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Columnistas

Tu primer directorio: el pituto y los headhunters

ALFREDO ENRIONE DIRECTOR CENTRO DE GOBIERNO CORPORATIVO Y SOCIEDAD ESE ESCUELA DE NEGOCIOS, U. ANDES

Por: Alfredo Enrione

Publicado: Martes 3 de noviembre de 2026 a las 04:00 hrs.

Nadie “asciende” a director. Lo invitan. A gerente general se llega después de años en que jefes, pares y directorio vieron de cerca tu desempeño. El primer asiento en un directorio, en cambio, se decide en un mercado sin escalera, sin avisos y con muy pocas reglas escritas.

Sobre la carrera al cargo de CEO hay bibliotecas enteras. Sobre cómo se cruza el umbral del directorio, casi nada. Por eso la profesora Ruth Aguilera, de Northeastern y Esade, junto a sus colegas de IMD, encuestó a 830 directores de 47 países. Este año sumamos al estudio a 277 directores latinoamericanos, en su gran mayoría de empresas con dueño. 

El primer hallazgo no sorprenderá a nadie que haya almorzado alguna vez con un controlador. El 95% entró porque alguien que lo conocía le abrió la puerta, casi siempre un accionista o el presidente del directorio. Solo el 12% llegó por un proceso formal. En el resto del mundo la red también manda, pero en una región de propiedad concentrada la regla se vuelve casi absoluta. Llamémoslo por su nombre chileno: pituto.

“Entre los hombres, el 37% dijo que lo que más pesó en su nombramiento fue haber sido gerente general. Ellas llegaron con otras cartas: haber integrado el equipo gerencial, experiencia legal y de cumplimiento, tecnología o sostenibilidad”.

Hay quienes, escandalizados, piden concursar cada silla como si fuera un cargo de Alta Dirección Pública. Yo no comparto esa indignación fácil. Cuando el dueño pone su patrimonio en juego, prefiere a alguien en quien ya confía, y eso tiene bastante lógica. El costo aparece en otro lado. Si la única puerta es la red, el talento que no está en ella simplemente no existe.

Y ahí apareció lo más interesante. El 16% de las mujeres llegó a su primer directorio a través de un headhunter o un proceso de búsqueda, contra apenas el 4% de los hombres. Fuera de la región la brecha es casi idéntica (cerca de 18% contra 5%). Ningún hombre de nuestra muestra mencionó a un headhunter como la persona que le abrió la puerta. Ni uno.

Las credenciales cuentan la misma historia. Entre los hombres, el 37% dijo que lo que más pesó en su nombramiento fue haber sido gerente general. Ellas llegaron con otras cartas: haber integrado el equipo gerencial, experiencia legal y de cumplimiento, tecnología o sostenibilidad. Con unas setenta mujeres en la muestra, cada punto porcentual es poca gente, así que conviene leer estas cifras con cautela, aunque la coincidencia con el estudio global les da bastante peso.

¿El headhunter corrige el sesgo o le arma a las mujeres un carril aparte? Apuesto a que ambas cosas a la vez. ¿Quién decide qué búsquedas se encargan? ¿Quién arma la terna? ¿Quién hace la última llamada antes de la junta de accionistas? Casi siempre, el mismo presidente que antes llenaba la silla con un conocido. Si un directorio contrata headhunters solo cuando busca una mujer, el problema no se resolvió. Se cambió de oficina.

Hay también una buena noticia. Antes de 2010, ninguno de los directores de la muestra llegó a su primer asiento por un proceso formal. Desde 2018, lo hizo el 18%. Y en el mismo período el ejecutivo de la casa que pasa al directorio bajó de 46% a 22%. La puerta de mercado ya existe, aunque vive casi entera en las sociedades abiertas, donde las AFP y otros inversionistas institucionales piden procesos que se puedan explicar.

Si el directorio sigue pidiendo “un ex gerente general”, que no se sorprenda cuando la terna llegue de corbata.

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