Descifrando a May Chomali, la reservada ministra de salud de kast
Hermana del arzobispo de Santiago, de ascendencia palestina y sin domicilio político. Definida como una profesional técnica, seria, organizada. Con reconocida trayectoria en el sector público y en el privado. Madre de cinco hijos. Entre sus dolores, está la muerte de su primogénita a los 8 años. Estos son los caminos que ha recorrido la doctora May Chomali.
Por: Martín Baeza, Patricio De la Paz e Italo Sciaraffia
Publicado: Sábado 31 de enero de 2026 a las 21:00 hrs.
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El abrazo fue sincero y empezó antes de que los flashes de las cámaras las atacaran. En un pasillo del hotel Le Méridien (el exCrowne Plaza, en el centro), la ministra de Salud, Ximena Aguilera, le daba la bienvenida a su inminente reemplazo, May Chomali.
Puede sonar contraintuitivo, teniendo en cuenta que representan a dos gobiernos que son como el yin y el yang, pero entre ellas hay una relación de amistad. No es extraño: la transversalidad política es una característica que cualquiera que conozca a Chomali va a destacar.
La casi ministra ingresó a un salón lleno de autoridades del sector salud, ejecutivos de aseguradoras, dirigentes gremiales, funcionarios del ministerio y hasta representantes del Banco Mundial. Saludó con recato. Eso tampoco es extraño: quienes la conocen coinciden en su estilo más bien serio, sin exageraciones. No lo iba a cambiar ni siquiera en lo que se consideró, este lunes en la mañana, su primera aparición pública tras ser confirmada en el gabinete.
La actual ministra la invitó personalmente a un seminario sobre innovación, y así lo hizo saber Chomali a los presentes. “La doctora Aguilera pidió expresamente que estuviera en esta reunión, lo que me parece de una generosidad incalculable. Muchas gracias Ximena”.
Habló poco más de tres minutos y se retiró, pidiendo disculpas, porque tenía que asistir a una reunión con Contraloría. Había poca prensa, pero de todas formas se negó a hablar. “Todavía ni soy ministra”, se excusó.
Qué piensa May Chomali es una pregunta que sigue teniendo misterio. “Trabajé más de 10 años con ella y nunca hablamos de política”, dice un antiguo compañero suyo de la Clínica Las Condes (CLC). “Nunca se le ha visto con los colores de nadie, es hiper independiente”, coincide un antiguo jefe suyo en el mismo lugar.
“Trabajé más de 10 años con ella y nunca hablamos de política”, dice un antiguo compañero suyo de la Clínica Las Condes (CLC).
Eso, en todo caso, pudo haberle costado el cargo. En la repartija ministerial, con los partidos disputando cada milímetro, la falta de redes políticas puede pesar. Incluso, hubo voces en la derecha que acusaron que José Antonio Kast le estaba dando el Minsal a una mujer de centroizquierda.
“Pero pensar eso es muy equivocado. Lo que pasa es que ella es muy transversal, tiene un pensamiento amplio que le permite dialogar con distintos sectores, lo cual es distinto a que sea de centro izquierda”, señala Juan Luis Castro, ex presidente del Colegio Médico, actual senador socialista y compañero de Chomali en la universidad.
Aún se sabe poco cómo ella se conectó con el Presidente electo. Algunos dicen que fue Manuel Inostroza (históricamente DC, superintendente con Lagos y Bachelet) quien la recomendó. Otros sostienen que fue Jaime Mañalich, de quien Chomali fuera su mano derecha en la CLC. Lo concreto es que a fines de diciembre, se terminó reuniendo personalmente con Kast y se convenció. Sería ministra.
No hay dudas de su altura técnica para el cargo. “Técnicamente muy potente”, “referente de calidad y gestión clínica”, “una autoridad en la medicina”, “conocedora del mundo de salud público y privado” son algunas de las respuestas que dan exautoridades y excompañeros de trabajo de Chomali consultados para este reportaje.
