La guerra en Medio Oriente está “ensombreciendo las perspectivas para muchas economías”, advierte el Fondo Monetario Internacional (FMI) en un blog elaborado por sus principales economistas, entre ellos el chileno Rodrigo Valdés, actual director de Asunto Fiscales del organismo multilateral.
La publicación sostiene que el conflicto irrumpe en un momento en que varias economías recién comenzaban a consolidar su recuperación de crisis previas, como la generada por la pandemia del Covid-19 en 2020 o la derivada de la guerra en Ucrania en 2022, introduciendo un nuevo shock global con amplias repercusiones.
Según el Fondo,
el impacto del conflicto se transmite principalmente a través de tres canales: el encarecimiento de la energía, las disrupciones en las cadenas de suministro y el endurecimiento de las condiciones en los mercados financieros.
Este shock, aunque global, es asimétrico, dado que afecta con mayor fuerza a los países importadores de energía, a las economías de menores ingresos y a aquellas con escaso espacio fiscal o reservas limitadas, mientras que algunos exportadores de materias primas pueden beneficiarse parcialmente.
Energía: el principal canal de transmisión
El blog difundido este lunes, plantea que la disrupción del suministro derivado, particularmente, del bloqueo iraní del estrecho de Ormuz, ha generado un aumento significativo en los precios del petróleo y el gas, impacto que se siente con fuerza en economías importadoras de combustibles, como la chilena, para las cuales “el efecto equivale al de un impuesto grande y repentino sobre el ingreso”. Así, el organismo posiciona a la energía como el principal canal de transmisión del shock.
Además, el FMI destaca el riesgo que de persistir altos los precios de la energía, “impulsarán la inflación a nivel mundial”, replicando patrones históricos de los shocks de este sector, los que también reducen el crecimiento.
Encarecimiento de los alimentos
Por otra parte, consignan que el conflicto “está reconfigurando las cadenas de suministro de insumos no energéticos y críticos”, destacando el aumento de costos logísticos y los retrasos en los tiempos de entrega por el desvío de rutas marítimas y aéreas.
Uno de los efectos más relevantes es el encarecimiento de alimentos. “Con los envíos de fertilizantes interrumpidos… están aumentando las preocupaciones por los precios de los alimentos”, se lee en el blog.
Lo anterior tiene implicancias directas en economías emergentes y en países de menores ingresos, donde el gasto en alimentos representa una mayor proporción del consumo. En estos casos, el organismo advierte que el impacto no es solo económico, sino también “sociopolítico”.
Adicionalmente, espesifica que en países de América Latina donde la inflación había sido relativamente baja, el aumento de los costos energéticos y alimentarios “pondrá a prueba la resiliencia de las expectativas”, especialmente en economías con monedas más débiles.
Condiciones financieras
El conflicto también “ha alterado a los mercados financieros”, con caídas en las bolsas, alzas en los rendimientos de bonos y mayor volatilidad global, relata el informe. Aunque la reacción ha sido contenida en comparación con crisis anteriores, el FMI advierte que estos movimientos “han endurecido las condiciones financieras a nivel mundial”.
En mercados emergentes, esto se traduce en mayores costos de financiamiento y dificultades para refinanciar deuda. El organismo señala que “mayores rendimientos y spreads de crédito más amplios elevan las cargas por servicio de deuda”, un desafío relevante para varias economías en desarrollo. Aun así, algunos exportadores de commodities -incluidos países latinoamericanos- pueden amortiguar mejor el impacto, aunque no quedan exentos de mayores primas por riesgo.
Con toodo, el FMI hace un llamado a que los países adopten políticas económicas cuidadosamente calibradas según sus condiciones particulares, enfatizando la necesidad de prudencia fiscal, fortalecimiento de reservas y medidas para proteger a los sectores más vulnerables. Al mismo tiempo, reitera su disposición a apoyar con asistencia financiera y técnica, especialmente a las economías más expuestas.