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Pilita Clark

Londres es una sede cada vez más atractiva para conferencias empresariales

Pilita Clark

Por: Pilita Clark

Publicado: Lunes 26 de octubre de 2026 a las 04:00 hrs.

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Mientras misiles letales lanzados por los hutíes impactaban contra el aeropuerto internacional de Riad, personas de todo el mundo seguían llegando a la capital saudí para asistir a una de las conferencias más importantes del sector del petróleo y el gas.

Al llegar al Congreso Mundial del Petróleo, se encontraron con que varios nombres destacados que figuraban en la agenda no habían aparecido. Los directivos de ExxonMobil, TotalEnergies, Shell y BP cancelaron su asistencia tras los ataques, que causaron al menos una docena de muertos y cientos de heridos.

Es probable que otras figuras relevantes opten por no asistir a otra conferencia internacional que comenzará dentro de una semana en Riad, el llamado “Davos en el desierto”.

“En una época en la que la guerra y los conflictos políticos afectan a lugares cada vez más inesperados, éstos son logros que deben celebrarse y que nunca deben darse por sentados”.

Es posible que ésta no sea la última vez que ocurra algo así en un mundo complejo que no muestra señales de mejorar. Ya se han cancelado o pospuesto varias ferias comerciales y convenciones en el Medio Oriente a medida que se prolonga el conflicto en el que está implicado Irán.

Como alguien que asiste con frecuencia a conferencias, estos desalentadores acontecimientos me han llevado a preguntarme: ¿qué ciudades se consideran actualmente los mejores lugares para celebrar encuentros empresariales? Para mi sorpresa, resulta que vivo en una de ellas. Londres ha sido elegida, por cuarto año consecutivo, como la mejor sede de Europa para la celebración de eventos y reuniones, según una prestigiosa clasificación elaborada por Cvent, una empresa tecnológica especializada en el sector de las conferencias.

Una vez más, hemos superado a Barcelona, Madrid y Lisboa. Incluso París ha tenido que conformarse con el quinto lugar. Digo “hemos”, a pesar de que soy una australiana que se ha trasladado a vivir en Londres; formo parte del más del 40% de los londinenses que han nacido en el extranjero. Se trata de una proporción superior a la de París, Berlín e incluso Nueva York, lo cual es un grato recordatorio de que Londres es una de las grandes ciudades más diversas del planeta.

Cvent apenas menciona este hecho en su lista de razones por las que se le ha otorgado a Londres una posición tan destacada. Sin embargo, los factores que menciona ponen de relieve lo revelador que resulta observar tu propia ciudad desde la perspectiva de un visitante. Los extensos centros de convenciones a los que, por motivos de trabajo, a veces tengo que desplazarme, son, al parecer, de nivel mundial.

El aeropuerto de Londres-Southend hace que contemos con seis aeropuertos. Además, hay más de 80 restaurantes con estrellas Michelin y, según los datos de Cvent, 200 museos, 270 teatros, 857 galerías de arte y cuatro lugares declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Todo esto ayuda a explicar por qué el London Convention Bureau -una división de la agencia oficial de desarrollo de la ciudad- espera recibir este año cerca de 80 mil visitantes que acuden a convenciones. Miles de reumatólogos y urólogos ya han pasado por aquí para celebrar sus respectivos encuentros. El año que viene tendrá lugar la 44ª Conferencia Mundial Scout, además de un gran número de delegados del sector portuario y una multitud de convenciones tecnológicas.

Lo más llamativo es que los grandes atractivos para quienes asisten a estas convenciones no son más que una pequeña parte de lo que Londres les ofrece actualmente a sus residentes habituales.

Desde este año, es posible nadar al aire libre durante todo el año en un lugar tan inesperado como Canary Wharf. Se puede llegar hasta allí utilizando la línea Elizabeth, que ha transformado los desplazamientos por la ciudad. O bien en bicicleta, a través de las “superautopistas” para ciclistas que han revolucionado el transporte sobre dos ruedas.

También se puede optar por el metro que te permite cruzar la ciudad en una fracción del tiempo que llevaría recorrer esas mismas distancias en otras grandes urbes. Ni siquiera hace falta hacer cola para comprar un boleto: basta con pasar una tarjeta de crédito en la puerta de entrada.

Esta semana ocurrirá algo aún más sorprendente. Tras años de disputas y falsos comienzos, una sección de Oxford Street de casi un kilómetro de longitud quedará cerrado al tráfico, iniciando así, por fin, la peatonalización de esta famosa calle comercial.

Como suele ocurrir, los críticos auguran un caos: el tráfico desviado obstruirá las calles adyacentes. La recolección de basura no funcionará. La gente se sentirá insegura por la noche, y así sucesivamente. Sospecho que los escépticos terminarán equivocándose y que la iniciativa tendrá tanto éxito que lamentaremos no haberla puesto en marcha hace años.

Al menos, eso espero. Ver cómo una ciudad se ilumina y mejora es un placer tanto para los visitantes como para los residentes. En una época en la que la guerra y los conflictos políticos afectan a lugares cada vez más inesperados, éstos son logros que deben celebrarse y que nunca deben darse por sentados.

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