Los mercados no votan (en las urnas)
AXEL CHRISTENSEN Director de Estrategia de Inversiones para América Latina de BlackRock
En tiempos electorales, política y mercados tienden a mezclarse más de la cuenta. Si creemos saber quién ganará, parece natural anticipar qué ocurrirá con la bolsa, las tasas de interés o la moneda. Pero acertar el resultado electoral no garantiza una buena decisión de inversión. Una buena lectura política puede terminar siendo una mala inversión si el mercado ya anticipó ese desenlace o si las promesas electorales no se convierten en políticas.
Los mercados, después de todo, no votan en las urnas. Pero sí votan con los pies, a través de los flujos de capital. Ese voto comienza antes de la elección y continúa mucho después. El capital se mueve por lo que el resultado puede significar para el crecimiento, las cuentas fiscales, la regulación y las instituciones.
Brasil acaba de ofrecer una buena demostración. Tras la primera vuelta presidencial, un resultado inesperado impulsó con fuerza los activos brasileños. Rápidamente, esas expectativas se incorporaron a los precios. La segunda vuelta produjo el movimiento contrario. La sorpresiva reelección del presidente Lula provocó una fuerte reversión en acciones, moneda y tasas locales, amplificada por el desarme de posiciones construidas esperando otro desenlace. Más que una valoración política, ese movimiento reflejó hasta qué punto el mercado se había posicionado para un resultado diferente y tuvo que recalibrar rápidamente sus expectativas.
“Las urnas entregan un mandato político; no garantizan un resultado financiero”.
Pero ahí comienza lo interesante. La elección terminó; la evaluación del mercado, no. Ahora importan el equipo económico, las señales fiscales, la relación con el Congreso y la capacidad del gobierno para ejecutar su programa. Las urnas decidieron quién gobierna. Los mercados seguirán evaluando las implicaciones económicas de cómo gobierna.
EEUU se prepara para una dinámica similar en sus elecciones de mitad de mandato. Una nueva composición del Congreso puede alterar la capacidad de la administración para avanzar en materia de impuestos, gasto y regulación. Pero proyectar el comportamiento del mercado a partir del resultado electoral es mucho más difícil.
La historia muestra precisamente eso. Los años de elecciones de mitad de mandato han tendido a ser más débiles para las acciones estadounidenses, pero los meses posteriores a la elección han mostrado un comportamiento considerablemente mejor. Sin embargo, la historia también demuestra que no existe una fórmula sencilla que permita traducir un resultado electoral en retornos futuros. La incertidumbre política y los retornos bursátiles no necesariamente viajan juntos. A menudo importa menos quién gana que el hecho de que una fuente de incertidumbre empiece a despejarse.
Brasil y EEUU dejan una lección común. La política importa para los mercados, pero precisamente por eso no conviene reducirla a una apuesta binaria entre candidatos o partidos. Entre el resultado de una elección y el retorno de una inversión están las instituciones, el Congreso, las restricciones fiscales, la ejecución de las políticas y aquello que los precios ya anticiparon.
Por eso, ante una elección quizás sea más útil entender qué está descontando el mercado que intentar adivinar el resultado. La pregunta relevante no es solo quién gana, sino qué escenario ya descuentan los precios, qué políticas pueden cambiar materialmente el panorama económico y qué ocurre si el consenso se equivoca. Las urnas entregan un mandato político; no garantizan un resultado financiero. Los ciudadanos votan en las urnas. Los mercados lo hacen a través de los flujos de capital. Y ese voto se emite todos los días.