Sala cuna y el valor del diálogo social
Antonia Orellana, ministra de la Mujer y la Equidad de Género
Tal como señalara en su columna del pasado lunes en DF la directora del Instituto de Economía UC, Claudia Martínez, el artículo 203 del Código del Trabajo es un obstáculo anacrónico. Sin embargo, la experiencia de los intentos fallidos por reformarlo desde 1997 muestra que modificar normativas tan centrales para la estructura social no es fácil, por anacrónicas que sean. Desde 1917 que la sala cuna es parte de las obligaciones del empleador respecto de las mujeres. El requisito de “la trabajadora 20” se instaura en 1925 y permanece inalterado hasta hoy. Los argumentos no son nuevos. Ya en los años ‘20 se señalaba en el Congreso que de aprobarse la Ley de Sala Cuna las obreras no serían admitidas en las fábricas.
“Más de un siglo después de que se legisló por primera vez, la discusión no trata sobre quién firma y promulga. Es sobre si seremos capaces de aprovechar el camino recorrido para una reforma clave”.
La tensión entre el costo efectivo de la sala cuna y su capacidad de provisión también es antigua. Una segunda capa de complejidad se suma con la creación de la Junji a a cargo de la supervisión de la calidad de las salas cuna del Código del Trabajo en 1970. La posibilidad de que una ampliación del derecho a sala cuna tensione el sistema público parvulario es una legítima preocupación de las trabajadoras de VTF, Integra y Junji, y para conducirla hacia avances el Gobierno propuso y logró aprobar la Ley de Modernización Parvularia, la primera en una década relativa a este nivel educativo. Como se observa, 2024 no fue “tiempo muerto” para este debate, sino que se avanzó en su componente educacional.
La creación de un fondo de Sala Cuna viene desde el segundo proyecto del Presidente Sebastián Piñera y fue recogida por nuestra propuesta, ajustando el cálculo hacia uno más sustentable con el valor efectivo: un 0,2% de cotización. Escuchando a la oposición y organizaciones como ChileMujeres, acogimos la propuesta de compensar con un 0,1% del Seguro de Cesantía y sacar el guarismo de la Ley para dar flexibilidad. Escuchando a la CUT también cuidamos que la redacción conserve el principio de progresividad del derecho.
Más de un siglo después de que se legisló por primera vez, la discusión no trata sobre quién firma y promulga. Es sobre si seremos capaces de aprovechar el camino recorrido en diálogo social para una reforma clave, despejando los últimos puntos y logrando un acuerdo que puede significar la mayor dinamización del mercado laboral desde los años ‘90, romper brechas de inserción laboral femenina y atender a la pobreza infantil.
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