Más allá de las tensiones globales derivadas de dos guerras en desarrollo, la polarización que se advierte en buena parte de los países del mundo, así como la falta de sensatez y la violencia que se desprenden de discursos populistas en distintos rincones, el foco de lo que viene estará puesto en la dimensión económica más pura. Bajo esa mirada, cobran especial relevancia los aportes de los recientemente galardonados Premios Nobel de Economía, Robert Hall y Michael Woodford.
No parece casualidad que, advirtiendo una economía global que ha incubado importantes desequilibrios, con una inflación que se ha tornado persistente, junto a enormes desbalances fiscales, los economistas honrado hayan destacado por sus contribuciones a la estabilización de las economías.
Las políticas económicas apuntan a sostener y estabilizar el crecimiento. En este ámbito se distinguen a los keynesianos con foco en mantener la dinámica de la demanda interna, y los monetaristas, cuyo referente es Milton Friedman, que apuntan a la oferta de dinero. Los reconocidos Hall y Woodford son exponentes de lo que se ha llamado Neo Keynesianismo, construyendo su análisis sobre fundamentos microeconómicos. Como resultado de los comportamientos individuales se reconoce el desempeño macro, con implicancias sobre la inflación y el crecimiento, en una suerte de perspectiva bottom-up.
“Es clave retomar la estabilidad, a pesar de los costos que ello podría significar”.
Hall plantea que los hogares determinan su patrón de consumo en función de los ingresos futuros. Frente a ello, si se produce algún evento de carácter transitorio, los efectos sobre la dinámica de consumo son menores. Por el contrario, si se reconocen shocks permanentes, se producen ajustes significativos. Esto se observa en EEUU, donde el impacto de la IA en el crecimiento económico y la productividad contribuyen a sostener patrones de consumo más elevados, a pesar del alto riesgo global. En Europa, el modelo de bienestar establecido hace setenta años se torna insostenible, dado el bajo crecimiento de la región, insuficiente para financiar los crecientes gastos sociales, ante el envejecimiento de su población, millonarios subsidios y distorsiones. La regulación en extremo estricta, junto a rigideces y fricciones en sus mercados, han limitado la innovación y el dinamismo de su economía. Resulta difícil implementar un ajuste fiscal de la magnitud y urgencia requerida, en medio de protestas violentas y convulsión social. En Chile, por su parte, las rigideces estructurales introducidas en los últimos años en el mercado laboral han multiplicado las dificultades para crear nuevos empleos. Siguiendo a Hall, eso golpea de forma la dinámica de consumo de los hogares.
Woodford, por su parte, es un referente para los bancos centrales del mundo por el modelamiento que incorpora el concepto de precios pegajosos y competencia imperfecta. Nos dice que la política monetaria debe dar guías respecto a los movimientos esperados en su tasa de interés, de forma de hacerla más efectiva. También plantea el concepto de tasa de equilibrio, que se ve afectada por innovaciones que impactan la productividad. De ello se desprende que la IA estaría desplazando ese equilibrio.
La academia se ha pronunciado respecto del actual momento económico, entregando elegantemente señales respecto de dónde debieran estar los focos. Es clave retomar la estabilidad, a pesar de los costos que ello podría significar, de forma de conducir los procesos de desarrollo en el mundo de forma más efectiva y sostenida.