La preocupación por el mercado laboral no es algo que solo se ve y escucha entre economistas y los mismos desempleados, sino que es algo que comenzó a alterar el bienestar de las personas, incluso aquellas con empleo. Y, tanto así, que ya hizo mella en la salud mental, según corroboró la duodécima versión del Termómetro sobre el tema que realiza la Asociación Chilena de Seguridad (Achs) y el Centro UC de Encuestas y Estudios Longitudinales sobre el tema.
Se trata de un deterioro generalizado. Por ejemplo, un 24,7% de los encuestados declaró haberse sentido altamente estresado durante los últimos siete días ante la posibilidad de perder su puesto laboral, un alza de 5,3 puntos porcentuales respecto de la medición de 2025.
Este temor va de la mano con otro: un 23,3% admitió sentirse altamente estresado ante la posibilidad de que la automatización o la Inteligencia Artificial (IA) afecte su estabilidad laboral o la de algún integrante de su hogar.
El fenómeno coincidió con una caída en la satisfacción con el empleo.
Entre los ocupados también hubo cambios. Y si bien un 72,5% declaró sentirse muchas veces o casi siempre satisfecho con su puesto de trabajo, dicho resultado está cinco puntos por debajo de lo visto en 2025 y el menor registro desde 2022.
“Este empeoramiento de los resultados, que es bien notable, tiene efectivamente una relación con las cifras laborales que estamos viendo”, dijo David Bravo, director del Centro UC de Encuestas y Estudios Longitudinales.
Problemas para dormir
El estudio también permitió observar diferencias en algunos indicadores dependiendo de la situación laboral de las personas.
La brecha más evidente apareció en los problemas para dormir. La prevalencia de insomnio moderado o severo llegó a 21,5% entre los desocupados, bastante por encima del 12,8% registrado entre quienes tenían empleo; y del 15,2% entre quienes estaban fuera de la fuerza laboral.
Algo similar ocurrió con el consumo riesgoso de alcohol: alcanzó al 11,2% de los desempleados, frente al 8,5% entre los ocupados y apenas 2,7% entre los inactivos. El sedentarismo, en cambio, fue menor entre quienes buscaban empleo.
“Este empeoramiento de los resultados, que es bien notable, tiene efectivamente una relación con las cifras laborales que estamos viendo”, dijo el director del Centro UC de Encuestas y Estudios Longitudinales, David Bravo.

El economista agregó que los datos permiten constatar una vinculación importante entre problemas económicos de las personas y falta de empleo con peores indicadores de salud mental.
Para la gerenta de Asuntos Corporativos y Sostenibilidad de la Achs, Paulina Calfucoy, las cifras reflejan cómo distintos elementos de incertidumbre se están produciendo simultáneamente. “Los datos del termómetro dan cuenta de cómo la incertidumbre frente al empleo, las exigencias económicas y las transformaciones tecnológicas están transcurriendo al mismo tiempo que este deterioro en el bienestar psicológico de las personas”, señaló.
Brechas de género
El escenario laboral se insertó, además, en un empeoramiento más amplio de los indicadores de bienestar.
Un 18,5% de los encuestados presentó sospecha o presencia de problemas de salud mental, 5,8 puntos porcentuales por sobre abril de 2025 y la mayor proporción de los últimos cuatro años.
Los síntomas moderados o severos de depresión llegaron al 16,2%, mientras que un 17,9% presentó síntomas moderados o severos de ansiedad generalizada. El insomnio moderado o severo aumentó desde 8,6% a 14,3%, y la proporción de personas con altos niveles de soledad percibida llegó a 21,9%.
El deterioro fue transversal, aunque continuaron observándose brechas de género. Los síntomas moderados o severos de depresión afectaron al 20,5% de las mujeres, frente al 11,6% de los hombres.
La jefa técnica de Riesgos Psicosociales de la Achs, Daniela Campos, planteó que los resultados refuerzan la importancia de abordar la salud mental “desde una mirada sistémica y amplia, que considere tanto factores individuales como sociales”.
Recordó que el termómetro tiene un carácter descriptivo, porque permite observar la prevalencia de síntomas y percepciones de la población en un momento determinado, “pero no establecer relaciones de causalidad directa”, afirmó.