Entre el 28 y 30 de septiembre, Endeavor Chile reunió a cerca de 150 emprendedores, mentores, inversionistas y líderes del ecosistema en el Hotel Portillo, en la 22ª edición de su Encuentro Anual.
Por el escenario pasaron Axel Christensen, de BlackRock, con una presentación sobre IA y mercados financieros; Guillermo Jaime Calderón, referente de Endeavor México y autor de Social Capitalism; y Patricio Escala y Gabriel Osorio, de Punkrobot, a 10 años de Historia de un Oso, el primer Oscar para Chile.
Uno de los paneles más destacados se tituló “El camino del emprendedor: historias que cambiaron tu vida”. Lo moderó Jorge Nazer, presidente del directorio de Endeavor Chile y de ALTO, y lo integraron José Luis del Río, presidente de Inder y fundador de Friosur; Christoph Schiess, ex presidente de Endeavor Chile; y Fernando Larraín, presidente de LarrainVial.
Nazer armó la conversación como un juego de mito o realidad. “Si un hijo mío quisiera dejar un buen trabajo para emprender, ¿lo apoyaría?”, partió. Después vinieron “un buen socio importa más que un buen plan” y “¿ustedes creen que tener éxito en una etapa temprana ciega al emprendedor?”.
El desacuerdo llegó con la cuarta, “¿Un directorio le sirve a un emprendedor?”.
Del Río sostuvo que los directorios son extraordinarios en empresas establecidas, pero que mientras se emprende la decisión final es del emprendedor y no de un directorio.
Larraín tomó la vereda contraria y lo atribuyó a su sesgo de financista. Su argumento es que, antes o después, la empresa que crece adopta la forma de sociedad anónima, y que el directorio existe para resolver la tensión entre los dueños del capital y los gestores. Un directorio que reemplaza al gestor, dijo, hay que echarlo. Uno que aconseja y controla puede ser muy valioso.
Schiess advirtió que un directorio demasiado pesado puede matar a un emprendedor que todavía resuelve temas básicos.
Del Río volvió a pedir la palabra. Dijo estar de acuerdo con Larraín en que, en la sociedad anónima, “son los propietarios los que tienen que tomar las decisiones y no el gestor”, pero insistió en separar ese caso del emprendedor que recién empieza.
La última pregunta fue cuán arriesgado debe ser un emprendedor. Schiess respondió que mientras más viejo, menos. Larraín dijo que ser arriesgado es la definición misma del emprendedor, pero con el riesgo dosificado. “Si se salta, se salta con paracaídas”. Del Río pidió tener clara la fallback position, es decir, dónde cae uno si las cosas no resultan.