El historiador y doctor en Derecho llega puntual a la entrevista en un café de Providencia donde más tarde almorzará con Guillermo Parvex, autor de Un veterano de tres guerras. Desde que dejó de hacer clases en la Facultad de Derecho de la PUC en 2018 —renunció tras ser acusado de abuso de poder— Gonzalo Rojas Sánchez no ha vuelto al aula académica. Realiza algunos cursos en Foro Republicano, pero reconoce que extraña hacer clases.
“Me hace falta esa cosa tan entretenida de ver la cara de asombro del chiquillo de primer año de universidad. Pero no he tenido ninguna oferta”, dice. Se retracta: hace dos años, cuando mantenía un contrato de investigación en la Universidad San Sebastián le propusieron volver a dar clases, pero el entonces decano Andrés Chadwick le recomendó que mejor no accediera. Y a los 15 días, cuenta, le diagnosticaron un cáncer de próstata cuyo tratamiento ya está terminando. “En julio me dicen de qué tamaño es el ataúd o si me dan de alta”, comenta con su característico sarcasmo.
Gremialista, uno de los fundadores de la UDI y muy cercano a Jaime Guzmán, anticipa que este es un año muy importante para el mundo “guzmaniano”: se cumplen seis décadas de la Fundación del Movimiento Gremial en Derecho, el 1 de abril serán 35 años del asesinato del exsenador que este próximo 28 de junio habría cumplido 80 años. Actualmente están organizando distintas instancias de conmemoración, de las cuales Rojas participa activamente.
-¿Cómo se imagina que estaría Jaime Guzmán observando este gobierno que comienza en marzo y que es lo más cercano a su legado?
-Si él (Guzmán) no hubiera sido Presidente de la República, porque después de ganar la senaduría era una carta presidencial, creo que estaría conmovido. Ver al Presidente, porque yo ya no hablo más de José Antonio, ahora es el Presidente, con quien él tuvo un trato bastante cercano, sería emocionante. Hay una anécdota muy bonita: el último regalo de matrimonio que hizo Jaime fue a José Antonio Kast y María Pía. Ellos se casaron seis o siete días después de su muerte.
-Desde que Kast fue electo, ¿ha tenido alguna interacción con él?
-Ninguna. Ahí ha habido dos cosas: mi actitud personal de no involucrarme para nada, para no ser catete. Y después, una actitud muy prudente de parte de él de no aparecer rodeado de sus “amiguis”. En su primer círculo está Cristián Valenzuela, Alejandro Irarrázabal, Rodrigo Pérez Stiepovich, que se va a La Moneda como su abogado. Y hay un segundo o tercer círculo donde están Rodrigo Álvarez, Álvaro Cruzat, Darío Paya, Marcela Cubillos, entre otros. No quiero pautearlo de ninguna manera, él sabe que esas personas podrían estar disponibles para un eventual segundo o tercer tiempo del gobierno, pero no habría sido bonito que esa generación se “nucleara” ahora en torno al Presidente.
-¿Qué le pareció el gabinete?
-Me pareció muy bien el equilibrio entre pocos políticos de seis partidos distintos. Que haya muchos independientes también me parece bien, independientemente de que sean técnicos o gerentes, eso me da lo mismo. Las críticas que ha habido son injustas. Seguro que hubo “first choices” que dijeron que no, sería muy raro que 25 personas hayan dicho que sí a la primera. Eso pasa siempre.
Perdón la comparación, pero los equipos de fútbol buscan reforzarse con cinco tipos y de esos resultan dos, y tienen que conseguir los otros tres entre sus segundas o terceras opciones para armar el mejor equipo posible. ¿Qué habría pasado si hubiera habido 18 militantes de partidos políticos? La crítica habría sido: “Va a gobernar con la derechita cobarde a la que tanto atacó”. Mi predicamento es respetar absolutamente lo que el Presidente proponga. No está bien decir, como dijo Longueira: “Estos son ministros que, como el yogurt, tienen fecha de vencimiento”. ¡Qué clarividencia! ¿De qué mundo le bajó el rayo de luz para saber que fulanito va a durar hasta el 22 de julio?
