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Columnistas

No hay divorcio posible entre crecimiento y sostenibilidad

CLAUDIO SEEBACH Decano Facultad de Ingeniería y Ciencias UAI

Por: Equipo DF

Publicado: Martes 24 de febrero de 2026 a las 04:04 hrs.

A veces, ciertos temas aunque uno los da por descontados, es bueno repetirlos: a pesar de algunos retrocesos recientes, hablar hoy de desarrollo económico sin considerar el capital natural, la biodiversidad o la crisis climática es obsoleto, e intentar no hacerlo es hipotecar el crecimiento y las futuras generaciones.

En este siglo, crecimiento y sostenibilidad están inseparablemente ligados: así, la transición energética es una estrategia competitiva. Chile ha captado esta oportunidad, avanzando rápidamente hacia energías limpias, que atraen inversión extranjera y generan desarrollo local. El liderazgo en energías renovables, la electrificación del transporte público y el despliegue de almacenamiento eléctrico a gran escala muestran que, con reglas claras, visión compartida y colaboración público-privada, la descarbonización puede ser rentable.

“El ritmo de la transición energética no depende de acuerdos multilaterales, sino de países capaces de competir y ejecutar”.

El modelo chileno ha permitido reducir emisiones en el sector de generación eléctrica y consolidar un ecosistema tecnológico referente a nivel global. El próximo paso es electrificar la producción de movimiento y calor en el transporte, las industrias y las edificaciones, además de fortalecer la resiliencia y las cadenas de valor verde, donde Chile tiene una oportunidad histórica gracias a sus reservas de cobre, litio y tierras raras. El punto está en desarrollar estas industrias con rapidez y estándares ambientales robustos.

Las tecnologías limpias impulsan manufactura, almacenamiento de energía, nuevos servicios tecnológicos, digitalización, centros de datos, IA y empleos calificados. Si se ejecuta bien, Chile puede transformar su modelo exportador en una plataforma global de innovación climática y talento especializado.

El ritmo de la transición energética no depende de acuerdos multilaterales, sino de países capaces de competir y ejecutar. Chile ha demostrado que cuando el Estado regula con predictibilidad y el sector privado invierte con confianza, surgen verdaderas transformaciones. La agenda económica futura no será un divorcio entre crecimiento y cuidado del medioambiente, sino entre avanzar rápido con sostenibilidad o quedar rezagados. Chile cuenta con recursos, casos de éxito y capacidades; falta fortalecer la confianza y colaboración público-privada, con un mejor Estado y construir un relato país donde innovación, inversión y sustentabilidad se potencien.

La academia tiene el rol de conectar necesidades de la industria con el desarrollo de talentos, innovar en investigación y potenciar la ciencia de alto impacto socioambiental. Las universidades inspiran confianza y están llamadas a ser agentes de cambio.

En este punto de inflexión, el desafío y la oportunidad de volver a crecer fuerte y sosteniblemente deben abordarse colaborativamente. Si Chile es consistente en esto como una política de Estado y de país, podrá contribuir al bienestar presente y futuro, siendo referente mundial en desarrollo sostenible.

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