El nuevo reordenamiento ha sido comentario obligado en la industria legal local. No solo por los hechos en concreto, sino porque los pares evalúan hacia dónde dirigir el rumbo en medio de los retos que asoman en la profesión.
“Siempre han existido tensiones internas que hacen atractivo desligarse de un proyecto para iniciar uno nuevo. Sin embargo, la movilidad de socios ha ido lentamente en aumento en los últimos quinquenios. Hace 15 años el fenómeno ocurría muy rara vez, y cuando ocurría, llamaba la atención y levantaba preocupación. Por diferentes razones, la estabilidad de las firmas predominaba”, reflexiona el director ejecutivo de Ortúzar Consulting, Matías Ortúzar.
Según el experto, el mercado legal chileno comienza a dejar atrás las visiones negativas asociadas a la salida y movilidad de socios entre firmas. A nivel social sería cada vez menos cuestionado que se tome la decisión de dejar una oficina de abogados siendo socio para sumarse a otro proyecto o iniciar uno nuevo. En este sentido, dice, “el recambio generacional viene a consolidar una visión más líquida de las sociedades que conforman los estudios jurídicos, abriendo más las posibilidades a la separación de estos. Por otro lado, esto ha sido posible debido a que el mercado legal ha crecido, ofreciendo suficiente optimismo a la hora de emprender”, afirma.
Y si bien Ortúzar cree que es difícil estimar una tasa futura de deserción de los bufetes por parte de sus socios, sí dice que tienen claro que “en la medida que el mercado legal no decrezca, el fenómeno debería seguir ocurriendo con cada vez menos sorpresa y más naturalidad”.
Para Rafael Mery, socio de Mirada 360, quien colabora con las firmas de abogados en estrategia, modelo de negocio y posicionamiento, en Chile no se veían tantos movimientos laterales como se observan hoy y adelanta que se seguirán registrando otros.
Plantea que a veces los socios fundadores no se han preocupado de generar la institucionalidad adecuada para el recambio, pero también identifica que la marca ya no pertenece completamente a la firma.
Sobre esto último, sostiene que a nivel local todo partió con la salida de Roberto Guerrero de Guerrero Olivos a Cuatrecasas, lo que abrió el camino a que los socios pasaron a ser una unidad económica independiente donde la reputación profesional está mucho más asociada al abogado que a la organización.
Advierte que “la mayor competencia es sin duda el gran gatillante de todo esto”. Pero además, enfatiza que “hoy existe una histeria colectiva, todavía no declarada que tiene que ver con la inteligencia artificial”. “Si bien la competencia ha aumentado muchísimo en los últimos años, lo que va a transformar esto y va a serlo todavía más complejo, es cuando la inteligencia artificial entre de manera más intensa en la profesión”, recalca.
Encrucijada de las firmas medianas
Parte de ese diagnóstico es compartido por los propios protagonistas de las últimas escisiones. Tras anunciar su separación, los exsocios de HD Group mencionaron a DF, que más allá de la dinámica del estudio que los llevó a operar como silos o en unidades muy independientes, las oficinas de tamaño mediano viven hoy una verdadera encrucijada con estructuras costosas, grandes planillas de personal, altos gastos administrativos y presión sobre márgenes, que sin duda va a llevar a muchos a replantear su modelo de negocios.
En ese contexto, los recientes movimientos parecen confirmar una tendencia más amplia: la proliferación de oficinas más especializadas, pequeñas y flexibles, con estructuras livianas, equipos reducidos y una relación más directa con los clientes. A ello se suma la irrupción de la IA, una tecnología que promete transformar la prestación de servicios legales, redefinir los esquemas de cobro y aumentar la presión competitiva sobre las firmas. Para muchos en la industria, más que una tendencia pasajera, se trata del inicio de una nueva etapa para el mercado legal chileno.