“Normalidad extraordinaria”
“A mí el discurso del 14 de diciembre me encantó, partamos por ahí. Independiente de la repetición y de que fue muy largo. Ese es el José Antonio Kast que he conocido desde el primer día que entró a la universidad. Transparente y sencillo, lo que Carlos Peña llama en un comienzo ‘hombre de ideas simples’ y que después, en la insólita columna sobre su participación en la Academia de Ciencias Políticas, Morales y Sociales, rectificó cuando reconoce ‘al buen padre de familia que desde el vecindario quiere mejorar el país’”, plantea Rojas.
-Pero ahí Carlos Peña reitera que José Antonio Kast no despega mucho en el ámbito de las ideas.
-El Presidente Kast no es un intelectual público, no es un hombre de pensamiento original y en eso empalma directamente con Jaime Guzmán que se definía a sí mismo como un articulador del gran pensamiento cristiano occidental. Tiene una normalidad extraordinaria que lo caracteriza. Tenemos tanto afán los chilenos, sobre todo los que nos creemos intelectuales, de parecer extraordinarios que la normalidad del Presidente Kast es lo realmente extraordinario en el Chile de hoy.
-En una entrevista a El País usted decía que le gustaría que el Presidente fuera más instruido.
-Esa fue una torpeza mía. Preparé mucho esa entrevista, pero a veces soy un gallo torpe para decir las cosas. Yo había preparado la frase: ‘Me gustaría que tuviera más tiempo para estudiar’, y mira la estupidez que finalmente dije: ‘Me gustaría que estudiara más’. Y si Gonzalo Rojas descalifica a José Antonio Kast, es titular.
-Esta semana, en Bruselas, el Presidente electo dio un discurso donde se refería a los “ismos”, citando el feminismo, ambientalismo e indigenismo, que muchos leyeron con acento más ideológico. ¿Coincide?
-Él también tiene incorporada una formación. No estamos hablando de una persona que se maneja sólo con el ABC de la vida familiar y vecinal. Sin ser un intelectual público, es una persona que tiene una inserción muy clara en las ideas de la civilización cristiana occidental, las mismas que la izquierda viene combatiendo. Creo que esas ideas las irá promoviendo sin apurarse, con toda sencillez, desde su normalidad extraordinaria, consciente de que no va a poder mover la palanca hacia el otro lado completo. Pero si logra cambiar el curso de los acontecimientos, aunque no llegue a puerto en todo lo que quisiera, ya le da importancia a su gobierno.
-Se ha insistido en que este será un gobierno de emergencia donde la seguridad y el crecimiento económico van a ocupar prácticamente toda la agenda. ¿Cree que una vez ejerciendo el cargo, también van a entrar en esta agenda lo que usted llama “los bienes morales y culturales”?
-Sí, pero con mucha cautela. Porque lo que lo que puedes ganar por un lado, lo puedes estropear si eres torpe.
-¿Cómo pasó en la segunda convención constituyente?
-Esa es una afirmación que no comparto. Creo que cuando uno conoce lo que pasó realmente ahí adentro, algunas de las proposiciones de Republicanos eran bloqueadas rápidamente por gente de Chile Vamos. Y aparecían los Republicanos como queriendo correr los límites. Ahí hay que hacer una historia más detallada, que no la voy a hacer yo. Las cosas pudieron salir mejor. Pero en materia de bienes morales y culturales lo que va a primar no es la convicción, sino la oportunidad. Si tú no tienes mayoría en el Parlamento, no te vas a desgastar mandando un proyecto de ley de derogación de las tres causales de aborto. ¿Para qué? “Para darle una señal a nuestra gente”. ¡Qué tontería!
-Pero hay un mundo, cercano también al Presidente electo, que es partidario de ganar terreno en la batalla cultural.
-Hay que ganar terreno, pero de a poquitos metros. El ejemplo es dramático, pero en la Primera Guerra Mundial cada vez que se plantearon grandes ofensivas fueron cientos de miles de muertos. En cambio cuando se quería ganar un poquito de terreno, las cosas eran menos dramáticas. Si tú quieres ganar la batalla cultural al 2028, la tienes perdida. Es tan profunda la inserción de las ideas contrarias a las nuestras, que toma tiempo desmontar y montar. Tienes que hacer un cambio artesanal. El artesano es la persona que trabaja la materia. Y en política hay artesanía versus retroexcavadora o motosierra.