Es descrita como una mujer de trato agradable, pero a la vez directa y que va de frente. “Transparente, sin doble discurso”, resume Erwin Buckel, exdirector médico de la CLC, que la tuvo como subdirectora.
Las alertas, en cambio, vienen justamente de su falta de redes políticas. En el Minsal, la crisis es parte del paisaje y, además de capacidad técnica, requiere de muñeca. Un presupuesto que nunca alcanza, listas de esperas abarrotadas y gremios políticamente muy activos son sólo algunos de los desafíos para los ministros de esa cartera. Por eso, quienes conocen a Chomali advierten desde ya que será determinante de quién se rodee. “Debe armar buenos equipos negociadores y hábiles en la navegación política y gremial, las dos áreas sensibles para un ministro de Salud”, opina Castro.
Por ahora, se ha acercado a algunas personas de Renovación Nacional (RN). De hecho, ya definió a su jefa de gabinete: Samira Chahuán (32), militante de ese partido. Socióloga de la UNAB, también fue jefa de gabinete en la Seremi de Salud de Valparaíso durante Piñera II y candidata a diputada por esa región.
El presidente electo José Antonio Kast presenta a su ministra de Salud, May Chomali.
Asuntos de familia
Su padre, Juan Chomali Celse, fue el odontólogo de cabecera de mandatarios como Jorge Alessandri y Eduardo Frei Montalva. Su madre, Hilda Garib Aguad, se encargó de la casa y de los hijos. Lo que no era poco trabajo, ya que los Chomali Garib son cinco hermanos, todos seguidos unos de otros. May es la tercera.
Todos estudiaron en la Alianza Francesa. Se dice que lo eligieron porque el padre dentista tenía al director de ese establecimiento como paciente. El hermano mayor, Juan Adolfo Chomali Garib, llegaría a ser gerente en el BCI. El segundo, Fernando, es el actual arzobispo de Santiago. May es médico, con estudios de posgrado en Epidemiología y Salud Pública. El cuarto, Jaime, es diplomático y fue nombrado por el presidente Boric como embajador en Australia, cargo que dejó en enero de 2025. La última, Carmen Luz, se desempeñó dos décadas como profesora en el mismo colegio francés al que ella y sus hermanos asistieron.
Es una familia, dicen quienes la conocen, bastante unida. Cuentan que usan dos WhatsApp. Uno en que están sólo los hermanos. En el otro, agregan además a sus hijos, que suman casi una quincena y que, en lo que ya es casi una tradición familiar, estudiaron también en la Alianza Francesa.
May Chomali está casada con Fernando Atal y tiene cinco hijos: Raimundo, Juan Pablo, Vicente, Ignacio y Gabriela. Sus edades fluctúan entre los 43 y los 29 años. Varios viven en el extranjero, donde han hecho estudios de posgrado. Raimundo, por ejemplo, es economista especializado en medio ambiente y energía y es hoy investigador en NYU. Ignacio vive en Francia, donde es un destacado investigador en educación. “La menor, Gabriela, es cantante; la he visto en videos”, comenta una antigua amiga de May.
Es en este rol, en el de madre, que la próxima ministra tiene un dolor inmenso. En 1988, la mayor de sus hijas, Catalina, falleció producto de un cáncer cerebral. Entre el diagnóstico y su muerte pasaron apenas cuatro meses. La niña tenía 8 años. “Yo conocí a May con esa pena, ya había sufrido esta pérdida -recuerda Teresa Morales, quien trabajó con ella en el Servicio de Salud Metropolitano Oriente-. Hablaba muy poco de eso. Cuando íbamos a su casa en esos años, había una foto de la niña en la entrada”.
“Yo conocí a May con esa pena, ya había sufrido esta pérdida. Hablaba muy poco de eso. Cuando íbamos a su casa en esos años, había una foto de la niña en la entrada, recuerda Teresa Morales, quien trabajó con ella en el Servicio de Salud Metropolitano Oriente.
