Sebastián Edwards: “Jorge Quiroz es claramente un ministro político con muchísimo poder. No habíamos visto algo así desde Alejandro Foxley”
El académico de la UCLA analiza el Plan de Reconstrucción Nacional que ingresó el miércoles José Antonio Kast. Dice que “es un proyecto que va en la dirección correcta, pero que ha sido muy pobremente presentado”; cuestiona que “hay muchas medidas, demasiados objetivos, y pocas prioridades claramente definidas”. Y hace una recomendación: “Sugiero que cada mañana se haga una reunión corta entre los tres ministros políticos. Alvarado, García y Quiroz. Deben discutir la agenda del día y sintonizar los mensajes”.
Publicado: Sábado 25 de abril de 2026 a las 21:00 hrs.
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La semana pasada, el economista Sebastián Edwards, que vive en California desde hace más de 40 años, escribió en una columna que “hay algo incómodo en reconocer que un gobierno por el que uno no votó puede estar avanzando en la dirección correcta. Pero así son las cosas”.
De pasado ligado a la centroizquierda, por estos días Edwards ha dado varias declaraciones en las que respalda al actual Gobierno, y a su ministro de Hacienda Jorge Quiroz.
Ahora, recién conocido el Plan de Reconstrucción Nacional que ingresó el miércoles el Presidente José Antonio Kast, otra vez da su apoyo. “Es un proyecto que va en la dirección correcta, pero que ha sido muy pobremente presentado”, dice. Y agrega: “Es una lástima, porque como consecuencia de los errores comunicacionales ha ido perdiendo apoyo. La oposición ha instalado una narrativa simple y con algunos asideros, lo que ha afectado la visión de la gente. El enredo que se produjo después del supuesto acuerdo con el PDG no ayudó en nada. Un segundo problema es su ambición mal jerarquizada. Hay muchas medidas, demasiados objetivos, y pocas prioridades claramente definidas. Destaco el intento de volver a poner el crecimiento en el centro del debate. Me preocupa la ejecución: el proyecto descansa en supuestos exigentes y en una coordinación política que el Gobierno no ha demostrado dominar”.
- ¿Cómo ve el rol que está jugando Jorge Quiroz en este proceso? Se le ve muy empoderado y algunos dudan de si tiene un real contrapeso en La Moneda...
- Quiroz está operando como el arquitecto técnico del proyecto. Eso debiera ordenar y da consistencia. Tiene mucho talento y mucho potencial, pero hay veces en que es excesivamente hermético. Cuando el diseño descansa en sólo una figura, los contrapesos se debilitan. La pregunta no es si es competente -lo es, de sobra-, sino si el proceso tiene suficiente diversidad de miradas. Yo sugiero que cada mañana se haga una reunión corta entre los tres ministros políticos. Alvarado, García y Quiroz. Deben discutir la agenda del día y sintonizar los mensajes. Y sí, estoy diciendo que Jorge Quiroz es claramente un ministro político con muchísimo poder. No habíamos visto algo así desde Alejandro Foxley.
- Otro protagonista en esta etapa ha sido Franco Parisi y el PDG. ¿Qué le pareció la jugada del Gobierno para contar con el apoyo de ese partido al menos para aprobar la idea de legislar?
- El 25 de noviembre del año pasado -antes de la segunda vuelta- escribí una columna en la que dije que había que tomar a Parisi y al PDG en serio. Agregué que era posible que la presidencial del 2029 fuera entre Franco Parisi y Gabriel Boric. Fui muy criticado por mis amigos de derecha. Pero los últimos días han demostrado la habilidad de Parisi y sugieren que sabrá usar el poder que le dan los 13 diputados de su partido. Hay que negociar con él, pero hacerlo en forma hábil. Repito el punto que hice hace ya cinco meses: hay indicios de que la segunda vuelta presidencial del 2029 será entre Franco Parisi y Gabriel Boric.
- En su columna del domingo pasado escribió que el eje del proyecto debía ser el empleo. Después de conocer el mensaje del Presidente al presentar el proyecto, ¿sintió que le estaban dando la razón?
- Así es. El discurso empieza a centrarse en el empleo. Y eso es lo correcto. Chile tiene una de las tasas de desempleo más altas de la OCDE. Al 8,6%, estamos más de tres puntos por encima del promedio que es 5,5%. Esta es, quizás, la mayor manifestación de la emergencia nacional. Hay que hablar de empleo, empleo y empleo. Y cuando la oposición cambie de tema, hay que volver a hablar de empleo. Desde luego, no hablar solamente. Hay que centrar la batería de políticas en el empleo. La discusión parlamentaria que se viene será larga y muy intensa. Los congresistas debieran asegurarse de que las medidas pro-empleo sobrevivan o, incluso, se potencien.
- También dijo que el problema no era el plan, sino cómo el Gobierno no estaba explicando el plan. Conocidas las propuestas, ¿el problema es de contenido o sigue siendo, más bien, de relato?
- Más que nada de relato. El contenido es razonable y positivo. Pero hay aspectos técnicos difíciles de transmitir en forma simple y breve. Y pareciera que las autoridades no hicieron un plan de cómo hacerlo en forma adecuada. Los mensajes contradictorios de los distintos ministros tampoco ayudan.
Tres sugerencias
- ¿Cómo podría corregir ahora el Gobierno un eventual problema de delivery hacia la ciudadanía?