-Pero José Antonio Kast tiene afinidad con el mandatario vecino de la motosierra.
-Yo creo que ese es el único error cometido en las giras internacionales. Y fue, además, desgraciadamente, el primer día. Por ningún motivo esa foto. Ahora, ¿cómo le dices que no a Milei que te envuelve, ¿viste?, a sacarte la foto con la motosierra?
-Y fotografiarse con líderes como Viktor Orbán, Primer Ministro de Hungría, ¿no le produce ningún resquemor?
-Me produce incomodidad lo que viene sucediendo en Hungría. Yo tengo mucho cariño por esa nación porque he estudiado mucho la sublevación húngara del 56. Pero creo que el Presidente no busca a personas y proyectos completos, sino una cosa específica de cada uno. Quizás con Giorgia Meloni tenga mayor afinidad, con Bukele es el tema de la seguridad. Va a ir buscando de manera pragmática, en el buen sentido de la palabra, de aprovechar aquello que sea aprovechable.
-¿No se hubiera ahorrado usted el encuentro con Orban por los cuestionamientos democráticos que produce?
-Su gobierno como sistema democrático está cuestionado por toda Europa, eso lo tengo clarísimo. Pero si resulta que en el tema de las barreras migratorias es útil, ¿por qué no sólo en aquello? El día de mañana tú a lo mejor puedes aprender algo de Gustavo Petro, por decir alguien. La idea de un gobierno artesanal tiene que ver con escoger el material que se necesita.
¿Apoyar o no a Bachelet?
-Uno de los roces de estos días entre el gobierno entrante y el saliente ha sido la oficialización de Michelle Bachelet como candidata a presidir la ONU. ¿Qué piensa que debiera hacer el gobierno electo respecto de esa candidatura?
-Me parece una imprudencia de parte del Presidente Boric. Tiene el derecho a hacerlo, pero uno ejerce los derechos dentro de la prudencia. Lo que va a hacer el Presidente Kast es ejercer la prudencia. Yo personalmente preferiría que no respaldara esa nominación, pero ¿qué va a hacer? Hay políticas de Estado que no son políticas de gobierno. Las relaciones exteriores tienen que ser políticas de Estado.
-José Miguel Insulza dijo que retirar la candidatura, contando ya con el apoyo de México y Brasil, sería un “ridículo universal”. ¿Lo cree así?
-Me parece que es una política de Estado y el Presidente con toda prudencia tiene que tomar su decisión dentro de ese marco, no pensando si me gusta o no me gusta la persona en cuestión. Tampoco me agrada que lo estén encajonando un poquitito algunos de Chile Vamos. Parece incómodo, ¿no? Habrá que ver si como Estado de Chile corresponde mantener la candidatura o hacer una movida más extraña...
-¿Le hace más ruido bajarla a estas alturas?
-Sí.
Ángela Vivanco: “Había una búsqueda permanente de posición”
-Durante décadas usted compartió con Ángela Vivanco como parte del cuerpo docente de la Facultad de Derecho UC. ¿Le sorprendió verla involucrada en la trama Muñeca Bielorrusa?
-Absolutamente.
-¿Qué relación tenía con ella?
-Nada más que universitaria. Estuve sólo una vez en su casa cuando ella estaba casada con Raúl Madrid y acaba de nacer su hija (hoy egresada de Derecho). Sí me impresionaban dos cosas de ella. Primero, su capacidad de hablar en limpio. Ángela era una persona a la cual tú le podías dar un tema y discurría con una coherencia intelectual impresionante. Y segundo, había señales, pero no soy general después de esa batalla, de una búsqueda permanente de posición. En ese sentido fue muy raro, nunca se había visto antes y creo que no se verá más, el autohomenaje que ella se hizo hacer en la facultad. Cumplió 40 años de docencia, hace un par de años atrás, y mandó organizar un homenaje en el Salón de Honor de la universidad, un acto completamente inaudito.
