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Columnistas

La ventaja humana en la era de la inteligencia artificial

Por Maria Ignacia Pérez, senior manager people consulting, EY Chile

Por: Maria Ignacia Pérez

Publicado: Viernes 2 de octubre de 2026 a las 10:00 hrs.

Nunca en la historia había sido tan fácil tomar una decisión. Y quizás por eso, nunca había sido tan importante cuestionarla.

La inteligencia artificial ya redacta informes, analiza información y propone soluciones en segundos. Y es aquí donde surge una pregunta incómoda: ¿estamos utilizando la IA para amplificar nuestro potencial humano o simplemente para hacer más de lo mismo, pero más rápido?

Porque quizás el mayor riesgo de la IA no es que llegue a pensar como los seres humanos, sino que los seres humanos dejemos de pensar.

Los resultados de nuestro estudio Trabajo Reimaginado 2025, de EY, son reveladores: el 88% de los trabajadores ya utiliza inteligencia artificial, pero solo el 28% de las organizaciones logra traducir ese uso en resultados verdaderamente transformadores para el negocio.

Y si el 88% ya utiliza IA, pero solo el 28% obtiene resultados, el problema ya no parece ser tecnológico, sino más bien de liderazgo, criterio y capacidad de cuestionar.

Durante décadas los líderes fueron valorados por tener respuestas. Hoy las respuestas son inmediatas. Cualquiera puede pedirle a una IA que prepare un análisis estratégico o recomiende una decisión de negocio. Pero una respuesta rápida no es necesariamente una respuesta correcta, y una recomendación técnicamente brillante no necesariamente es una buena decisión.

Y este es, quizás, el riesgo más subestimado de esta revolución: que la abundancia de respuestas debilite nuestra disposición a cuestionarlas. Cuando todo parece resolverse en segundos, detenerse a contrastar información, desafiar supuestos y analizar consecuencias puede parecer ineficiente, y peligrosamente opcional.

Por eso el pensamiento crítico está dejando de ser una capacidad deseable para convertirse en una ventaja competitiva. No porque la IA sea deficiente, sino porque puede ser extraordinariamente persuasiva.

La paradoja es evidente: mientras más fácil se vuelve acceder al conocimiento, más importante es el criterio para interpretarlo y mientras más respuestas tenemos, más valiosa es la capacidad de formular preguntas.

En un mundo donde todos tendremos acceso a tecnologías similares, la verdadera diferencia no está en quién las implemente primero, sino en quién conserve la capacidad de cuestionarlas. Porque cuando las respuestas se vuelven abundantes, el criterio se vuelve escaso. Y el liderazgo no puede delegar su juicio en un algoritmo.

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