Educación financiera y preparación para la jubilación
Luis Cavieres, gerente de Inversiones de Mutual de Seguros de Chile.
Octubre, mes de la educación financiera, es una buena oportunidad para preguntarnos cuánto sabemos realmente sobre nuestras finanzas y, especialmente, cómo estamos preparando nuestro futuro. La discusión previsional en Chile exige abordar también una tarea pendiente: ayudar a las personas a convertir la información en decisiones que puedan llevar a la práctica.
Solemos concentrar la atención en la arquitectura de los sistemas, los marcos regulatorios y las tasas de cotización. La educación financiera debe formar parte de esa conversación, porque permite comprender las alternativas disponibles y evaluar sus consecuencias para la vida de cada persona.
Los resultados de la Encuesta de Bienestar 2026, realizada por Mutual de Seguros, la Escuela de Negocios de la Universidad Adolfo Ibañez y Cadem, muestran la magnitud del desafío. Entre las personas encuestadas, de 25 a 60 años, 46% se declara algo o muy informado sobre el nuevo sistema de pensiones. Sin embargo, el Índice de Educación Previsional, alcanza apenas 23 puntos sobre 100. Este indicador combina información declarada, preparación financiera percibida y acciones de planificación y ahorro. Su resultado revela un rezago en estas dimensiones.
Esta brecha tiene un impacto directo en la conducta. Es natural que nos preocupe cómo viviremos en la vejez o cómo enfrentaremos un problema de salud, pero cuando el tema se percibe complejo y lejano, la reacción más habitual es postergar. Y en materia previsional, el tiempo importa: comenzar a ahorrar antes, aunque sea con montos pequeños, puede marcar una diferencia importante en el largo plazo. La complejidad, en cambio, paraliza. De hecho, el mismo estudio muestra que 87% de los chilenos no se siente preparado actualmente para su jubilación. Además, un 45% declara no haber realizado ninguna de las acciones consultadas para proyectar su jubilación durante 2025 o 2026. Estas cifras invitan a facilitar los primeros pasos, como revisar el ahorro acumulado o realizar una simulación de pensión.
Ahí es donde la educación financiera se vuelve clave. Saber que existe una herramienta de ahorro no significa necesariamente entender cómo funciona, cuánto podríamos ahorrar o qué alternativas se ajustan mejor a nuestras posibilidades. Tampoco basta con conocer conceptos como ahorro voluntario, rentabilidad o riesgo, si no que acercar esa conversación a preguntas concretas: qué objetivo persigo, cuándo necesitaré el dinero y qué riesgos y costos estoy dispuesto a asumir.
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La preocupación por el futuro es evidente: entre quienes aún no se jubilan, un 59% estima que su futura pensión no le permitirá mantener su calidad de vida y que esta será mucho más baja. Pero debemos reconocer las restricciones del presente. El estudio señala que, entre quienes no ahorran, un 76% declara que el dinero no le alcanza. La educación puede ayudar a organizar las finanzas y evaluar opciones, pero su aporte debe entenderse junto con las condiciones de empleo e ingresos y la protección que ofrece el sistema previsional.
Para avanzar necesitamos una educación financiera que acompañe a las personas durante las distintas etapas de su vida. Explicar, por ejemplo, qué efecto tiene comenzar a ahorrar a los 30 en vez de a los 50 años, cómo comparar alternativas o cómo incorporar pequeños montos de ahorro al presupuesto mensual puede ser mucho más efectivo que entregar grandes cantidades de información técnica. Además, existe una oportunidad concreta: 61% de las personas manifiesta interés en capacitarse. Las ganas de aprender están, ahora el desafío es construir caminos más simples para transformar ese interés en conocimiento y, finalmente, en acciones.
La educación financiera debe acompañar el desarrollo de nuestro sistema previsional con un esfuerzo permanente, más allá de octubre. Una persona que entiende su situación y puede evaluar sus opciones está en mejores condiciones para planificar. Ese es el aporte que debemos impulsar desde la industria financiera: hacer que las decisiones sobre el futuro sean más comprensibles y posibles para las personas.