La película ¿Qué pasó ayer?, tiene por nombre original The hangover. En esa situación se encuentran nuestras AFP al día de hoy: tratando de recordar lo vivido, intentando justificar errores, después de haber ignorado advertencias, reviviendo mentalmente los momentos de adrenalina y malas decisiones.
Si la pérdida sufrida por las AFP en el fondo E hubiera ocurrido hace algunos años, hubiera sido la sentencia de muerte de nuestro sistema previsional. En efecto, las AFP fueron fuertemente cuestionadas durante el estallido social y la Convención Constituyente, y sufrieron heridas muy profundas con cada uno de los retiros. Sin embargo, lograron sobrevivir, gracias a un gran acuerdo político que se logró a principios del año pasado, en el que participaron casi todos los sectores y que lejos de debilitar a nuestro sistema de capitalización individual, terminó fortaleciéndolo.
La sobrevivencia se basó en dos atributos: (a) los fondos efectivamente estaban ahí y eran de cada cotizante (constatar esto fue lo único bueno de los retiros previsionales), y (b) las AFP habían demostrado ser expertas en rentabilidad, cuidando bien los fondos de sus aportantes.
“Dado que se trató de una resaca a nivel de industria y no de algunos actores en particular, es necesario considerar que estamos frente a un error sistémico”.
Sin embargo, estos atributos hoy están siendo cuestionados. Dado que se trató de una resaca a nivel de industria y no de algunos actores en particular, es necesario considerar que estamos frente a un error sistémico, de normas mal diseñadas, independiente de que existe un cierto consenso de que los gobiernos corporativos y algunos ejecutivos habrían actuado con cierta displicencia al menos (para no decir negligencia).
Para tal efecto, lo primero es que la autoridad normativa dicte las normas correspondientes que impidan que un fondo conservador se torne riesgoso. Esto ya fue realizado por el Superintendente, a través de sendas Resoluciones, que han obligado a las administradoras a reducir sus exposiciones en derivados de largo plazo.
Lo segundo, que tal vez va al corazón del sistema: es terminar con el llamado “efecto manada”, provocado por exigencia de rentabilidad mínima medida respecto del promedio de las otras AFP. Esto debiera terminar una vez que los multifondos sean reemplazados por los fondos generacionales.
Cualquiera sea el caso, más allá de las normas que regulen el sistema, es clave que los gobiernos corporativos de cada AFP actúen con responsabilidad, realicen una auto crítica (nada de esto se ha escuchado a la fecha), y tomen las medidas para que estas pérdidas especulativas nunca se vuelvan a repetir, menos en fondos de categoría conservadora.
El sistema de pensiones chileno ha sido un pilar de nuestro desarrollo en las últimas décadas y permite enfrentar mejor la caída en la tasa de natalidad que los sistemas de reparto. Además, combinado con la PGU, constituye la base de un sistema que cada día está entregando mejores pensiones.
Es importante que cuidemos sus atributos, no le demos argumentos a quienes solo quieren destruir las cosas que nos han hecho crecer.