Una emergencia para el Gobierno de emergencia
CLEMENTE PÉREZ Abogado, Máster en Políticas Públicas
Cada cierto tiempo, en estos meses de verano y cada vez con más fuerza e impacto, el país es azotado por mortíferos incendios forestales. Este año hemos podido mostrar algunos aprendizajes, que me atrevo a señalar:
Primero: la colaboración entre el Presidente saliente y el Presidente electo habla muy bien de Chile y muestra un grado de solidez institucional, que permite concentrarse en las soluciones, dejando sin campo de juego a los oportunistas que buscan ventajas mezquinas o declaraciones altisonantes en momentos de crisis.
“El futuro ministro de Vivienda tiene una oportunidad de oro para mostrar rapidez en la reconstrucción. Encontrará un buen aliado en su par de Economía”.
Segundo: las empresas forestales muestran un alto grado de profesionalización en sus sistemas de combate de incendios y Conaf ha mejorado sus capacidades con más aviones, más brigadistas, mejor planificación y ha revertido las actitudes reacias a la cooperación público-privada que evidenció en los megaincendios del 2017.
Tercero: de acuerdo con información oficial, casi la totalidad de los incendios tiene origen humano, por negligencia o intencionalidad. Aquí queda mucho por hacer. Ha habido campañas de educación, pero nunca son suficientes. Se debe focalizar en fiscalizar quemas de desechos y basuras, uso de herramientas en faenas agrícolas, fogatas en campings y líneas eléctrica en mal estado. Los sistemas de detección temprana aparecen como el camino indicado y donde más se debe invertir.
Cuarto: obviamente, la planificación territorial es clave. Tanto los municipios como el Minvu saben que no se debe habitar zonas de riesgo, que debe haber cortafuegos, zonas buffer y todo el arsenal que una planificación que considere los riesgos debe tener en cuenta. Sin embargo, sabemos que las tomas y campamentos florecen sin control en zonas periurbanas. La planificación del territorio es tan burocrática y lenta, que siempre lleva años de desfase. Basta pensar en las parcelas de agrado, al margen de la planificación territorial. Llevamos años sin resolver ese asunto.
Quinto: los desastres cada vez más comunes y dañinos son consecuencia obvia del cambio climático. Para lograr nuestra meta de carbono neutralidad es fundamental reducir las emisiones de Gases Efecto Invernadero y aumentar la capacidad de absorción (en los gráficos se les llama “Uso de la tierra, Cambio de uso de suelo y silvicultura o “Utcuts”). Los incendios forestales han arrasado cerca de un millón de hectáreas en la última década, según lo informado por Chile a las Naciones Unidas. Y ya hemos comentado antes sobre el preocupante (aunque entendible) “repliegue” de la industria forestal chilena. En fin, es necesario remar contra la corriente, porque necesitamos combatir incendios y también aumentar las hectáreas plantadas, para poder cumplir los compromisos climáticos.
Por último: el futuro ministro de Vivienda tendrá una oportunidad de oro para demostrar que es posible mejorar la rapidez en la reconstrucción, y encontrará en el ministro de Economía un buen aliado, con experiencia en temas habitacionales. Parece un buen equipo para enfrentar esta emergencia, con la que comienza el Gobierno de emergencia.
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