Las advertencias del FMI para Chile
CECILIA CIFUENTES Economista, directora Centro de Estudios Financieros del ESE, UAndes
El Fondo Monetario Internacional acaba de publicar su World Economic Outlook (WEO) de octubre, cuyo título resume bien su diagnóstico: “Resiliencia bajo presión, decisiones urgentes”. La economía mundial ha resistido mejor de lo esperado la guerra en Medio Oriente: el Fondo proyecta un crecimiento global de 3,1% este año y 3,4% en 2027, con una leve mejora para 2027 respecto de abril, pero con una peor distribución. Apenas 32 países explican el 95% del crecimiento mundial, frente a 54 en abril. La concentración refleja el shock petrolero, que perjudica a los importadores de energía, y el boom de la IA, que favorece a quienes participan en su cadena de valor. Según el Fondo, la peor posición es la de los importadores de petróleo con poca conexión a esa cadena. Chile, como importador de petróleo, está entre los perdedores, aunque como productor de insumos críticos para la IA y la transición energética tiene oportunidades interesantes.
Con todo, el WEO plantea riesgos sesgados a la baja, cuya mitigación exige decisiones urgentes. Varias de sus recomendaciones son muy atingentes a Chile; aunque tranquiliza el hecho de que los riesgos se están abordando.
La primera advertencia es fiscal. El FMI recomienda que los países con ingresos extraordinarios resistan la tentación del gasto procíclico y destinen esos recursos a reconstruir colchones. Chile debe evitar las presiones de mayor gasto provenientes de los ingresos mineros. Es buena noticia que el Presupuesto 2027 se enfoque en la consolidación, más aún cuando el endeudamiento global crece sin control. La deuda pública de las economías avanzadas pasaría de 108% a 115% del PIB hacia 2031, presionando las tasas de interés.En Estados Unidos, la tasa real a 10 años llegó en septiembre a 2,64%, su mayor nivel desde 2008, y ya supera el crecimiento esperado. En la década pasada estuvo casi dos puntos por debajo, lo que permitía acumular deuda sin que subiera como proporción del PIB. Esa holgura desapareció, y cada alza de tasas golpea directamente las cuentas fiscales. El Fondo advierte que un alza brusca de los rendimientos soberanos podría desatar una turbulencia financiera generalizada. Aunque nuestra deuda está bajo el promedio mundial, tasas globales más altas agravarían nuestro problema fiscal, reforzando la necesidad de consolidar.
“Chile está bien posicionado en renovables, pero necesita agilizar los permisos y recuperar el dinamismo empresarial”.
La segunda advertencia se refiere a la energía y los alimentos. Si el conflicto se prolonga o El Niño se intensifica, los importadores de energía con poco espacio fiscal serán los más golpeados, con mayores necesidades de financiamiento, presiones cambiarias y un costo social concentrado en los hogares vulnerables. El informe concluye que los subsidios o rebajas generalizadas de precios cuestan entre tres y 22 veces más que las transferencias focalizadas, y buena parte de su beneficio termina en los hogares de mayores ingresos. Bajo esta mirada, la forma en que Chile enfrentó el shock petrolero parece acertada.
La tercera es monetaria. Para los importadores de energía cuya inflación ya estaba sobre la meta, el Fondo plantea un sesgo hacia el endurecimiento, producto de probables efectos de segunda vuelta. En ese contexto, el Banco Central tiene poco margen para reducir la tasa de política, a pesar del nulo dinamismo de la actividad.
Finalmente, el FMI recuerda que el crecimiento potencial dependerá de la preparación para adoptar la IA y de la solidez de la matriz energética. Chile está bien posicionado en renovables, pero necesita agilizar los permisos y recuperar el dinamismo empresarial. El desafío es convertir nuestras ventajas comparativas en crecimiento sostenido, y no sólo en mayores ingresos transitorios.