En febrero de este año, la OPEP+ informó que la producción total de sus miembros se disparó en 445.000 barriles diarios, hasta los 42,72 millones de barriles diarios. El mayor responsable del repunte, según precisaron, fue Kazajistán.
El país más grande de Asia Central, noveno a nivel mundial, produce la nada despreciable cifra de 1,95 millones de bpd, lo que lo ubica como una alternativa atractiva en la búsqueda de petróleo, más considerando que -en medio de las tensiones geopolíticas- sigue siendo percibido como un país estable. Así lo refleja la prima de riesgo soberano del país, medida por el diferencial de rendimiento de sus bonos frente a los del Tesoro estadounidense, la cual -según Bloomberg- apenas se ha ampliado desde el inicio del conflicto, a diferencia de un índice más amplio de deuda emergente en dólares que ha crecido aproximadamente 30 puntos básicos.
También juega a su favor, la presencia de actores de peso en su industria petrolera. INPEX, la mayor empresa japonesa de exploración y producción de petróleo y gas, posee participaciones en su yacimiento de Kashagan, en el mar Caspio, con una producción de alrededor de 430 mil bpd en su mayoría de calidad ligera a media, comparable a la del Medio Oriente, según el medio regional Anewz.
Europa figura como el destino principal de la producción de INPEX. Sin embargo, la empresa pretende redirigir parte de sus volúmenes a Japón, cambio que presenta como una contribución a la estabilidad del suministro y, espera, será respaldada por refinerías y comercializadoras niponas.
En el Viejo Continente también ha puesto sus ojos en el crudo bajo las estepas del coloso euroasiático, eso sí, para reemplazar por completo las importaciones de petróleo ruso. Así lo afirmó la petrolera de Georgia, Black Sea Petroleum, la que apunta no solo al crudo de Kazajistán, sino que también a de Turkmenistán y Azerbaiyán.

Rusia: la alternativa predilecta de China e India
La determinación de EEUU de levantar temporalmente las sanciones al crudo de Rusia atrajo al apetito petrolero de India, que absorbió con rapidez los barriles de ese país que permanecían varados, justamente, debido a las restricciones de Washington. De esta manera, la nación más poblada del mundo duplicó estas importaciones durante marzo hasta los 2,06 millones de bpd, acercándose al máximo histórico de 2,15 bpd registrado en mayo de 2023.
En el contexto de la guerra en Medio Oriente, el índice de precios del oro negro de Vladimir Putin, el Urals, ha subido de la mano del WTI y el Brent, superando los US$ 100 el barril, lo que no impide que India -el tercer consumidor de crudo a nivel global- haya optado por esta alternativa como respuesta táctica a la actual crisis de suministro.
El segundo consumidor de petróleo a nivel mundial, China, también ha apostado por el crudo de sus aliados estratégicos. Anticipándose al conflicto en Medio Oriente, durante los primeros dos meses del año (últimos datos disponibles de Aduanas de China), el gigante asiático incrementó en un 40,9% interanual sus importaciones de petróleo ruso.
A estos dos actores se suma un sudeste asiático ávido de energía. De acuerdo a Assosiated Press, en marzo Filipinas, Indonesia, Tailandia y Vietnam manifestaron un renovado interés en el petróleo ruso. Incluso Manila, un antiguo aliado estadounidense, se animó a comprarles crudo por primera vez en cinco años.
Frente a este escenario, el think tank estadounidense Peterson Institute publicó este martes un informe donde cataloga a Rusia como uno de los ganadores de la guerra. Detalla que el país "podría obtener entre US$ 45.000 y US$ 151.000 millones en ingresos presupuestarios adicionales en 2026", gracias al repunte de sus exportaciones de energía.