Las dificultades por las que atraviesa el negocio de la deuda privada en Estados Unidos se transformaron en uno de los ruidos más preocupantes de 2026, con inversionistas intentando rescatar anticipadamente sus inversiones de grandes fondos.
A nivel local, esta categoría es una de las preferidas de la industria de fondos de inversión, concentrando un 16%.
En conversación con DF, los socios de Ried Fabres, Cristián Fabres (CF) y Ricardo Abogabir (RA), ponen paños fríos a los temores, diferenciando el negocio nacional del estadounidense.
“Meter en el mismo saco a la deuda privada chilena con los problemas que están en EEUU no es correcto, es bien distinto”, sostuvo Fabres, fundador del estudio que estructura hasta 120 negocios de deuda privada al año.
“Se debe tener sistemas para saber cuál es el estado de morosidad real de la cartera y, en base a eso, poder aplicar una política de provisiones”.
- ¿Por qué es diferente?
- CF: No es que hagamos necesariamente las cosas mejor, pero la tesis de la deuda privada chilena es muy parecida a la securitización, que son estructuras que por definición son robustas, con colaterales, subordinaciones de cuotas o valores, o activos subyacentes en propiedad o garantía. Por lo tanto, en general, son estructuras muy robustas.
- En Chile se opera con muchas capas, desde el deudor, sociedades, fondos privados (FIP) y fondos públicos. ¿Se pueden generar distorsiones?
- CF: Evitamos que para llegar al activo final, que está en garantía o en propiedad, se tenga que recurrir a muchas capas. Eso atenta contra la robustez de la estructura.
- ¿Qué recomiendan?
- CF: Que nuestros clientes tengan las garantías o la propiedad de los bienes de la forma más directa.
- ¿Cuándo se complejiza?
- CF: Cuando (un fondo) invierte en cuotas de un FIP, que a su vez invirtió en facturas de un originador uno se debe preocupar que hayan sido endosadas y estén en propiedad, porque muchas veces ocurre que se pierde la rigurosidad y que el FIP no hace el endoso correcto o no constituyó la garantía.
Valorización
- ¿Pueden estas estructuras influir en el traspaso de información y valorización?
- RA: Esa es la dificultad hoy de la deuda privada. Se debe tener sistemas para saber cuál es el estado de morosidad real de la cartera y, en base a eso, poder aplicar una política de provisiones que sea acorde al comportamiento real de la cartera. Y eso tiene que reflejarse de la manera más rápida posible.
- ¿De qué manera?
- RA: Tiene que haber un correlato entre el comportamiento de la cartera y el valor cuota. Si no se ajusta, cuando los aportantes tratan de recuperar el capital, la real situación financiera de la cartera no se condice con el valor patrimonial.
- En general, el valor cuota se ajusta cada trimestre. ¿Debería ser más seguido?
- RA: Tiene que ir acorde a la evaluación y valorización de la cartera. Estos son fondos riesgosos y para inversionistas calificados que buscan mayor rentabilidad. La valorización diaria agrega costos, exigencias operativas y económicas a la estructura que van contra la tesis de querer un mayor retorno.