Es fácil que la atención se vaya a los datos más desvergonzados: deudores del CAE con salarios sobre los cinco millones de pesos deben en conjunto veinte millones de dólares.
“Evadir, no pagar, otra forma de luchar” gritaban enfervorizados los colegiales mientras saltaban los torniquetes del Metro en octubre del 2019. Esa secuencia es la precuela del estallido cuyos traumas y consecuencias nos acompañan hasta hoy en múltiples formas y versiones. Saltarse las reglas se ha vuelto parte del paisaje de nuestros estudiantes y por tanto del ethos del país y sus futuras generaciones.
Por esto, nadie hoy se extraña que no haya mayor escándalo cuando las nuevas autoridades dan a conocer en medio de la estrechez fiscal que la deuda impaga del CAE se ha multiplicado por OCHO en los últimos años y que el Estado no ha ejercido ninguna acción de cobro. No es raro que esto haya ocurrido ya que si las autoridades promovieron políticamente durante años la condonación de las deudas, sólo los chilenos virtuosos se mantuvieron pagando, y ha quedado claro que estos son una minoría.
Es fácil que la atención se vaya a los datos más desvergonzados: deudores del CAE con salarios sobre los cinco millones de pesos deben en conjunto veinte millones de dólares. Si bien no hay duda de que el Estado tiene que ir con premura y una guadaña en la mano a cobrar esas platas, eso no puede eclipsar a la gran masa que está bajo ese umbral y se mantiene moroso. El CAE es un crédito con tasa subsidiada, plazos largos y contingente al ingreso. Si una persona está desempleada no tiene obligación de pagar. No debiese haber razones para una morosidad alta.
En un momento como el actual donde en las arcas fiscales resuena el eco del vacío, es muy importante aceitar la maquinaria del Estado para cobrar sus acreencias. Pero estamos hablando de mucho más que solo plata. Una juventud que accedió a estudios universitarios no puede desentenderse de sus obligaciones.
Por esto es francamente insoportable escuchar a parlamentarios frenteamplistas señalar que al cobrar las deudas CAE se está afectando derechos sociales. El único derecho social que se está afectando es el de los más vulnerables que dependen del Estado. Es de una incoherencia sin nombre el propugnar por una socialdemocracia y al mismo tiempo alentar el no pago.
No es sólo la hora de cobrar las deudas, sino también de exponer públicamente a quienes con su desidia nos han llevado a esta situación. Cobrar y cobrar.