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Columnistas

Romper el eco: un propósito común para el 2026

DANIEL DACCARETT Y LEONARDO LJUBETIC Coautores de Rumbo Emprender

Por: Equipo DF

Publicado: Miércoles 21 de enero de 2026 a las 04:00 hrs.

Si el Principito, ese personaje maravilloso de Antoine de Saint-Exupéry, aterrizara hoy en las cumbres de nuestra cordillera, en este inicio de 2026, vería un Chile expectante. Con un nuevo Gobierno ad portas y la esperanza puesta en el auge económico y en mejoras urgentes en seguridad, salud y educación, el pequeño viajero quizás intentaría saludarnos. Gritaría con fuerza “¡buenos días!”, y probablemente lo único que recibiría de vuelta sería: “Buenos días..., buenos días...”. Recordaría entonces cuando pensó: “¡Qué planeta más raro! Los hombres no tienen imaginación. Repiten lo que se les dice”.

Ese eco es uno de los mayores riesgos actuales. El riesgo de quedarnos escuchando nuestra propia voz, atrincherados en nuestras verdades. En tiempos de cambios decisivos, a menudo convertimos al país en una caja de resonancia donde la diversidad se ve como amenaza y no como riqueza. El viajero nos preguntaría: “¿Por qué esperan que todo cambie solo porque cambia el año o quien se sienta en el trono?”

“Para que este jardín florezca, debemos fomentar el emprendimiento como motor de transformación. El emprendedor ve una oportunidad donde otros no ven nada, y convierte ideas en acción”.

Nos recordaría que problemas como la delincuencia o brechas en salud y educación no desaparecen con buenas intenciones; se combaten con la disciplina diaria de arrancar las malas hierbas. Nos diría: “Es cuestión de disciplina... A veces no hay inconveniente en dejar para un poco más tarde el trabajo; pero tratándose de baobabs, el retraso es siempre fatal”.

Como responsables del país que heredaremos, tenemos la urgencia de romper ese eco. Debemos tomar acciones para provocar los cambios que queremos. No podemos ser pasajeros que repiten el ruido ambiente esperando que un “Rey” nos regale bienestar; debemos ser copilotos activos. Para lograr el Chile que queremos, el Principito nos invitaría a desarrollar la ambidiestralidad: mirar, al mismo tiempo, con el microscopio y con el telescopio.

Mirar por el microscopio es atender la contingencia con disciplina, arrancando los baobabs cada mañana y enfrentando urgencias con acción y eficiencia. Pero si solo miramos el suelo, corremos el riesgo de quedarnos en el eco y perder el rumbo. Necesitamos el telescopio para trazar grandes sueños y navegar guiados por un propósito, entendiendo que las verdaderas transformaciones -como cuidar una rosa- requieren tiempo, paciencia y visión.

Esta tarea requiere un liderazgo potente en lo empresarial, político y social. Necesitamos líderes con convicciones y valores sólidos -raíces profundas-, pero flexibles para convocar a todos. Líderes que respeten y hagan respetar la ley, que no busquen el reflejo de su voz, sino la riqueza de la diversidad y la fuerza de la unidad. Líderes que sepan crear vínculos reales, tal como el zorro enseñó: “No se conoce sino lo que se domestica”.

El Principito nos regala otra lección vital en el jardín de las rosas. Allí se dio cuenta de que su flor era única por el tiempo que él había dedicado a ella. Chile está lleno de “cinco mil rosas”: intereses y visiones distintas. La diversidad es nuestro jardín natural. Pero lo que nos transforma en comunidad es el propósito común; el tiempo que estamos dispuestos a invertir juntos en trabajar por nuestra democracia.

Para que este jardín florezca, debemos fomentar el emprendimiento como motor de transformación. El emprendedor ve una oportunidad donde otros no ven nada, y convierte ideas en acción.

Como dijo el Principito: “Lo que embellece al desierto es que esconde un pozo en cualquier parte”. Nuestros emprendedores son exploradores que buscan el pozo en el desierto; quienes, a través de la innovación, encuentran el agua que nutre nuestra economía.

No olvidemos el secreto del zorro: “No se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos”. El Chile que soñamos requiere dejar las trincheras del “yo” para encontrarnos en el “nosotros”. En nuestro libro, Rumbo Emprender, llamamos a esto buscar a los “pares improbables”. Los verdaderos encuentros no ocurren con quienes devuelven lo que ya sabemos, sino con quienes nos sorprenden. Necesitamos alianzas donde mundo público y privado, izquierda y derecha, experiencia y juventud, se vean como socios estratégicos.

Romper el eco es abrazar todas las buenas ideas. Nuestra gran tarea es “domesticar” un futuro más próspero para Chile.

Calibremos la mirada: seamos rigurosos con el microscopio del presente, soñadores con el telescopio del futuro y estemos dispuestos a escuchar voces distintas para sentir que ‘todas las estrellas se ríen con nosotros’.

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