-¿Cómo fue para usted la imagen de verla salir esposada de su casa?
-Muy triste, porque es una persona con la cual uno se cruzaba todos los días en la facultad, por la que yo tenía mucho respeto intelectual. Académicamente era muy buena. El día que la facultad la suspendió y allanaron su oficina, su hija estaba dando examen de grado. Ese día yo almorzaba con Raúl Madrid cuando le avisaron y fue una cosa como surrealista. Él estaba muy afectado, es la madre de su hija.
-¿Usted nunca tuvo indicio de que fuese una persona deshonesta?
-Para nada. Simplemente tenía la convicción de que era una persona que andaba buscando posiciones. Uno como profesor universitario de repente comenta que tal fulano es platero, que está en la profesión porque quiere poder y por razones económicas. Angela siempre andaba muy elegante, muy bien presentada, pero nunca la vi así.
“No creo que el PC se vaya a quebrar”
-Usted ha dicho que una de sus obsesiones es el Partido Comunista, que esta semana también ha estado en la palestra por la declaración de Hugo Gutiérrez: “En este partido no podría haber nadie que crea que Cuba es una dictadura”, en alusión a Jeannette Jara. ¿Ve un PC irremediablemente fracturado?
-Eso ha pasado muchas veces en el Partido Comunista. Pasó el año 50, el 57, el 64 y el 89 cuando se fueron Fanny Pollarolo, entre otros. No sería nada raro que hubiera una diáspora. O una expulsión.
-¿Jeannette Jara debiera irse?
-¿Pero adónde te vas cuando dejas de ser comunista? El PC es como una religión, pero al revés. El proletariado es Cristo en la cruz. La revolución es la redención. El partido es la Iglesia. Las trasposiciones son clarísimas y directas. Estás acostumbrado a una estructura de funcionamiento disciplinario, de fraternidad, de pureza ideológica, que hace muy difícil insertarse en otro partido. El Partido Comunista de Chile tiene una categoría excepcional, pero está pasando por una dirigencia particularmente precaria y en ese sentido sí creo que la segunda fila está a la espera.
-¿Guillermo Teillier era mejor dirigente que Lautaro Carmona?
-Tellier era excelente: decisión, conocimiento del marxismo. Si tú miras a Carmona, a Jadue, a Gutiérrez, a la Carmen Hertz, es otro nivel. En cuanto a carisma, Camila Vallejo tiene un activo enorme, y también Karol Cariola, aunque habrá que ver que pasa con los procesos judiciales en los que se ha visto salpicada. Pero no creo que el PC se vaya a quebrar. Si te vas del Partido Comunista no puedes formar otro. Eso no existe. El que se va, se va la independencia y queda en una orfandad muy grande.
Un rojo al gobierno de Boric
A pesar de su cercanía con el Presidente electo y de haber sido su mentor en el gremialismo, Gonzalo Rojas descarta que lo convoquen a formar parte de este gobierno e insiste que para eso hay gente más joven y muy talentosa.
“Lo único que he hecho en la vida de cierto valor, es la formación de personas. Y espero seguir haciéndolo a través del trabajo que llevo adelante con parlamentarios como Chiara Barchiesi, entre otros. Si el Presidente dice ‘Oye, necesito tres gallos a los cuales pedirle opinión sobre esto o lo otro’, yo no le voy a decir que no, pero sinceramente no creo que vaya a suceder”.
-¿Y le gustaría visitar La Moneda residencial?
-Eso me encantaría. Me parece muy buena decisión. No sólo por razones de seguridad, que eran muy importantes, por razones de símbolo republicano. El Presidente vuelve a vivir en La Moneda después de más de 60 años. Es una gran decisión del hombre de familia y de casa. Fantástico.
-¿Qué nota le pone al gobierno saliente?
-Le pongo un 2,5, de 1 a 7. Creo que se van a saber muchas más cosas desastrosas de este gobierno. Yo espero que el Gobierno entrante no dedique mucho tiempo a eso y que sí lo haga la Contraloría.