Una entrevista de 2021, en La Segunda, ha sido posiblemente la única vez que ha hablado más públicamente del tema. “Uno se pregunta por qué a mí, pero también por qué no, si a tanta gente le pasan cosas así -decía-. Mis hijos fueron un pilar fundamental, fueron muy pacientes conmigo. Pasé por un periodo de mucho enojo. Pero después llegaron dos niños más a mi vida que me dieron mucha esperanza (…). Me hice más empática. Cuando alguien me está hablando de dolor sé lo que me está diciendo. También, aunque siempre he sido muy activa, me volví más reposada. Hoy hay una May antes y después de la Catalina”.
La raíz palestina
Teresa Chomali es prima en segundo grado de la próxima ministra de Salud y es también doctora. Formó un grupo que se llama Médicos por Palestina. El año pasado, cuenta, hicieron una marcha donde participó May. Organizaron además otras acciones, juntaron dinero y trataron de enviar insumos médicos quirúrgicos. “Como familia mantenemos vínculos directos con Palestina, con parientes allá”, explica Teresa. “May participó en alguna ocasión conmigo, aunque no es tan comprometida como yo.”
Cuenta también que como sus abuelos llegaron a Chile desde Palestina con pasaporte turco, no tenían certeza de sus fechas exactas de nacimiento. Por eso, durante años las grandes celebraciones no giraron en torno a los cumpleaños, sino a los santos. San Pedro y San Pablo era la fiesta familiar más celebrada, donde se reunían abuelos, padres, hijos y nietos. Jugaban naipes y comían comida árabe. Durante la infancia, los veraneos familiares eran en Papudo y achoclonados en las casas de los abuelos.
Hace más de 15 años, recuerda Teresa, la familia organizó una “Chomalíada”. La idea surgió porque los primos, que eran muchos, ya no se conocían entre sí. El encuentro se realizó en el Colegio Médico y reunió a más de 200 personas. Para reconocerse entre generaciones, los descendientes de los abuelos llevaban letreros que indicaban si eran sobrinos o nietos de Natalino, el abuelo de May, o de Pedro, el abuelo de Teresa.

El año pasado, en una marcha de Médicos por Palestina.
“May no es extrovertida, es seria. En la vida profesional es cuidadosa. En el ámbito familiar es distinta: cariñosa con sus hijos y sus hermanos; ahí es más expresiva”, relata su prima.
La universidad y los amistosos años en el SSMO
May Chomali estudió Medicina en la Universidad de Chile. Allí fue compañera del senador Juan Luis Castro. Él dice que no eran especialmente amigos, pero el trato siempre fue amable entre ellos. La recuerda como “estudiosa y seria. Muy apegada al currículum académico. Buena alumna, muy prolija. No tenía un rol en política universitaria, no se involucraba con ningún sector en particular”. Agrega que en esos años ella dividía también su tiempo con su casa, pues se casó siendo aún estudiante. Se titularon en 1985.
El primer trabajo largo de la doctora Chomali fueron sus nueve años en el Servicio Metropolitano de Salud Oriente (SSMO). Llegó en 1991 como epidemióloga, luego asumió como jefa del departamento de programa de personas y finalmente como subdirectora médica, hasta que en el 2000 dio el salto al mundo privado: a la Clínica Las Condes.
Bajo la jurisdicción del SSMO están institutos muy especializados como el de Neurocirugía o el Nacional del Tórax, y hospitales como el Calvo Mackenna o el del Salvador. “Posiblemente a la doctora Chomalí, como subdirectora médica, le tocó hacer el modelo de gestión del hospital Dr. Luis Tisné, cuya primera piedra se puso en 1999, cuando ella aún estaba aquí”, comenta una funcionaria del servicio.
