Crecer para recaudar, la fórmula que la política tributaria olvidó
JUAN ALBERTO PIZARRO Presidente Comisión Tributaria Colegio de Contadores
Chile lleva más de una década atrapado en una discusión tributaria que confunde medios y fines: se anuncian alzas de impuestos para recaudar más, pero la recaudación efectiva como porcentaje del PIB sigue estancada. Mientras el debate se concentra en subir tasas, eliminar exenciones y combatir la evasión, se dejó de lado la neutralidad económica de los cambios. La ecuación es simple: si crecemos e invertimos poco, el Fisco recauda poco. Un marco que encarece el capital, castiga la reinversión y cambia las reglas con frecuencia desalienta la inversión y, con ella, el crecimiento -la fuente más sostenible de ingresos fiscales.
Los números son elocuentes. Las ocho reformas tributarias en los últimos 15 años prometieron incrementos de entre 6% y 7% del PIB, pero el rendimiento efectivo apenas rozó un punto. La recaudación no minera -pilar de los ingresos permanentes- está estancada: en 2025 fue 16,4% del PIB, por debajo del 16,7% de 2015. Con un crecimiento promedio cercano al 2% en la última década, el país no ha generado recursos para sostener un gasto público al alza, y terminó con déficits persistentes y deuda creciente.
“Las ocho reformas al sistema de impuestos en los últimos 15 años prometieron incrementos de entre 6% y 7% del PIB, pero el rendimiento efectivo apenas rozó un punto. Entre 1990 y 2010, cerca del 81% del aumento de los ingresos fiscales provino del crecimiento, no de subir tasas”.
La historia confirma la lección. Entre 1990 y 2010, cerca del 81% del aumento de los ingresos fiscales provino del crecimiento, no de subir tasas. En ese período la deuda pública cayó a menos de 10% del PIB y el déficit llegó a 0,4% del PIB en 2010. Hoy, el crecimiento tendencial se redujo desde 5% a niveles cercanos a 2%. Lo que muestra que, sin expandir el Producto potencial, cualquier mejora recaudatoria, es solo una ilusión.
Por su parte, en 2023 la Comisión Marfán estimó que elevar el crecimiento desde 2,3% a 3,5% aportaría un salto fiscal relevante. Su proyección de ingresos cíclicamente ajustados para 2028 -US$ 93.703 millones, un aumento de US$ 8.050 millones respecto de 2024- pasaría a un incremento de US$ 12.600 millones (casi 60% más), elevando los ingresos a US$ 98.290 millones.
La OCDE coincide: un buen sistema tributario debe respaldar crecimiento, equidad y sostenibilidad. Como advirtió David Bradbury, director adjunto del Centro de Política y Administración Tributaria, “no tiene sentido tener todos los impuestos del mundo si la economía no está creciendo; los ingresos fiscales disminuirán”.

Sobre esa base, el gobierno anunció un giro pro competitividad fiscal: bajar el impuesto corporativo de 27% a 23% para alinear a Chile con la OCDE; una tasa de impuesto PYME de 12,5% en forma permanente, reintegrar plenamente el sistema para eliminar distorsiones y favorecer la reinversión; y reforzar la certeza a la inversión mediante mecanismos de invariabilidad tributaria. El financiamiento descansaría en mayor eficiencia del gasto, revisión de programas mal evaluados y un ajuste que lo lleve a niveles sostenibles.
“Crecer para recaudar” no es un eslogan: es la ruta responsable para financiar el gasto social y las políticas públicas que impulsan empleos de calidad, sin hipotecar el futuro. La elección es clara: reglas estables, impuestos que premien la reinversión y un Estado que gaste bien. Si queremos retomar la senda del desarrollo, primero es volver a crecer. Lo demás es postergar lo inevitable.
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