Logística portuaria, una modernización urgente
MARCELA RUIZ-TAGLE O. Socia Gemines Consultores
Después de 12 años de tramitación, la iniciativa Terminal Cerros de Valparaíso, impulsada por la Empresa Portuaria de Valparaíso, obtuvo su aprobación ambiental. Es, sin duda, una buena noticia porque permitirá avanzar en la largamente postergada modernización de la infraestructura portuaria y en el aumento de la capacidad de transferencia de carga. Sin embargo, este hito también evidencia la lentitud con que Chile ha resuelto decisiones estratégicas en esta materia. Más aún, resulta difícil no contrastarlo con el progreso de Perú, que ha consolidado el eje Callao–Chancay para generar economías de escala, aumentar la frecuencia naviera y fortalecer su conectividad internacional, en línea con su aspiración de posicionarse como el principal hub del Pacífico Sur.
Precisamente, en ese contexto adquiere relevancia la primera Política Nacional Logística Portuaria (PNLP), elaborada por el Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones, recientemente aprobada. Su principal mérito es instalar una visión más moderna del sistema portuario chileno, al entenderlo no como un conjunto de puertos aislados sino como una red logística estratégica. Destaca su mirada sistémica, la propuesta de una institucionalidad rectora, su articulación con la planificación territorial, el énfasis en la eficiencia y la multimodalidad y la incorporación de las dimensiones ciudad-puerto y laboral. Todo ello corrige, al menos a nivel de diseño, una debilidad histórica de Chile: haber abordado la expansión portuaria con escasa coordinación entre infraestructura, accesos, territorio e inversión complementaria.
“El valor de la política sectorial se apreciará si se traduce en reformas normativas, coordinación estatal y priorización de inversiones”.
El impacto potencial de debiera observarse en tres planos: en la calidad institucional, al contribuir a una conducción más coherente y a una mejor coordinación entre organismos públicos, empresas, actores privados y autoridades territoriales; en la eficiencia logística, mediante una mejor articulación entre puertos, accesos, servicios y plataformas de apoyo; y en la certidumbre para la inversión, al ofrecer un marco más predecible para decisiones de expansión portuaria, conectividad, zonas extraportuarias y nuevos corredores logísticos. La política puede contribuir a reducir costos logísticos, mejorar la confiabilidad del comercio exterior y disminuir el riesgo de que la expansión portuaria quede desacoplada de accesos, servicios o soporte territorial. Y en términos estratégicos, a facilitar y potenciar el crecimiento del sector exportador.
Su principal desafío, sin embargo, radica en la implementación. El valor de la política se apreciará solo si las autoridades a cargo logran que esta se traduzca en reformas normativas, coordinación estatal efectiva, priorización de inversiones, gestión territorial y mecanismos de seguimiento. Si ello no ocurre, la PNLP corre el riesgo de transformarse en un buen diagnóstico sin efectos estructurales. Si, en cambio, logra ejecutarse con consistencia, puede convertirse en uno de los instrumentos más relevantes de la próxima década para fortalecer la competitividad exportadora y el crecimiento del país.
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