“Si el gabinete no resiste un año, José Antonio Kast deberá gobernar los siguientes tres casi secuestrado por los partidos de los que renegó al momento de asumir”, es la sombría premonición del cientista político Mauricio Morales sobre el primer equipo designado por el presidente electo para acompañarlo desde el 11 de marzo próximo y que hace imposible no recordar la primera administración de Sebastián Piñera.
Lo cierto es que el gran número de independientes, tanto entre ministros como subsecretarios, ha generado ruido en su propio sector; y, desde el punto de vista del profesional, también da cuenta de que “es un gobierno de dos caras”. Puesto que a nivel internacional, Kast refrenda los principios ideológicos de la derecha radical como la oposición a corrientes feministas, ambientalistas o animalistas, representando así “el desmantelamiento conceptual que instaló la izquierda, insistiendo en la denominada batalla cultural”. A nivel nacional, en cambio, “sigue concentrado en las emergencias, apuntando a un gobierno de gestión efectiva y capaz de resolver los problemas del país”.
Dinámica que, estima Morales, “calza a la perfección con un gabinete constituido por más del 80% de independientes a nivel de ministerios y subsecretarías”, porque es una representación gremial y de los centros de estudio de la derecha más identitaria, ya que “estos independientes adscriben, en su mayoría, a un ideario político-ideológico común”.

“Apuesta del todo o nada”
En un análisis más exhaustivo realizado por el experto, llega a la conclusión de que el inicio del gobierno de Kast será el “con la mayor porción de independientes en la historia, sin ninguna duda”; porque tendrá el cuádruple de independientes en los ministerios y subsecretarías respecto al promedio histórico desde 1990 hasta 2026, en 1990 Patricio Aylwin nominó sólo a un independiente en un ministerio y tres subsecretarios en esa misma condición; algo parecido pasó con Frei, Lagos y Bachelet, aunque con un crecimiento leve de esos independientes. Entonces, en promedio, los gobiernos de la Concertación (1990-2010) nombraron un 6.7% de independientes en los cargos de subsecretarios.
Siguiendo con su análisis, Morales hace un escrutinio a las administraciones post Concertación: Piñera I (2010-2014) nombró un 64% de ministros independientes y un 59% en las subsecretarías; cifras que bajaron a 8,7% y 8,6%, respectivamente, en Bachelet II (2014-2018); y, en Piñera II (2018-2022) subieron a 43,5% y 50%; con Boric, siempre considerando el primer gabinete y la primera nómina de subsecretarios, las cifras fueron de 25% de independientes tanto a nivel ministerial como de subsecretarías.
Así las cosas, la de Kast es “una apuesta del todo o nada, pues la exclusión de los partidos se puede pagar caro. Si este diseño es exitoso y el gabinete resiste un tiempo prolongado, será la primera vez en la historia que un gobierno democrático salga victorioso sin el apoyo de los partidos”; pero si, en cambio, “el gabinete resiste menos de un año, Kast deberá renunciar al diseño original, abriendo espacio a los partidos y quedando él en una posición extraordinariamente débil”, advierte el doctor en Ciencia Política.
Efecto en el Congreso
Su razonamiento también incluye la mirada legislativa y los efectos que la tendencia hacia los independientes pudiera tener en el Congreso; por lo que se pregunta si este rechazo a los partidos implicará un desorden o indisciplina entre las colectividades que forman la coalición del presidente electo y aclara que “es muy desaconsejable que en el marco del presidencialismo con bicameralismo legislativo, el presidente abjure de los partidos, pues eso implicará un bloqueo permanente de sus proyectos de ley”.
Sin embargo, añade, “puede que estemos frente a un diseño distinto. El gobierno de Kast no será transformador ni reformista; en consecuencia, y como él mismo lo dijo en agosto de 2025, el Congreso es relevante pero no tan importante como se cree. Esto implica que su gobierno se centrará en el Ejecutivo, evitando la reyerta propia del trabajo legislativo. En otras palabras, Kast gobernará con ‘lo que hay’ y no con lo que ‘le gustaría que fuera’, en materia de leyes”.
En cualquier caso, Morales cree que la de Kast “es una apuesta extremadamente riesgosa. Si tiene éxito, hay que sacarse el sombrero pues eso implicará que el Ejecutivo, sin necesidad de los partidos y de un Congreso activo, fue capaz de sacar la tarea adelante, pero si el gabinete no resiste un año, Kast deberá gobernar los siguientes tres casi secuestrado por los partidos de los que renegó al momento de asumir.