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Editorial

Francia y lecciones fiscales

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Publicado: Martes 20 de octubre de 2026 a las 04:00 hrs.

Las recientes protestas en Francia, originadas, entre otros factores, por el alto costo de la vida, han vuelto a encender las alarmas en Europa y agravan las dificultades de la administración francesa para corregir sus graves desequilibrios macroeconómicos. Como segunda economía de la eurozona, detrás de Alemania, lo que ocurre en el país repercute en toda la región. Su creciente deuda pública alcanza el 119% del PIB, con un déficit fiscal proyectado de 5,4% y un crecimiento de apenas 0,5% este año. Los analistas económicos señalan que el escenario refleja la vulnerabilidad del modelo de bienestar europeo, cuyos compromisos permanentes de gasto chocan con una economía prácticamente estancada y que gasta más de lo que produce.

La tasa de referencia de la deuda francesa a diez años escaló al 4,85% este lunes, frente al 0,15% de mediados de octubre de 2021. Este encarecimiento afecta tanto el financiamiento del déficit como la renovación de los bonos que vencen, con un impacto relevante en el presupuesto. El Ejecutivo francés estima que los intereses aumentarán en 12 mil millones de euros el próximo año, recursos que se destinarán a pagar el costo de una deuda abultada, en lugar de invertirse en mejorar los servicios públicos que la ciudadanía exige en las calles.

Las crisis fiscales no siempre se manifiestan como un colapso financiero repentino.

Por su parte, el déficit de los regímenes básicos de Seguridad Social y el Fondo de Solidaridad para la Vejez alcanzó los 21.600 millones de euros en 2025, un alza del 41% respecto del año anterior, con especial gravedad en salud y pensiones. Si bien el envejecimiento y la evolución del mercado laboral exigen revisar su financiamiento, la solución no puede pasar únicamente por recortar el gasto social. Francia necesita mejorar su eficiencia administrativa, racionalizar las obligaciones del Estado y generar condiciones que impulsen la inversión privada y la productividad.

A diferencia de la crisis del euro de 2010–2012, París cuenta hoy con herramientas del Banco Central Europeo para intervenir ante tensiones en el mercado de bonos que afecten al mercado monetario. Sin embargo, este respaldo está sujeto a condiciones de sostenibilidad fiscal y no reemplaza la tarea política de lograr acuerdos nacionales para equilibrar los ingresos y los gastos.

La fragmentación de su Parlamento vuelve esquiva esa meta. Con las elecciones presidenciales de abril de 2027 en el horizonte y debates cruzados por la inmigración, aumenta el riesgo de promesas sin financiamiento, justo cuando el escaso margen fiscal obliga a explicitar los costos de cada medida.

La experiencia francesa debe ser leída como una advertencia para Italia, España y otras economías europeas donde el estado de bienestar convive con una alta deuda pública. Las crisis fiscales no siempre se manifiestan como un colapso financiero repentino, ya que pueden avanzar mediante una pérdida gradual de capacidad estatal para invertir y sostener los servicios básicos. Aliviar el malestar social con más recursos sin financiamiento permanente, podría encarecer la deuda y exigir un ajuste posterior más complejo. La negociación presupuestaria francesa pondrá a prueba la capacidad de recuperar credibilidad fiscal y respaldo político, y abrirá en Europa el debate sobre cuánto tiempo más puede postergarse la adaptación del Estado de bienestar antes de que los intereses absorban los recursos necesarios para sostenerlo.

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