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Columnistas

Retomar el camino de la colaboración público-privada como motor de desarrollo

Por Alejandra Loyola, socia de TheHouse Advisory

Por: Equipo DF

Publicado: Viernes 9 de enero de 2026 a las 10:00 hrs.

La colaboración público-privada ha sido, es y debiera seguir siendo un pilar fundamental en el desarrollo del país. Un ejemplo reciente de esto es el controversial caso de NovaAndino, donde la alianza entre Codelco y SQM da paso no solo a la mayor productora mundial de litio, sino que también moviliza una industria completa, habilita proyectos de crecimiento futuro, genera empleos y oportunidades, aportando así al desarrollo comunitario, regional y al crecimiento de Chile.

Asociaciones de este tipo no son nuevas, esto es solo una muestra más de una estrategia que ha sido históricamente exitosa para nuestro país. Claro ejemplo de esto es el sistema de concesiones, modelo que permitió a Chile modernizar su infraestructura vial, aeroportuaria, hospitalaria y penitenciaria con estándares que probablemente no se hubieran alcanzado trabajando de manera aislada.

Otro caso de éxito es la astronomía, donde la colaboración permitió generar un cluster astronómico, que trajo consigo la formación de astrónomos de clase mundial, interés de académicos y de organizaciones internacionales, y además el desarrollo de nuestra infraestructura digital y de telecomunicaciones, que al día de hoy posiciona a Chile como un líder mundial en acceso a internet y que, sumado a otros factores, lo hace atractivo como destino de data centers globales.

En la experiencia internacional, Singapur ofrece un modelo inspirador de estas sinergias. Su aeropuerto Changi representa un caso de estudio global al combinar un operador aeroportuario estatal con una densa red de concesiones privadas en retail, servicios y logística. Este enfoque ha permitido financiar gran parte de su infraestructura, mantener estándares de servicio excepcionales y alinear las inversiones privadas con objetivos públicos de conectividad y competitividad.

Además, fomenta el turismo y convierte al país en un hub regional. Ejemplos hay de sobra, la colaboración público-privada bien orientada tiene potencial de generar un círculo virtuoso que fomenta el crecimiento y el desarrollo de los países.

En un contexto como el actual, con un crecimiento interanual de apenas 1,2% y con un cambio de Gobierno a la vuelta de la esquina, tenemos la oportunidad de abandonar ideologías y desconfianzas mutuas entre el Estado y el sector privado. Debemos dejar atrás la visión de que la empresa persigue solo las utilidades sin pensar en entregar un aporte de valor sostenible, y que el Estado impone trabas y cargas para frenar la inversión.

En su lugar, debemos construir relaciones basadas en la confianza mutua, entendiendo que hay sectores y proyectos donde las capacidades complementarias del Estado y la empresa privada pueden generar un valor superior al que podrían lograr por separado.

Para llevar a cabo colaboraciones exitosas, es necesario analizar estratégicamente la oportunidad, el impacto a lograr y estar preparados para ajustar procesos, gestionar stakeholders, y transformar la  cultura, entre otras cosas. Algunos sectores como minería, energía, recursos naturales e infraestructura ofrecen grandes espacios para estos vínculos.

La nueva etapa política que comienza representa una oportunidad inmejorable para reconstruir las confianzas y retomar un camino de colaboración público-privada que ha demostrado ser un motor capaz de aportar inmensamente al desarrollo de Chile y de todos los chilenos.

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