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Editorial

Diversificar proveedores de un insumo clave

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Publicado: Martes 6 de octubre de 2026 a las 04:00 hrs.

La decisión del Ejecutivo de buscar nuevas fuentes de suministro de diésel apunta en la dirección correcta, en la medida que se trata de una necesidad estratégica para Chile. Nuestro país importa prácticamente el 100% del petróleo que consume, mientras que las refinerías locales solo pueden abastecer entre el 30% y 40% de las necesidades de diésel -vía ENAP-, por lo que el alza en su precio internacional es particularmente sensible.

Si bien la incertidumbre global pareció disiparse luego de que Donald Trump descartara prohibir las exportaciones de este combustible, tras el acuerdo con el G7 para liberar reservas de emergencia, la advertencia expuso la vulnerabilidad y los riesgos para el país de concentrar el abastecimiento en un único proveedor, ya que EEUU suministra el 90% de las importaciones de diésel en Chile. Garantizar la continuidad de un insumo esencial, exige diseñar e implementar proactivamente alternativas comerciales que blinden al país ante eventuales restricciones comerciales.

La advertencia expuso la vulnerabilidad para el país de concentrar el abastecimiento en un único proveedor.

La vulnerabilidad energética se ha agudizado ante una crisis global que no da tregua. La guerra con Irán y los ataques a refinerías rusas por parte de Ucrania han fracturado la oferta mundial, mientras que las elecciones de medio mandato en EEUU presiona a Washington a intervenir para contener los altos precios internos. Si bien la reactivación parcial de los flujos desde Medio Oriente podría otorgar cierto alivio, aún persisten amenazas a la navegación y restricciones en los productos refinados, por lo que una mayor disponibilidad de petróleo no asegura un suministro suficiente de diésel. Y en Chile, la situación puede ser crítica.

En un país extendido geográficamente y dependiente del transporte terrestre, un desabastecimiento prolongado dificultaría y encarecería desde la distribución de alimentos hasta el funcionamiento de motores industriales, provocando un impacto económico severo en las cadenas logísticas y población en general.

En ese contexto, la misión a Medio Oriente que encabezará la ministra de Energía, Ximena Rincón, ofrece una oportunidad para ampliar las opciones de suministro. Y aunque su resultado deberá evaluarse por las alternativas comerciales y logísticas que posibilite, y por su viabilidad una vez superada la urgencia actual, este despliegue diplomático marca el rumbo correcto al asumir que la soberanía energética de Chile ya no puede depender de un proveedor único.

Esta coyuntura es también propicia para recordar la Estrategia Nacional de Electromovilidad, actualizada en junio de este año, y que amplió acertadamente su alcance hacia el transporte pesado, un sector donde sustituir gradualmente el diésel permitiría reducir esta exposición externa. Sin embargo, para atraer inversión y logística competitiva, la renovación de flota exige desplegar con urgencia infraestructura de carga interurbana y redes eléctricas confiables.

La trascendencia de esta agenda no solo dependerá de si se logra una planificación de largo plazo que coordine proveedores, logística e inventarios estratégicos en el mercado de la electrificación, sino también de sostener en el tiempo una tarea cuyo horizonte debe superar la urgencia y dar permanencia a las decisiones que resguarden el desarrollo sostenible de Chile.

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