“Estamos posicionados en el mundo de real estate de lujo dentro de Latinoamérica, y creemos que poder acercar productos de España hacia Latam es una gran oportunidad”.
Eso lo dice Cristián Araya Fernández, con camisa de lino blanca, chaqueta celeste y unos anteojos negros gruesos. Es 10 de septiembre y está en San Pedro de Alcántara, en Marbella, donde Property Partners, la red de corretaje de propiedades nacida en Chile, está inaugurando su nueva oficina en España. Es un evento con prensa, alfombra roja y varias copas de champán dando vueltas.
Araya es socio de la franquicia local y uno de los anfitriones del acto. Días después, en los medios locales, hablará de las oportunidades en el real estate español y de las familias latinoamericanas de alto patrimonio que durante décadas miraron a Miami y que hoy tienen a España cada vez más en el radar.
Hablará de todo eso. Pero de la bolsa, de los mercados, de todo aquello que lo hizo conocido durante los casi 20 años que pasó en Banchile, no. Eso no será tema. Quienes lo conocen dicen que hoy vive una etapa más emprendedora, entusiasmado con construir negocios que van desde el inmobiliario hasta la tecnología.
A pesar de ese cambio, ese mismo 10 de septiembre, a más de 10 mil kilómetros de ahí, el consejo de la Comisión para el Mercado Financiero (CMF) aprobaba en Santiago una multa que se conocería recién esta semana. UF 25.000, unos $ 1.024 millones, contra Asesorías e Inversiones A&C SpA, una sociedad en la que Araya figura como accionista, por “cotizaciones ficticias” y manipulación de precios en la Bolsa de Comercio de Santiago. La multa es contra la sociedad, y ninguno de sus socios fue sancionado como persona natural.
Y así, una vez más, el nombre de Araya volvió a estar en los titulares de la prensa económica.
Los comienzos
A Araya algunos pocos lo conocen como “Canalla”. Hay quienes dicen que es un apodo que le pusieron quienes no comparten su estilo, sus “enemigos” en el mercado.
Como sea, para llegar a aquel apodo pasó mucho tiempo. Se sabe que en 1993, mientras estudiaba en la universidad, entró a Banchile Corredores de Bolsa para pagarse sus estudios; que sus primeros años fueron de papeleo, apoyando la venta de dólares y la mesa de acciones; y que luego pasó del redondel tres -donde se transaban las acciones menos líquidas- directo a la rueda principal de la Bolsa de Comercio de Santiago.
Y que así se fue haciendo un nombre.
En 1998 ya era subgerente de trading y arbitraje y manejaba la cartera propia de la corredora. En 2006 asumió como gerente de inversiones, donde operaba para family offices, AFP y algunas de las mayores fortunas del país. Un ex compañero contó a Qué Pasa en 2014 que Araya apenas hablaba inglés, pero que se las arreglaba para conversar con ejecutivos de bancos de inversión extranjeros. En esos años Banchile lideraba el mercado de acciones con utilidades cercanas a los $ 10 mil millones, y “por varios años fue él quien generó los mayores ingresos para la corredora”.
Esa forma de operar también le trajo problemas. El principal llegó en 2011, con una serie de operaciones con acciones de SQM que Banchile intermedió entre sociedades cascadas de Julio Ponce y el fondo Linzor. Para la SVS, hoy CMF, las acciones nunca salieron del grupo, y el fondo operó como un tercero entre sociedades relacionadas.
En 2014 el regulador formuló cargos contra Araya y luego lo multó con UF 75.000, una sanción que los tribunales han ido rebajando y que hoy todavía está en suspenso. Este viernes, la Tercera Sala de la Corte Suprema comenzó a revisar el caso en una audiencia que podría extenderse por varios días.
La orden señuelo
La resolución donde aparece la multa actual tiene 82 páginas y está dedicada a Asesorías e Inversiones A&C SpA, una sociedad constituida en 2017 y que hoy tiene como accionistas a Araya, Alejandro Parraguez y la sucesión de Felipe Correa. Según la CMF, la sociedad invertía su propio patrimonio a través de tres traders dedicados a operar en el día, que ingresaban órdenes directo en los sistemas de la Bolsa de Comercio de Santiago.
