La desaceleración de la inflación de Estados Unidos está facilitando la tarea de la Reserva Federal.
El mes pasado el índice de precios al consumidor (IPC) marcó un alza interanual de 3,5%, de acuerdo con lo informado este martes por la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS, su sigla en inglés). En tanto, en términos mensuales registró una caída de 0,4% respecto de mayo, la mayor baja desde abril de 2020 en plena crisis por la pandemia del Covid-19.
La fotografía refleja en gran parte la fuerte caída que se registraba en los precios internacionales del petróleo, a raíz del memorando de entendimiento entre Irán y EEUU firmado el 17 de junio.
De hecho, según el reporte, en EEUU los costos de la energía cayeron un 5,7%, tras haber subido un 3,9% en mayo, con la bencina y el combustible registrando bajas de más de 9%.
Sin embargo, más sectores contribuyeron a la baja. Para el socio y jefe de estrategia de XP Investment, Alberto Bernal, la caída en los costos de servicio fue lo más relevante, ya que “eso no se veía hace mucho tiempo y, por lo tanto, no fue solamente un tema de energía, sino de desinflación general”. Excluyendo la energía, los costos de este sector se moderaron, con la vivienda aumentando apenas un 0,1% y el transporte registrando una baja de 0,3%.
Cabe destacar que, de acuerdo con el Banco de la Reserva Federal de San Luis, en torno a tres cuartas partes de la economía de EEUU corresponden a empresas de servicios, por lo que la Fed monitorea de cerca este índice para evaluar las tendencias de inflación a largo plazo.
La inflación “ha sido un impuesto para las personas y empresas estadounidenses. Planeamos eliminar ese impuesto”, afirmó Warsh.
Retraso en previsión de alza de tasas
El informe de la BLS se dio a conocer la misma jornada en que el presidente de la Fed, Kevin Warsh, compareció ante el comité de banca de la Cámara de Representantes, donde ahondó en la misión del central. Los miembros del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) –encargado de definir la política monetaria– “no tolerarán una inflación persistentemente elevada”, señaló en dicha instancia.
Y es que, en la reunión pasada -durante la cual el comité optó por mantener la tasa de referencia en un rango de entre 3,5% y 3,75%- la minuta dio cuenta de la creciente preocupación de las autoridades monetarias por la inflación. “Hoy el mercado laboral parece estar bastante equilibrado. Todavía tenemos trabajo por hacer en el frente de la inflación”, señaló Warsh en su testimonio.
Frente a este panorama, las positivas cifras de inflación le otorgaron al banco central estadounidense un margen de maniobra más amplio que antes, con el mercado retrasando las expectativas de un ajuste de la política monetaria.
Los futuros sobre fondos federales mostraron que la probabilidad de un alza de tasas en la reunión de julio cayendo desde cerca de 35%-42% antes del dato a apenas 10%-16% tras la publicación del IPC, mientras que también disminuyeron las apuestas por un incremento en septiembre.
Un informe de Evercore ISI, citado por Bloomberg, sostiene que “el muy benigno informe del IPC de junio libera a Warsh de la presión de subir las tasas en el corto plazo y le permite presentar a la Reserva Federal como plenamente comprometida con el regreso de la inflación al objetivo, sin alimentar expectativas de un aumento en julio”.
De hecho, en el Capitolio Warsh fue enfático al respecto. La inflación “ha sido un impuesto para las personas y empresas estadounidenses. Planeamos eliminar ese impuesto”, indicó.
En contraste, el director de estrategia de mercado de Ebury, Matthew Ryan, recomienda no sobreinterpretar estos datos. Aunque se trate de una “señal alentadora, la evolución futura dependerá casi por completo del estado de las negociaciones entre EEUU e Irán”.
En estos momentos, el memorándum de entendimiento entre las naciones beligerantes se encuentra en crisis, con persistentes intercambios de agresiones y nuevos anuncios de bloqueos al estrecho de Ormuz.
“Los funcionarios del FOMC se encuentran ahora en una situación delicada: deben decidir entre reaccionar a los datos disponibles o anticiparse a una crisis energética que aún no se refleja en las cifras”, indicó Ryan.
Desde su punto de vista, si la última arremetida del Presidente Donald Trump resulta ser “más ruido que otra cosa”, la Fed debería tener margen para mantener la paciencia. Si, por otra parte, las negociaciones se deterioran, la posibilidad de un incremento de tasas en septiembre “vuelve a estar plenamente sobre la mesa”.
La analista de mercados de XTB, Emanoelle Santos, coincide con Ryan en que la Fed ganó algo de margen, pero “difícilmente declarará una victoria sobre la inflación mientras persistan los riesgos geopolíticos y su potencial impacto sobre los precios de la energía”, concluyó.
La economista jefa de Navy Federal Credit Union, Heather Long, dijo a CNBC que a pesar de que estas cifras de inflación reducen la presión sobre la Reserva Federal y le permite esperar y ver qué sucede, “la preocupación es que este alivio sea efímero, ya que la guerra en Irán se reanuda. Es demasiado incierto saber cómo terminará la historia de la inflación”.
Otros énfasis de Warsh
En su comparecencia ante los legisladores, Warsh también se refirió al impacto de la inteligencia artificial (IA) en la actividad estadounidense, señalando que “no sabemos hasta qué punto la economía se beneficiará del despliegue”.
“Las nuevas oportunidades para la economía también generan nuevos desafíos para quienes diseñan la política monetaria. En la Reserva Federal seguimos atentamente sus implicaciones sobre la inflación y el mercado laboral”.
Con todo, el presidente del banco central reiteró su promesa de transformar la Fed mediante cinco grupos de trabajo, creados especialmente para revisar y reformar aspectos clave de la política monetaria.
“Necesitamos un cambio de régimen y una nueva evaluación de las prácticas actuales. Algunas han funcionado y otras no”, indicó. “Eso es lo que pretendemos hacer y apenas estamos comenzando”.