En ese servicio, Chomali trabajó -entre otros profesionales- con Teresa Morales, educadora en salud, quien participaba en las campañas que emprendía el SSMO. En ellas era donde interactuaban directamente. “Yo ya estaba aquí cuando ella entró, era muy joven. Trabajando con nosotros se embarazó de su hija Gabriela. A mí me tocaba trabajar con la May en las campañas educativas del servicio, íbamos a los consultorios, a los hospitales. Humanamente ella era muy conciliadora, acogedora, respetuosa. Su estilo era muy organizado, técnico siempre, generaba respeto entre nosotros. Era simpática, pero seria. No la profesional que se hace la chistosa”.

La doctora May Chomali, en los 90, cuando trabajaba en el Servicio de Salud Metropolitano Oriente.
Del trabajo profesional pasaron a la amistad. Se formó un grupo reducido -que incluía, además de ellas dos, a médicos, químico-farmacéuticos, asistente social, enfermera- que empezó a reunirse con alguna frecuencia. Muchas veces en la casa de May Chomali, que entonces -recuerda Teresa- vivía en Lo Curro. “Era una vivienda que había pertenecido a su padre. Ella y su marido nos esperaban allí. También estaba la Ita, su nana y mano derecha. May es excelente cocinera. Hacía comida árabe, asados, brochetas”, recuerda Teresa.
Cuando May Chomali dejó el SSMO, recuerda su amiga, lo hizo sin dramatismos. “Con esa misma cosa seria tan suya, simplemente nos avisó. Para nosotros fue una gran pérdida”.
Dulce y agraz en CLC
Dos décadas pasó May Chomali en la CLC, desde 2000 a 2020, siendo un pilar de lo que se conoce como la época de oro de la clínica.
En las distintas posiciones que ocupó, cuentan colaboradores en esa etapa, estuvo siempre a cargo de todo lo que tenía que ver con los procesos médicos de calidad en la clínica. De hecho, lideró cuatro procesos exitosos de acreditaciones internacionales y otros tres a nivel nacional. Fue ella quien consiguió el sello de Joint Commission International (JCI), la entidad más exigente en términos de seguridad y calidad en la atención al paciente en todo el mundo, lo que por muchos años fue uno de los grandes orgullos de esa clínica.
“Para mí era una persona de mucha confianza, muy disciplinada y preparada en todas las áreas”, recuerda Buckel. Juntos tuvieron que liderar muchas reestructuraciones internas que eran “políticamente” complejas al interior de la CLC, y él dice que el apoyo de Chomali fue clave para cumplirle al directorio.
Además de los sellos de excelencia, la futura ministra tenía otro trabajo más complejo aún. “A ella le llegaban todos los reclamos, todos los temas de calidad. Y en eso, también recibía denuncias”, cuenta un exgerente.
Eso desembocaría en uno de los momentos más complejos de su carrera profesional. A pocos meses de que Chomali reemplazara a Buckel como directora médica de la CLC, recibió una denuncia de abuso sexual contra el oncólogo Manuel Álvarez.
Los primeros días, cuentan exejecutivos, fueron muy duros para ella, porque antes de que actuara, la denuncia de una enfermera ante la PDI se hizo pública, y eso provocó cuestionamientos. Pero ella dio vuelta la situación y, recuerda un exgerente, “se la jugó con todo”.
Dio la cara por la clínica en reportajes, colaboró con la investigación -al punto de que la abogada querellante la ha definido como un pilar de la misma- y se puso completamente del lado de las víctimas. “Si no las defendía yo, quién”, le dijo a La Segunda en 2021.
A la larga, el caso Álvarez terminaría en su salida de CLC. Cuando la administración de Alejandro Gil recontrató al oncólogo, hoy condenado a siete años de cárcel, Chomali renunció. Si bien volvió a asesorar a la clínica para la pandemia -“la fueron a buscar de rodillas como salubrista”, dice un doctor-, ahí se cortó el vínculo.