¿El problema? Según el regulador, A&C ponía una orden de compra o venta al mejor precio del libro sin intención de ejecutarla, lo que la resolución llama una “orden señuelo”. Cuando otro inversionista igualaba o mejoraba ese precio, A&C la cancelaba a los pocos segundos y le compraba o vendía a esa contraparte desde el otro lado del libro, a un precio mejor del que había antes. La CMF acreditó 34.038 casos entre marzo de 2022 y septiembre de 2024, con un beneficio estimado para A&C de $ 860 millones. Para el regulador, se trata de una infracción “de carácter gravísimo”.
En la investigación declararon Parraguez y los tres traders. Consultado por la finalidad de las órdenes canceladas, Parraguez, gerente general de A&C, respondió que no lograba ver “una razón específica”. Uno de los operadores explicó que las órdenes por una sola acción las ingresaba “todos los días” para “ver la cancha”. La defensa de A&C sostuvo que en 2019 la propia CMF había dicho que hacía falta una reforma legal para capturar este tipo de prácticas.
Más allá de los traders, la resolución no detalla cómo se tomaban las decisiones dentro de A&C, y en el mercado todavía hay dudas sobre cómo funcionaba la sociedad. En sus declaraciones, los operadores hablaron de esas órdenes en primera persona. “Yo estoy buscando mercado, yo trato de hacer negocio”, dijo otro de ellos ante la CMF. Según conocedores, como la multa es contra la empresa, los socios han preferido mantener el hermetismo, evitar acusaciones cruzadas y enfrentar el caso por la vía de los recursos legales.
Araya no aparece en la resolución más allá de la tabla de accionistas, y no fue citado a declarar. Un día después de conocerse la sanción, respondió con un comunicado. “He sido accionista y director de A&C, pero nunca he tenido funciones ejecutivas ni participación en su administración cotidiana”, señaló. Según Araya, “durante mi participación en A&C nunca impartí instrucciones de compra o venta de acciones, nunca di órdenes a corredores de bolsa y nunca participé en el ingreso, modificación o cancelación de órdenes bursátiles”. Y pidió “no confundir la sanción impuesta a A&C con una sanción personal en mi contra, ni vincularla, para estos efectos, con procedimientos o sanciones correspondientes a hechos distintos y anteriores”.
Marbella, Menorca y Santiago
Al margen de la multa, Araya se fue hace un tiempo a vivir a España para emprender en otros negocios. Es un país que conoce bien. En 2016 abrió Can Araya, un hotel boutique en el casco antiguo de Ciutadella del que fue dueño y gestor.
En LinkedIn, su cargo actual figura como un negocio “confidencial”. Según su entorno, participa directamente en la estrategia y el crecimiento de la franquicia de Property Partners en Marbella, una oficina orientada al segmento residencial de alto nivel. La idea, dicen sus cercanos, es sumar nuevas oficinas en el litoral mediterráneo, primero en la Costa del Sol, en plazas como Estepona y Sotogrande, y después en la Costa Blanca, en Alicante.
Su otra apuesta es Grupo RedTras, del que es socio fundador junto a Felipe Guzmán, ex director ejecutivo de Red Megacentro, y Sebastián Morales, ex OHL y Abertis. Es una plataforma de self storage que suma 40 centros en distintas fases de operación y desarrollo, con más de 40 mil metros cuadrados arrendables y más de 10 mil unidades. Además de las bodegas tradicionales, ofrece los llamados Mini-Flex, espacios de entre 15 y 50 metros cuadrados pensados para autónomos y pequeñas empresas que necesitan guardar stock o tener una pequeña base logística cerca de sus clientes. Todo se opera con InputSmart, una plataforma propia que automatiza desde los accesos y la contratación online hasta los precios dinámicos.
Antes de la inauguración de la oficina de Marbella, se vio a Araya en reuniones con clientes. Una de ellas fue en The Pool Marbella, un centro de negocios fundado por emprendedores suecos que funciona en el antiguo edificio de El Corte Inglés en la Milla de Oro. Hoy reparte su tiempo entre Marbella, Menorca y Santiago, y la semana pasada estuvo en Marruecos.
Quienes han hablado con él estos días dicen que Araya está tranquilo. A sus cercanos les ha repetido que todas las sociedades con las que opera en el mercado han sido revisadas sin reparos y que nunca ha tenido una multa firme. Lo que sí le frustra es que su nombre aparezca al frente de A&C, como si hubiera sido el orquestador del negocio.
Según personas al tanto, esta semana A&C habría presentado un recurso de reposición contra la resolución de la CMF. Por lo tanto, la multa todavía no está firme. Habrá, entonces, que esperar el resultado.