La familia Gilinski, la de mayor patrimonio de Colombia, donará $150.000 millones de pesos colombianos -unos US$ 48 millones- para la reconstrucción de hospitales y escuelas en Cali, según informó este domingo el Presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, a través de su cuenta en X.
El mandatario señaló que sostuvo una conversación telefónica con el empresario Jaime Gilinski y su esposa, Raquel, quienes le comunicaron la decisión. "Todo mi agradecimiento y reconocimiento a la familia Gilinski por este extraordinario gesto de solidaridad con Colombia", escribió, y agregó que "en los momentos más difíciles se conoce a los mejores ciudadanos".
Sin detalles de ejecución
De la Espriella indicó que los recursos se destinarán a la recuperación de infraestructura educativa y de salud en la capital del Valle del Cauca, pero no precisó qué hospitales ni establecimientos educacionales serán beneficiados, ni el mecanismo mediante el cual se canalizará el aporte.
El anuncio se produce mientras las autoridades avanzan en el catastro de daños del terremoto de magnitud 7,4 registrado el lunes 10 de agosto, con epicentro en San José del Palmar, en el departamento del Chocó. Uno de los casos emblemáticos en la ciudad es el del Hospital Universitario del Valle, uno de los principales centros asistenciales de Cali, que resultó afectado en cerca del 30% de sus instalaciones.
Gilinski, de 68 años y nacido en Cali, encabeza el ranking de mayores fortunas de Colombia según Forbes, que estima su patrimonio en US$ 14.700 millones. Es dueño del banco GNB Sudameris y preside Grupo Nutresa, uno de los mayores conglomerados de alimentos de América Latina. El empresario asistió a la ceremonia de investidura de De la Espriella, realizada el 7 de agosto en Cali.
El aporte se suma a la movilización de otros grupos económicos. El Grupo Santo Domingo había anunciado previamente una donación de $ 100.000 millones para la atención de la emergencia y la posterior reconstrucción de las zonas más afectadas.
Con ello, la respuesta empresarial comienza a desplazarse desde la ayuda humanitaria inmediata -alimentos, agua y suministros básicos- hacia el financiamiento de la reposición de infraestructura, una fase que plantea desafíos adicionales en materia de ejecución y control del uso de los recursos.