En 2023, el equipo de Gil perdería la acreditación de la JCI, la joya que Chomali había ganado para la clínica.
Memoria y DDHH: un cable a tierra
En abril de 2023, el Colegio Médico creó una Comisión de Verdad y Memoria para investigar las vulneraciones a los derechos humanos sufridas por médicos en la dictadura. Se eligió a un grupo reducido de profesionales para integrarla. Entre ellos, May Chomali, que resultó vicepresidenta de la instancia. “Fue una de las personas más activas dentro de la comisión e hizo sus tareas con mucha seriedad: revisar gran cantidad de documentación y escuchar el testimonio de médicos. Yo destacaría una cualidad muy especial de ella: fue capaz, a partir de la evidencia que fue conociendo y los testimonios, de cambiar algunas opiniones que tenía previamente de ese periodo”, cuenta el doctor Enrique Morales, quien presidió el grupo.
“Es más: a ella le tocó leer testimonios de médicos cuyos derechos humanos habían sido vulnerados; y algunos ella los conocía por el ejercicio profesional, pero nunca había sabido lo que les había ocurrido. La vi muy impactada. En un momento nos dijo que no necesitaba leer más testimonios, que le resultaba muy duro”, agrega Morales. “Se notaba afectada, pero eso no impedía que tuviera un buen raciocinio. Tiene un muy buen balance de las emociones”, señala el doctor Carlos Carvajal, también integrante de la comisión.
"A ella le tocó leer testimonios de médicos cuyos derechos humanos habían sido vulnerados; y algunos ella los conocía por el ejercicio profesional, pero nunca había sabido lo que les había ocurrido. La vi muy impactada", cuenta el doctor Enrique Morales
“No me cabe duda de que ella debe haberse sorprendido, ya que en su historia ella ha estado más bien distante de los hechos políticos”, agrega Juan Luis Castro.
En octubre de ese mismo año, cuando se hizo entrega del informe final, May Chomali habló: “Debo reconocer que produjo un impacto no sólo en mi persona… sino que tuvo un impacto también familiar: la posibilidad de conversar estos temas con mis hijos y de compartir lo que me había tocado conocer; compartir con ellos, que ya son adultos, pero que estuvieron más lejos que yo de todo este periodo. No lo hice solamente con mis hijos, sino que con mis hermanos”.
La ministra tecnológica
Fue en la CLC donde May Chomali se conectó con la innovación y la salud digital, lo que hoy asoma como su principal rasgo profesional y que, se espera, sea su foco en el Minsal.
Entre 2007 y 2009 fue pionera a nivel nacional implementando las fichas clínicas electrónicas en la clínica, que fue el primer centro de salud en América Latina en recibir la certificación HIMSS, vinculada a sistemas de información y gestión sanitaria.
Con ese currículum, a fines de 2020, aterrizó como directora ejecutiva del Centro Nacional en Sistemas de Información en Salud (CENS), que se enfoca en mejorar la atención de la salud de las personas a través de la aplicación de tecnologías en la salud y, particularmente, promoviendo la interoperabilidad de los diferentes engranajes del sistema público y privado.
En el CENS, además, estrechó sus vínculos con Ximena Aguilera, porque el centro trabaja permanentemente con el Minsal. Funcionarios de la cartera afirman que, por suerte, la relación entre ambas avizora un traspaso fluido y agradable.
“Eso no significa que ella crea que todo esté bien. Si aceptó ser ministra de un Gobierno que viene con una agenda de cambios profundos, en algo tiene que coincidir con eso”, advierte un conocido.
Esta cruzada de Chomali por la digitalización del sector la llevó también a ser columnista de esos temas en radio Cooperativa. Su última columna es del 6 de enero. Se titula “Salud digital: el talento humano es el motor del cambio”. No es larga: tiene 313 palabras.
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