Ximena Lincolao, próxima ministra de Ciencias: “Toda mi carrera en EEUU me preparó para esto”
La próxima secretaria de Estado prepara maletas para regresar a Chile con la misión de potenciar el país con el uso de la tecnología para convertirlo en un player global. Esta es la historia de la primera mujer mapuche ministra.
Por: María José Gutiérrez
Publicado: Sábado 21 de febrero de 2026 a las 21:00 hrs.
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Esta es la tercera gran mudanza de Ximena Lincolao (58).
La primera fue a los 18 años, cuando dejó su casa en Maipú -donde vivía con sus padres, sus dos hermanas y su hermano- para irse a la Cuarta Región a estudiar Licenciatura en Castellano y Filosofía en la Universidad de La Serena. La segunda ocurrió cinco años después, cuando ya titulada, sintió que quería más, y decidió probar suerte en Estados Unidos con sólo US$ 500 en el bolsillo. Casi 30 años más tarde, la hoy empresaria tecnológica está preparando sus maletas para regresar a vivir a Chile y jurar como ministra de Ciencias, Tecnología, Conocimiento e Innovación del gobierno de José Antonio Kast.
“Nosotros somos una familia de clase trabajadora. Nunca imaginé que iba a ser ministra. Es algo que no te pasa ni en los sueños más grandes”, asegura por Zoom desde la Avenida 19 de Washington DC, donde están los headquarters de BuildWithin, la empresa de software de IA nativa que cofundó en 2021 con la estadounidense Michelle Rhee.
Agrega: “Yo creo que a veces la vida es bastante serendipity, como dicen. Ahora entiendo por qué viví todo esto antes: toda la carrera que hice en Estados Unidos me preparó para esto”.
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La huella de los libros de Presidentes
En su historia, Ximena Fabiola Lincolao Pilquián varias veces mencionará a su padre, “una persona muy trabajadora, que llegaba muy temprano al trabajo y era el último en irse. Él hizo carrera como vendedor en ferreterías”, cuenta. También a su madre, “una mujer súper dedicada, muy buena madre, con la casa siempre limpia, con comida a la hora, con mucho cariño”.
Ambos mapuches -el padre 100%, la madre 50%-, oriundos de la Araucanía, se casaron jóvenes y se fueron a Santiago centro en busca de oportunidades para progresar. Se instalaron cerca de Vicuña Mackenna y cuando sus cuatro hijos empezaron a crecer, migraron a Maipú, a la Villa General Baquedano. Ximena, recuerda, tenía como 14 años entonces, e ingresó al Liceo Maipú Alcalde Gonzalo Pérez Llona. “Fue una vida de trabajo muy enfocada a tener una muy buena educación. Y yo creo que uno puede tener una buena educación en el sistema público. Fue suficiente para mí para poder tener una muy buena carrera en Estados Unidos, para hacer un doctorado en gestión pública de administración en Georgetown University y para haber hecho dos patentes”, dirá más adelante.
Con su progenitor compartía el amor por los libros. Él era fanático de las biografías de Presidentes. Lyndon Johnson, Roosevelt, Alessandri. Y a ella le gustaba la filosofía. “Mi papá y yo leíamos juntos a veces a Kant y Hegel, y cómo ellos influenciaron la política”, relata.
Con el mayor sacrificio, el matrimonio pudo darle educación universitaria a los cuatro hijos (los otros tres son profesora, periodista y abogado). Cuando le tocó a Ximena, se sentó con su padre a ver opciones. “En la Universidad de La Serena estaba (la Licenciatura en) Castellano y Filosofía y mi papá me dijo: ‘Ándate a La Serena, vas a tener a tus amigos, y hay una playa’”, cuenta. Así lo hizo. Se hospedó en una pensión en la que la dueña de la casa le daba comida y le lavaba la ropa, y se dedicó a estudiar.
Alcanzó a trabajar como profesora en esa ciudad un par de meses recién graduada. Pero, en esos momentos, asegura, las oportunidades para una persona humilde eran escasas. “Yo tenía muchas ganas de hacer cosas. Tú sientes esa energía de que ‘aquí no va a poder ser’. Y le conté a mi papá. Él me dijo ‘sí, ándate’. Mis papás con mucho sacrificio juntaron la plata para que yo me fuera. Y así llegué a probar suerte”, relata.
Quería inmiscuirse en la cultura norteamericana. Por eso descartó el estado de Florida, y en vez, desembarcó en Washington DC, estado de Columbia. Otra vez recuerda al padre: “Mi papá sabía mucho de Estados Unidos por las biografías y además él sabía mucho de geografía y de historia. Era una persona súper culta. Yo creo que por la misma razón que mi papá nació muy humilde y tuvo menos oportunidades que yo, los libros, el diario, todo eso lo informaban. Le encantaban las películas también, John Wayne. Él como que sabía cómo era Estados Unidos. Y cuando me vine, no lo hice pensando exactamente ‘esto va a pasar’, pero sí tenía una idea de que podría ser el comienzo de la vida, de explorar”.
