Brasil–Chile: una plataforma de oportunidades en expansión
PAULO PACHECO Embajador de Brasil en Chile
La amistad entre Brasil y Chile constituye uno de los vínculos más sólidos y duraderos de la historia diplomática sudamericana. A lo largo de casi dos siglos de relaciones formales —establecidas el 22 de abril de 1836— ambos países han construido una relación marcada por el diálogo político, la cooperación regional y, cada vez más, por una integración económica profunda y tangible.
Hoy, esa cercanía se refleja en cifras elocuentes: Brasil es el principal socio de Chile en América Latina y su tercer socio comercial global, mientras Chile figura entre los principales destinos del comercio brasileño a nivel regional. En el primer trimestre de 2026, el intercambio bilateral creció un 7,1% respecto al año anterior, confirmando el dinamismo de esta asociación, que traduce la amistad bilateral en conexiones concretas.
“Brasil es el principal destino de las inversiones chilenas en el mundo y el país de la región con mayores inversiones en Chile. Y el margen para profundizar estos flujos es considerable. Sectores como infraestructura, transición energética y economía digital ofrecen oportunidades para avanzar hacia una integración aún más estratégica”.
Brasil ofrece una economía de escala continental y diversificada, desde la agroindustria y la minería hasta la innovación tecnológica. Chile, por su parte, aporta una economía abierta, altamente integrada a los mercados globales y con ventajas competitivas claras en sectores estratégicos. Esta complementariedad crea un espacio fértil para ampliar negocios y asociaciones productivas.
La diversificación de la relación bilateral también se expresa en inversiones productivas y cadenas de valor industriales. Destacan proyectos a gran escala en el sector forestal y de celulosa, con inversiones chilenas en Brasil que se cuentan entre las más significativas de la región y que consolidan al país como un polo global en esta industria. A ello se suma la integración en la industria aeronáutica y logística, reflejada en la incorporación de naves de fabricación brasileña por aerolíneas chilenas, lo que evidencia la expansión de la industria aeronáutica del Brasil en América del Sur y su creciente inserción en las cadenas de movilidad y transporte de la región.
La dimensión económica se refuerza con instrumentos como el Acuerdo de Libre Comercio entre Brasil y Chile firmado en 2018, que amplió la cooperación a temas contemporáneos como comercio digital, facilitación de inversiones y PYME. Al reducir barreras y establecer reglas modernas, el acuerdo fortalece la base material de la relación y abre nuevas posibilidades para el sector privado.
Nuestra conexión se manifiesta, asimismo, en el flujo de personas. En 2025, Chile se consolidó como la segunda fuente de turistas internacionales para Brasil, mientras que Brasil se mantuvo entre los principales emisores de visitantes hacia Chile. La conectividad aérea, con hasta 11 vuelos directos en períodos de alta demanda, facilita no solo el turismo, sino también los viajes de negocios y la prospección de oportunidades.
Los datos recientes confirman la solidez y las oportunidades por explorar: Brasil se mantiene como el principal destino de las inversiones chilenas en el mundo y el país latinoamericano con mayores inversiones en Chile. Sin embargo, considerando el tamaño de ambas economías y el grado de afinidad existente, el margen para profundizar estos flujos sigue siendo considerable. Sectores como la transición energética, infraestructura, economía digital y cadenas de valor regionales ofrecen oportunidades para avanzar hacia una integración aún más estratégica.
Así, en este Día de la Amistad Brasil–Chile, más que recordar el inicio de las relaciones diplomáticas, se renueva una invitación: mirar al Brasil no solo como un socio tradicional, sino como una plataforma de oportunidades aún en expansión.
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