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Juan ignacio Brito

¿La hora final de la Cuba castrista?

Por: Juan ignacio Brito

Publicado: Miércoles 4 de febrero de 2026 a las 04:05 hrs.

Juan ignacio Brito

Juan ignacio Brito

El 2026 podría ser el año de la caída del régimen cubano como lo conocemos desde 1959. Un derrumbe catastrófico o negociado que provocaría el término de la más nefasta de las dictaduras latinoamericanas (lo que es harto decir). El colapso del autoritarismo castrista -ahora liderado por Miguel Díaz-Canel- superaría en espectacularidad y trascendencia a la captura de Nicolás Maduro y marcaría el inicio de una nueva era.

“La administración Trump aprieta las clavijas en el momento de mayor debilidad. Sin petróleo ni divisas, con una actividad turística a la baja, el régimen enfrenta una situación que parece insostenible”.

Cuba ha sido fuente de inestabilidad y conflicto para América Latina. Desde las guerrillas al terrorismo y el crimen organizado, la mano de La Habana ha estado presente por casi siete décadas en toda clase de excesos y desastres. Acabar con el régimen asestaría un golpe mortal a los violentos en la región, liberando además a un pueblo pauperizado y aherrojado por demasiado tiempo. Porque la vociferante utopía castrista devino rápidamente en pesadilla. Fidel se entregó a la Unión Soviética e incluso estuvo dispuesto a sacrificar a su pueblo en la Crisis de los Misiles de 1962. “Lo que fue una revolución es ahora una prostituta”, acusó entonces Huber Matos, compañero de Fidel en la Sierra Maestra y luego preso político y exiliado. El apoyo soviético le permitió a Cuba perdurar pese al embargo norteamericano, condicionamiento clave y excusa predilecta para justificar el fracaso del régimen.

La ayuda soviética se extinguió con el término de la Guerra Fría. Se creyó entonces que llegaría el ocaso. En 1992, el periodista Andrés Oppenheimer publicó La hora final de Castro. El libro fue un bestseller, pero su tesis resultó errónea. El Gobierno logró sobrevivir al “período especial” hasta que en los 2000 llegó al rescate el petróleo chavista.

Aunque aún vestía de verde oliva y usaba la retórica revolucionaria, Fidel sabía que la suya no era más que otra dictadura latinoamericana. “Entiendo cabalmente la situación en que me hallo, que es la de estar al frente de una revolución extinguida”, le hace decir Norberto Fuentes -otro desencantado que partió al exilio- al comandante en La autobiografía de Fidel Castro.

Nada funcionó para acabar con la dictadura. Ni los múltiples intentos de asesinato de la CIA y los exiliados contra Fidel, ni el embargo ni el diálogo. Cuando, tras el retiro definitivo del caudillo en 2011 y un acuerdo con su hermano Raúl en 2014, Barack Obama abrió las puertas a Cuba, la respuesta del régimen fue nombrar al inmovilista Díaz-Canel como Presidente, quien se ha conformado con administrar la decadencia. Los que se atrevieron a protestar, como en 2021, fueron perseguidos. Imposibilitados de votar en las urnas, los cubanos lo hacen con los pies: más de un millón de personas ha abandonado el país en el último lustro y hoy la población es menor que en 1985.

Ahora, con un régimen política, económica y moralmente quebrado, EEUU ha vuelto a la carga. La administración Trump aprieta las clavijas en el momento de mayor debilidad. Sin petróleo ni divisas, con una actividad turística a la baja, el régimen enfrenta una situación que parece insostenible y, literalmente, atraviesa su hora más oscura: 63% de los cubanos estuvo sin luz el sábado. Fiel a su estilo, Trump parece querer llevar a La Habana hasta el punto de quiebre para forzarla a negociar en desventaja y desesperación. Ha dicho que existen conversaciones con el liderazgo cubano, en lo que asoma como una estrategia similar a la utilizada con Maduro. ¿Está cerca, ahora sí, la hora final del régimen castrista en Cuba?

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