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Plancho todo por US$ 20
Sólo tenía US$ 500 en el bolsillo. Partió arrendando una pieza a una familia panameña. No hablaba una gota de inglés, por lo que compró un diario en español para buscar trabajo. Fue a la sección restaurantes y se dio cuenta que la mayoría de los latinos o hispanos quedaban en la misma calle: Columbia Pike, en Arlington. Y partió allá a tocar puertas.
La contrataron en un restorán grande con bar, donde también se hacían eventos. Con eso, ya tenía una base financiera para empezar a moverse.
Se fue al World Credential Education Evaluators a convalidar su título universitario chileno. Luego de hacer algunos cursos que le faltaban en Trinity College y Catholic American University, lo logró. Con la plata del bar tomó clases de inglés en la Universidad de Georgetown. Y con el título convalidado y un aviso en el Washington Post con una oferta laboral para ser asistente del asistente de un profesor de matemáticas, comenzó su carrera profesional.
“Fui a la entrevista y me dijeron que estaba sobrecalificada para el trabajo porque sólo necesitaban que hablara español. ‘Pero si a ti no te importa, te contratamos’”, le señalaron. Ganaba cerca de US$ 10 mil al año, que no le alcanzaban para vivir, por lo que complementaba ese salario con otros empleos: cuidando niños, haciendo aseo, atendiendo el bar. Cuando tuvo un accidente en un pie y vio que no podría cumplir con su trabajo, puso un aviso en el supermercado del barrio: “Plancho todo por US$ 20”. Le llegaron bolsas repletas de ropa y logró juntar los US$ 100 que le faltaban para pagar el arriendo de ese mes. No sabía ni planchar, confiesa ahora.
“Llegué acá y mi vida cambió inmediatamente. Pude hacer lo que yo quería. Porque si tú quieres, puedes tener 10 trabajos, puedes no dormir si quieres. Eso cuando me vine no existía en Chile”, dice. Y agrega: “A mí Estados Unidos me acogió con los brazos abiertos desde el principio. He vivido una vida tan feliz, tan completa y con tantas oportunidades. Yo lo único que tenía era trabajar. Siempre he sido súper trabajadora, era la primera que llegaba, la última que me iba y cuando entré a ese trabajo de asistente del asistente, me dieron una promoción. Después fui asistente, luego fui profesora, de ahí coordinadora (del programa de matemáticas de DC Public Schools), de ahí asistente de directora de un colegio, después fui directora de otro colegio público, después fui la asistente del Superintendente de Educación. Yo hice la carrera desde abajo, abajo, abajo. Pero siempre fue una promoción detrás de la otra, fue un reconocimiento al mérito”, explica.
Entremedio, hizo un doctorado en administración y políticas públicas en Georgetown University.
“Cuando sientes que estás en un ambiente donde eres reconocida por tu trabajo, donde no hay estigmas por tu apellido, tu color de piel o lo que sea -en Chile los modelos mentales que existían en ese tiempo de una persona mapuche eran muy negativos-, las oportunidades de progresar, de crecer, son inmediatas”, añade.
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Salto tech
Del área de la educación pasó a la gestión. Ximena estuvo a cargo de la agencia de Parques y Recreación del gobierno de Washington, y luego fue jefa de gabinete del alcalde demócrata Adrian Fenty (hoy emprendedor tech). Allí, dice, aprendió de la interrelación de los ministerios y cómo se trabaja desde el sistema público hacia el privado.
Muchas veces conversó con padres y profesores sobre sus necesidades, por ejemplo, la falta de entrenamiento en los colegios para asistir en maniobras de resucitación. “¿A quién le puedo decir que hagan una ley que obligue a que esto ocurra?”, le preguntaban.
Explica que en EEUU entre el legislador, el senador, y los cargos más conocidos, había muchas instancias intermedias de toma de decisiones donde un ciudadano común no sabe navegar. “¿No debería haber una aplicación para conectar a las personas con sus legisladores?”, se preguntó.
Tenía la inquietud, pero no sabía de tecnología, así que se puso a investigar. “Todos los startups empiezan igual: una idea que viene de un problema real, y después armas un equipo de gente que está igual de apasionada que tú sobre ese problema o que es tan curiosa sobre cómo crear esa tecnología. Y eso fue lo que hice”, relata.
En el Google Intelligence Week, conoció a Patrick Stoddart, un joven de 19 años, y a Jeb Ory, quien ya había tenido dos startups previamente y que no habían funcionado. Les contó la idea, y con el nombre ya puesto -Phone2Action-, los convenció de sumarse a la naciente empresa. Corría 2012.
A la startup le fue bien. Se convirtió en la plataforma digital número uno para la defensa de causas de base y el involucramiento ciudadano. Recaudó más de US $ 80 millones en financiamiento institucional, cerró contratos con el 25% de las empresas del Fortune 100 como clientes, según el LinkedIn de Ory.
