Click acá para ir directamente al contenido
Luis Larraín

¿Perú imposible?

LUIS LARRAÍN Libertad y Desarrollo

Por: Luis Larraín

Publicado: Martes 10 de marzo de 2026 a las 04:03 hrs.

Luis Larraín

Luis Larraín

El Congreso peruano destituyó al Presidente José Jerí, acusado de tráfico de influencias luego del escándalo causado por una reunión secreta con un empresario chino a la que asistió disfrazado. De los últimos 10 Presidentes, cuatro han sido detenidos, uno se suicidó y los últimos fueron designados por el Congreso, en una suerte de parlamentarismo de facto que rige hoy a Perú, que ahora tiene solo una Cámara muy fragmentada.

El Congreso eligió a José María Balcázar, exjuez y político, Presidente interino hasta el 28 de julio, fecha en que asumirá el Presidente elegido popularmente en abril. Balcázar había anunciado que el primer ministro sería el economista Hernando de Soto, pero sorpresivamente nombró a la exministra de economía de Jerí, Denise Miralles.

“La pregunta es cómo lo hace Perú para ser una excepción a los hallazgos de premios Nobel que aseguran que el progreso se logra con buenas instituciones. El PIB creció 3,4% en 2025 y se espera que suba a 3,6% este año”.

La pregunta que muchos se hacen es cómo lo hace Perú en una excepción a los hallazgos de premios Nobel que aseguran que el progreso se logra con buenas instituciones. El PIB creció 3,4% en 2025 y se espera que suba a 3,6% en 2026. La respuesta a esta incógnita podría estar en una combinación entre informalidad y corrupción, dos fenómenos que considerados individualmente sugerirían un resultado contrario. 

La explicación va por el siguiente camino: las malas leyes y otras regulaciones que hacen políticos corruptos no son tan nocivas porque en una economía con más de 50% de informalidad las leyes no se aplican y las regulaciones no se respetan ni fiscalizan. La corrupción cumple su rol: hace impune el incumplimiento de las leyes. Contraintuitivo, ¿verdad? El problema es ¿cuán sustentable es el desarrollo en medio de continuas crisis?

Una conversación con el economista peruano Hernando de Soto en la casa de Nicolás Ibáñez, hace años, me permite llegar a estas conclusiones. Hernando es autor (con Enrique Ghersi) del laureado libro El Otro Sendero, donde explica el fenómeno del grupo terrorista Sendero Luminoso, que entre 1980 y 1992, de la mano de Abigaíl Guzmán, controló parte del territorio peruano y al que se le atribuyen 70.000 muertos. El fundamento económico del poder de Sendero Luminoso, los grupos terroristas y narcos, según de Soto, es hacer de un estado fallido una fuente de negocios. En el caso de Perú, el grupo terrorista actuaba como virtual Conservador de Bienes Raíces, una suerte de mafia que ofrece protección. De allí elabora de Soto que una desregulación inteligente y la intervención de negocios ilícitos permitiría un desarrollo armónico de la economía y la política.

Las ideas de Hernando de Soto, ese economista con nombre de conquistador, como lo bautizó con su inigualable ingenio y don de la palabra su examigo Mario Vargas Llosa (luego que de Soto apoyara a Alberto Fujimori, quien desarticuló después a Sendero Luminoso) no han podido ser aplicadas a cabalidad en Perú, pero han hecho de Hernando un próspero consultor en Centroamérica, Afganistán y Asia. Quién sabe si en este Perú imposible hubiese tenido éxito como primer ministro.

Te recomendamos