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Columnistas

Davos, IA, Boric y Kast

JUAN CARLOS EICHHOLZ Socio fundador de Adapsys, profesor UAI

Por: Equipo DF

Publicado: Miércoles 28 de enero de 2026 a las 04:03 hrs.

La semana pasada tuvo lugar la principal cita global de empresarios que anualmente se reúnen en Davos, se produjo el anuncio del nuevo gabinete, y se consagró el quiebre de la coalición gobernante. ¿Qué relación podría existir entre estos hechos? Veamos.

Hay quienes creen que las palabras crean realidad. Otros asumen que la realidad se impone sola, con independencia de cómo se la nombre. Entre ambas posiciones existe una tensión antigua, casi filosófica, hoy reflejada en las decisiones que tienen que tomar las empresas frente a la IA y en las diferentes formas de gobernar que ya se aprecian entre la administración saliente y la entrante. Partamos por esto último.

“Gobernar solo desde los hechos tiene límites. Las palabras no son un adorno, son el espacio donde se construye una visión de país. Kast enfrenta el riesgo inverso al de Boric: hacer mucho, pero decir poco; gestionar bien, pero convocar mal”.

El gobierno de Gabriel Boric apostó decididamente por el poder de las palabras. El lenguaje como herramienta de transformación, de persuasión, de cambio cultural. La convicción parecía clara: si cambiamos el relato, cambiaremos el país. El problema fue que el énfasis discursivo no vino acompañado de una capacidad equivalente para convertir esas palabras en hechos, generando frustración ciudadana y tensiones internas, lo que llevó al quiebre de su propia coalición. El legado es, en buena medida, un conjunto de palabras que no lograron encarnarse en hechos que mejoraran la calidad de vida de las personas. Y por más palabras que el Presidente siga pronunciando, la realidad no cambiará, como tampoco lo ha hecho la percepción que la ciudadanía tiene de su gobierno.

José Antonio Kast, al contrario, parece estar apostando por exactamente lo opuesto: menos palabras, más hechos. La designación de su gabinete va en esa línea, reforzando la idea de la emergencia, que es sinónimo de acción urgente, y privilegiando perfiles con experiencia ejecutiva, con trayectoria en hacer e implementar. El mensaje implícito es claro: el país no necesita más discursos, sino resultados. Después de años de incertidumbre, promesas incumplidas y debates estériles, esa señal conecta con una demanda real de la ciudadanía.

Pero aquí aparece el desafío. Gobernar solo desde los hechos también tiene límites. Las palabras no son un adorno ni una pérdida de tiempo. Son el espacio donde se construye una visión de país, una identidad compartida, un horizonte más allá de la urgencia. Sin palabras, la acción carece de sentido y dirección. Kast enfrenta el riesgo inverso al de Boric: hacer mucho, pero decir poco; gestionar bien, pero convocar mal.

Si extendemos ahora la mirada al sector privado, podemos constatar algo similar: las empresas, por definición, viven de los hechos: resultados, ejecución, eficiencia. Y poner todo el foco ahí funciona en el business as usual, pero no cuando vivimos tiempos de cambios profundos, como quedó de manifiesto en la reunión de Davos de este año, no tanto por Trump y el cambio en el orden político mundial, sino por la IA y el cambio fundamental que eso supone para la sociedad, las empresas y las personas. En este escenario, la reflexión debe anteceder y convivir con la acción, así como las palabras deben movilizar y darle coherencia y sentido a los hechos.

La lección es evidente. Ni las palabras por sí solas cambian la realidad, ni los hechos sin palabras construyen futuro. El desafío del próximo Gobierno y de las empresas será encontrar esa combinación virtuosa, en que las palabras adquieren valor y los hechos tienen significado.

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