Artistas como Pearl Jam, Billie Eilish y Ariana Grande la han recomendado haciendo llamados de acción en sus conciertos, cuenta Ximena. Por ella, además, registró dos patentes, y fue citada en reconocidos medios como Forbes, Fast Company y Fortune.
En 2022 la compañía se fusionó con Quorum Analytics.
En el camino, la chilena se dio cuenta de otra cosa: que contratar personas para tecnología no era fácil, porque la competencia con las grandes tech era brutal. Entonces, para Phone2Action, habían creado semilleros de trabajadores tech. “Hicimos muchos partnerships con colegios, centros de formación técnica y contratamos gente que no tenía grado universitario, otra que sí, y combinamos. Y nos dimos cuenta de que podíamos tener excelente personal. Por ejemplo, todos los años recibíamos estudiantes de 15, 16, 17 años. Uno de esos estudiantes es ahora mi cofundador en esta nueva compañía”, explica.
Tras la venta de Phone2Action se propuso escalar el semillero para ayudar a otras empresas a generar sus propios semilleros. Y así nació BuildWithin, plataforma de software impulsada por IA para gestionar programas de formación técnica y capacitación laboral.
Esa empresa, enfatiza varias veces, no llegará a Chile. “Me saldré de la compañía, pero todo lo que he aprendido todavía lo tengo en la cabeza, en cuanto a utilización de inteligencia artificial para la gestión del Gobierno. Y también la importancia y la urgencia que existe en usar tecnología moderna, pero que sea humana también”, dice.
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El sueño
Ximena conoció a José Antonio Kast en EEUU años atrás, así como a tantos otros políticos y estudiantes de políticas publicas que visitaban Phone2Action, “porque era una compañía que era muy reconocida en el área de participación cívica”, comenta. “Me encontré con la sorpresa de conocer a una persona que tiene un tremendo amor por Chile”, añade.
El ahora Presidente electo la llamó directamente con el ofrecimiento. Para Ximena Gates Lincolao (su apellido de casada; antes fue Hartsock, por su primer matrimonio), no era fácil venirse a Chile después de casi tres décadas fuera. “Hay un proceso que existe. Pero la oportunidad es tan grande, hay tantos elementos del país que se pueden potenciar para que Chile pueda competir globalmente”, señala.
Toma una pausa. “La mitad de mi carrera en Estados Unidos es gestión pública y la otra mitad, tecnología. Y hoy vivimos un momento donde la gestión pública tiene la oportunidad, la responsabilidad y el desafío de hacer que los ciudadanos de todas las regiones, desde las personas más vulnerables hasta los doctores, tengan la oportunidad de participar en la economía de la innovación”.
Lo conversó con su marido, un ingeniero norteamericano, y con su hijo Clemente, y juntos decidieron que debía aceptar. “La razón por la que mi marido me apoyó -porque mi hijo es muy chiquitito como para entender la ramificación de esto- es por la oportunidad única en la vida de ayudar en este momento único”, asegura.
Entonces Gates Lincolao recita apasionadamente los alcances de la tecnología y las oportunidades que tiene Chile. Habla de productividad, de educación y de las oportunidades para el mundo de la salud. Habla de convocar al mundo empresarial y emprendedor. Habla de capacitar a trabajadores técnicos para que se sumen a esta ola. “La IA también es infraestructura. No podemos tener software si no tenemos hardware, y el hardware necesita datacenters, y los datacenters necesitan otras cosas también. Entonces los trabajos del futuro no son solamente detrás de una oficina, sino que también son los electricistas, los plomeros (gásfiter) que pueden hacer refrigeración, etc. Una persona que por años solamente reparaba refrigeradores, por ejemplo, o arreglaba cañerías, hoy puede trabajar en una fábrica de IA, ganar una cantidad no menor de dinero, ser una persona extremadamente competitiva y sacar a su familia de una vida que nunca pensaron que podrían tener sin una carrera universitaria”, explica. Y agrega: ”La IA nos da la oportunidad de cerrar la barrera de la pobreza y solucionar problemas que hasta ahora han sido grandes desafíos”.
Esta conversación, que partió con ella en su oficina, continuó por las calles de Washington mientras camina a buscar a su hijo al colegio. Pocas horas después tomará el avión a Chile para afinar los últimos detalles antes de venirse de forma definitiva. “Yo tengo todavía mucha familia que vive allá, que veo mucho, y que están muy felices de esta oportunidad que me dio el Presidente Kast. Es la primera vez que hay una mujer mapuche como ministra”, asegura.
“La única diferencia mía con personas con las que me crié o de los barrios en los que yo estuve -que eran personas trabajadoras, que tenían más inteligencia o igual que yo-, son las oportunidades que se me han dado, y que han sido por mérito”, añade.
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