. Llegar a los Mars, a los Kraft”, dice el fundador.
Y hay una segunda meta: el humus. “Tenemos que desarrollar el canal comercial para todo este fertilizante orgánico. Hoy día se vende bien, pero el volumen que vamos a generar será gigante. Eso se va a transformar en una línea de negocio por sí misma”.
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