En 2006, en un departamento de la Quinta Avenida en Nueva York, una pintura del siglo XV desapareció. Se llamaba Saint Sixtus, había sido creada por el fraile dominico Fra Angelico entre 1453 y 1455, y llevaba más de una década colgada en las paredes de Bruno Bich, hijo del barón Marcel Bich, fundador de Bic, el conocido conglomerado detrás de los lápices, encendedores y máquinas de afeitar. Marcel -como relatan algunos medios extranjeros- la había comprado en un remate Sotheby’s el 6 de diciembre de 1972 por 130.000 libras esterlinas. Cuando murió, en 1994, Bruno la heredó y la incluyó en un trust destinado a sus tres hijos.
Dos décadas después, la obra vuelve a escena. Y uno de los nombres en el centro de la disputa es el empresario Álvaro Saieh.
Según Reuters, el 19 de marzo de 2026, Gonzalve, Charles y Guillaume Bich -los tres hijos de Bruno- presentaron una demanda de 19 páginas ante la Corte Suprema del condado de Nueva York. La acción va dirigida contra Saieh, su señora Ana Guzmán y varias entidades vinculadas a la familia del empresario, además del estate del vendedor neoyorquino Richard Feigen. Los demandantes están representados por el prestigioso estudio Quinn Emanuel Urquhart & Sullivan, liderados por el abogado Luke Nikas, conocido por litigar disputas de arte de alto perfil que han involucrado obras de Pablo Picasso y Andy Warhol. De hecho, es profesor de un curso en Harvard sobre litigación de arte.
Los Bich piden la devolución de la obra, la restitución de las ganancias obtenidas por su venta, daños compensatorios y punitivos.
La demanda, relata The Independent, sostiene que el responsable del robo fue Roy Morrow, chofer de la familia Bich, quien habría sustraído la pintura del departamento de Bruno. Según el escrito judicial, Morrow -quien murió en 2020- llevó la obra a la galería de Richard Feigen el 13 de diciembre de 2006 y se la vendió por US$ 3 millones. Llegó “sin prueba de propiedad, sin factura, sin proveniencia, sin cadena de título”, sostiene la demanda. Era, dicen los demandantes, “un chofer sin historial de coleccionismo, sin patrimonio y sin explicación plausible para poseer una obra de millones de dólares”.
Feigen, indica la demanda, pagó los US$ 3 millones y de inmediato aseguró la pintura por US$ 8,5 millones. Luego, en 2018, lo consignó en Christie’s. Ese mismo año el cuadro fue vendido a Saieh por US$ 5,4 millones.
Bruno Bich, por su parte, nunca supo qué había pasado con el cuadro. Según la acción judicial, durante años le preguntó a su señora Veronique por la obra, y ella “evadió sus preguntas o entregó explicaciones inconsistentes”. En una declaración jurada presentada poco antes de su muerte, Bruno declaró que Veronique había “entregado” la pintura al chofer sin su permiso y se había negado a devolverla, detalló Reuters. Veronique, que no es parte de la demanda actual, testificó en un documento judicial de 2024 que Morrow se llevó la pintura para “resguardarla” cuando la familia cambió de departamento en 2007.
Recién en 2023, al tramitar la herencia, los herederos descubrieron que la obra estaba en poder de Saieh y Guzmán. El 19 de diciembre de 2024 les enviaron una carta formal exigiendo su devolución, pero la pareja chilena -después de negociaciones “que duraron hasta hace poco”- se negó.
Los abogados de la galería de Richard Feigen señalaron que Morrow firmó un documento en el que certificaba ser dueño de la pintura, y que las pretensiones de los Bich estarían prescritas.
La prescripción será, de hecho, un eje del litigio. Los abogados de los Bich se apoyan en un precedente de 1991 de la Corte de Apelaciones de Nueva York, que establece que, en casos de obras robadas, el plazo para demandar no comienza con el robo, sino desde el momento en que el dueño legítimo pide la devolución y ésta es rechazada. Los Bich hicieron esa exigencia en diciembre de 2024, lo que les daría al menos tres años para litigar.
“No tenemos relación alguna con este conflicto”
Para Saieh, la demanda se suma a un período financiero difícil. La crisis de CorpGroup, su holding, lo obligó en los últimos años a desprenderse de activos, incluidas piezas de su colección.
Desde la familia Saieh, indicaron que “por supuesto, no tenemos relación alguna con el conflicto entre los herederos del señor Bruno Bich. La obra de arte por la que se consulta, fue adquirida, junto a otras, en Christie’s en 2018, sobre la base de los estudios realizados por una de las casas de subastas más importantes y prestigiosas del mundo en este ámbito, que siempre ha representado una garantía para los adquirientes, desde su fundación en el siglo XVIII”.
Agregaron que “aunque desconocemos el contenido íntegro del conflicto generado al interior de la familia Bich, con la información que disponemos, podemos afirmar, de la manera más categórica, que ninguna de las obras que fueron adquiridas en su oportunidad para nuestra colección, ha sido jamás comprada a personas naturales. Por lo tanto, ninguno de los nombres mencionadas en la supuesta demanda tiene relación alguna con esta situación. Entendemos que esta reclamación tiene relación con un conflicto más amplio entre los miembros de la familia Bich, que se traduce concretamente en un litigio civil entre la viuda y los herederos del señor Bich, que incluye, entre otras cosas, reclamaciones sobre otras 28 obras de arte. No tenemos relación alguna con este conflicto”.
Finalmente, indicaron que “en cualquier caso, adoptaremos todas las medidas necesarias para proteger enérgicamente nuestros derechos y acreditaremos a través de las instancias legales correspondientes que la obra de arte a que se ha hecho referencia, fue adquirida directamente y sin intermediarios a la prestigiosa casa de subastas inglesa Christie´s, que lidera el mercado del arte desde 1776, siguiendo todos los procedimientos habituales en este ámbito”.
La pintura, una témpera sobre tabla que habría sido una de las últimas obras de Fra Angelico antes de morir en 1455, sigue en disputa. Los herederos de Bic quieren recuperarla. Saieh dice que la compró legítimamente.