- Tres cosas, y ninguna es glamorosa. Primero, disciplina de mensaje: un solo vocero económico principal, no cinco ministros diciendo versiones distintas del mismo argumento. Los mensajes contradictorios que hemos visto estas semanas son un lujo que el Gobierno no puede darse. Segundo, destilar: todo el proyecto tiene que caber en tres frases que cualquier persona entienda en la fila del supermercado. “Más inversión, más empleo, más salario” es el tipo de cosa a la que hay que llegar. Si un argumento no se puede decir así, no va a viajar. Tercero, repetición hasta el hartazgo. En comunicación política, cuando uno ya está aburrido de decir lo mismo, recién la ciudadanía empieza a escucharlo. El Gobierno todavía está en la etapa en que cada ministro quiere agregar su matiz. Esa es exactamente la etapa que hay que superar. La oposición, hay que reconocerlo, ya entendió esto: tiene un eslogan y lo repite. El Gobierno tiene un proyecto y lo explica. No es lo mismo. Y ya que estamos en 2026, no estaría de más ponerle ñeque tecnológico al asunto: entrenar un par de bots bien afinados para que respondan rápido y con contundencia en redes. La batalla comunicacional también se pelea ahí.
- La oposición logró instalar rápido la idea de que la rebaja de impuestos “beneficia a los más ricos”. ¿Qué le está faltando al Gobierno para disputar ese marco con la misma simpleza?
- Es un buen eslogan, pero cuenta sólo la mitad de la historia. Sí, en primera instancia la rebaja beneficia a las empresas. Pero en economías abiertas y pequeñas como la chilena, buena parte del impuesto corporativo termina pagándolo el trabajador vía menor inversión, menor productividad y, eventualmente, salarios más bajos. No es una opinión: es un resultado estándar de la literatura sobre incidencia tributaria. Cuando se reduce el impuesto corporativo, entonces, no cambia sólo la utilidad de las empresas: cambian sus incentivos a invertir. Y más inversión se traduce en más actividad y empleo. Las empresas no son el beneficiario final; son el vehículo a través del cual se generan oportunidades para las personas. Ahora bien, el efecto grande no viene de una medida aislada, sino del paquete completo: menos permisología, certeza jurídica, reglas tributarias estables y rebaja de primera categoría. ¿Qué le falta al Gobierno? Decir esto con la misma simpleza con que la oposición dice lo contrario. La consigna está a mano: más inversión, más empleo. Eso es lo que debería repetirse todos los días, hasta el cansancio. Hoy el Gobierno responde con argumentos correctos, pero demasiado técnicos. Y en estos debates, una idea clara le gana siempre a 10 páginas de explicación.
Crédito tributario, ¿funciona?
- El crédito tributario al empleo genera mucho debate. ¿Le parece que está bien calibrado en términos de costo-beneficio, o hay espacio para ajustarlo?
- La evidencia internacional sobre este tipo de instrumentos es mixta y, honestamente, algo decepcionante. En varios países los créditos al empleo han mostrado efectos modestos, con una proporción relevante de contrataciones que se habrían hecho igual, y con riesgos de sustitución entre trabajadores. Conversando con Ricardo Solari hace unos días, coincidíamos justamente en eso: este tipo de medidas, en general, no funcionan como uno quisiera. El diseño es todo: a quién se dirige, por cuánto tiempo, con qué condiciones de permanencia. El del proyecto no lo he revisado en el nivel de detalle que exigiría una opinión categórica, pero sí diría lo siguiente: no apostaría a que este sea el instrumento de mayor impacto del paquete. El empleo se va a mover más por la desregulación y por la reactivación de la inversión que por un crédito tributario puntual. La discusión parlamentaria es el momento para calibrarlo bien -focalización, temporalidad, evaluación- y para no sobredimensionar lo que puede entregar.
- En el debate se ha puesto mucho foco en los riesgos fiscales del proyecto. ¿Comparte la idea de que el mayor riesgo, en realidad, es no hacer nada y mantener un crecimiento en torno al 2%?
- Sí, el mayor riesgo es la inmovilidad y la flojera. El gran presidente estadounidense Franklin Delano Roosevelt dijo en 1933, cuando el país enfrentaba una emergencia: “Hay que hacer algo; lo peor es la actitud de ‘no hacer nada’”. Dijo que su predecesor Herbert Hoover era el “presidente de la nada”, epíteto del que Hoover no pudo deshacerse nunca.
- Si tuviera que jerarquizar las medidas del proyecto en términos de impacto en crecimiento, ¿cuáles son realmente imprescindibles y cuáles son más prescindibles?
- Lo más importante, sin lugar a duda, es la desregulación. Hay centenares de proyectos trancados por las regulaciones absurdas, hay miles de emprendedores que de sólo pensar en las trabas ni siquiera presentan los proyectos. Yo sería mucho más agresivo en esta área.
- En ese orden, ¿las medidas regulatorias (permisos, certeza jurídica, reforma al SEIA) podrían tener más impacto que la propia rebaja tributaria?
- Sí. De eso tengo certeza absoluta.
Cuadrar el círculo
- Hay quienes cuestionan el informe financiero por su dependencia del crecimiento. Sin embargo, también se ha planteado que los primeros años del proyecto podrían estar cubiertos sólo con ajuste de gasto. ¿Le parece que este es un proyecto que está compensado fiscalmente?
- Eso es verdad. Y no debe esconderse. No se puede cuadrar el círculo de corto plazo con crecimiento futuro. Por eso que los ajustes de gastos son tan importantes. Pero es más fácil decirlo que hacerlo. Aquí lo lógico hubiera sido amarrar los ajustes de gastos con la gran y urgente necesidad de modernizar el Estado. Con inteligencia y ayuda de los grandes ingenieros chilenos se podrían dar grandes pasos modernizadores que reducirían el gasto sin afectar la calidad de los servicios.
- El Gobierno ha planteado tres metas para estos cuatro años: crecimiento en 4%, desempleo en torno a 6% y equilibrio fiscal. ¿Lo ve posible?
- ¿Por qué no? Soy un eterno optimista.
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