El panorama para las startups en 2026 estará marcado por una paradoja: nunca antes habíamos tenido acceso a tantas herramientas tecnológicas y, al mismo tiempo, nunca había sido tan difícil conseguir financiamiento. Distintas firmas e inversionistas internacionales aseguran que los próximos meses estarán marcados por una mayor selectividad en las inversiones, un renovado enfoque en modelos rentables y que sepan integrar la IA. La gran pregunta es: ¿están nuestros emprendimientos y startups preparadas para este nuevo escenario?
Aquí hay varios factores a tener en cuenta. El primer desafío tiene que ver con acceder a financiamiento en un entorno donde se exigen números, evidencia de mercado y equipos ejecutores. La premisa de la buena idea detrás de un proyecto sin duda es importante, pero no basta para obtener recursos financieros. Habrá mayores posibilidades para quienes cuenten con planes precisos y métricas claras.
“Un rol clave es el que pueden jugar las grandes empresas al convertirse en fuentes alternativas de financiamiento y en aliadas estratégicas que aporten a las startups experiencia financiera, validación comercial y conocimiento en gestión de riesgos”.
Lo segundo tiene relación con el escalamiento de una startup, uno de los aspectos donde más suelen detenerse los inversionistas. Chile es un laboratorio único para nuevos negocios gracias a su tamaño y alta tecnologización, pero sus 18 millones de habitantes juegan en contra a la hora de pensar en crecer en grande. Una startup que quiera destacar debe incorporar desde temprano planes de expansión regionales y globales. Esto implica mayores costos y necesidad de capital, pero el solo hecho de proyectar ambición con objetivos alcanzables puede marcar la diferencia.
Un tercer factor clave es a quién le estamos pidiendo financiamiento, donde aplica con fuerza la premisa de saber bien dónde apuntar. A una startup tecnológica le conviene enfocarse en fondos o inversionistas que entiendan que el valor del negocio está en el desarrollo tecnológico. En cambio, aquellas que operan con contacto directo con usuarios finales -en áreas como educación, salud o servicios- deberán buscar inversionistas que prioricen el crecimiento rápido en clientes, ventas y adopción.
En el actual escenario también hay oportunidades. Un punto relevante es el rol que pueden jugar las grandes empresas al convertirse en fuentes alternativas de financiamiento y también en aliadas estratégicas que aportan a las startups experiencia financiera, validación comercial y conocimiento en gestión de riesgos, flujos de caja y escalamiento.
Otro elemento es la IA, porque la startup que sepa emplearla estratégicamente tendrá ventajas importantes al analizar datos, optimizar procesos, tomar decisiones y presentarse frente a los inversionistas. Esto requiere una comprensión profunda del potencial tecnológico sin perder la cultura interna, y adaptabilidad constante frente a los cambios del entorno.
El financiamiento en 2026 no estará disponible para todos, pero sí para quienes ejecuten mejor. Los filtros de los inversionistas serán más estrictos, pero no imposibles. El desafío es construir un ecosistema donde startups, inversionistas y grandes empresas colaboren activamente, compartiendo experiencia y capital, para que las mejores soluciones no se queden en el camino por falta de financiamiento o acompañamiento estratégico.
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