La regla del hombre prudente
FRANCISCO MENESES vocero económico de Fábrica Chile NICOLE WINKLER cofundadora de Tuwün Lab
Mientras se discute la reforma al mercado de capitales, conviene recordar una lección de Estados Unidos. En 1979, el Departamento del Trabajo precisó que la prudencia en la inversión previsional no consiste en evitar cada activo riesgoso, sino en evaluar su papel dentro del portafolio completo. Un activo riesgoso podía ser parte de una estrategia prudente si el riesgo total de la cartera estaba bien administrado.
Ese cambio abrió los fondos de pensiones al venture capital y creó una fuente estable de capital de largo plazo para empresas jóvenes. Hoy, las compañías respaldadas por venture capital representan 41% de la capitalización bursátil estadounidense.
Otros países siguieron ese camino. Canadá usa fondos de fondos público-privados para atraer a fondos de pensiones hacia venture y growth capital; México habilitó a las Afore a invertir en instrumentos estructurados, y la Unión Europea lanzó VentureEU. Los diseños difieren, pero comparten una idea: ampliar el acceso a activos privados con reglas de diversificación, gobernanza y gestión de riesgo.
“La prudencia en la inversión previsional no consiste en evitar cada activo riesgoso, sino en evaluar su papel dentro del portafolio completo”.
En América Latina, en cambio, el ahorro previsional es marginal en el capital de riesgo. Las AFP chilenas invierten montos significativos en activos alternativos, pero principalmente fuera del país. El capital existe; falta una arquitectura que permita acceder a gestores locales y regionales con estándares institucionales y escala.
Así, los fondos de pensiones de la región se perdieron la etapa de mayor creación de valor de Nubank, Rappi, Cornershop o NotCo. Una cartera diversificada de fondos permite capturar esos retornos sin depender de acertar a una compañía y acota el daño de las que fracasan. Además, cuando las empresas jóvenes se financian casi solo con capital extranjero, los retornos de sus éxitos quedan afuera y el ecosistema local no acumula experiencia, gestores ni capital para la siguiente generación.
El objetivo no es usar las pensiones como instrumento de política industrial, sino evitar que la regulación impida considerar una clase de activo con sentido económico dentro de una cartera diversificada. La reforma debiera permitir exposición diversificada a gestores de venture y growth capital con trayectoria, escala y gobernanza robusta, evaluando el riesgo a nivel de portafolio. A ello puede sumarse un fondo de fondos público-privado que movilice capital institucional hacia gestores locales, con reglas explícitas: decisiones basadas solo en criterios financieros, sin mandato geográfico ni sectorial; coinversión privada mínima en cada operación, y evaluación externa trienal con resultados públicos. Esas condiciones separan un instrumento financiero disciplinado de una política industrial encubierta.
Eso enseña la regla del hombre prudente. Para un ahorro que se invierte durante cuarenta años, renunciar a priori a las empresas que crearán valor en las próximas décadas también es una decisión de inversión. Paradójicamente, evitar todo riesgo puede ser la decisión más imprudente.