Las intensas lluvias y los granizos registrados este martes entre las regiones Metropolitana y del Maule podrían traer consecuencias negativas a las cosechas y exportaciones de cerezas y avellanos europeos plantados en esas zonas. De acuerdo con el agroclimatólogo de la Universidad de Talca, Patricio González, la inestabilidad atmosférica generada por el fenómeno de El Niño está afectando al periodo de “cuaja”, de estas especies; es decir, cuando la flor se transforma en fruto.
Esta etapa del proceso es considerada como el momento más crítico y delicado de la temporada agrícola, ya que determina el volumen, la calidad y la viabilidad de la producción futura. Cualquier alteración climática severa en esta etapa, como las registradas en las últimas horas, compromete meses de trabajo e inversión en los huertos.
Si bien desde la seremi de Agricultura en el Maule, aún no tiene claridad sobre la afectación predial involucrada ni el grado de impacto en los campos, las estimaciones apuntan a que las cosechas de fines de octubre podrían experimentar pérdidas similares a las de la Región de Coquimbo, donde los sistemas frontales extremos impactaron la producción de cerezas tempraneras.
Exportación con riesgos
Según explica el experto, “el granizo provoca abolladuras, marcas superficiales, desgarro de la epidermis y caída de la fruta, mientras que el exceso de agua produce una partición o hinchazón del fruto que arruina su condición. Esto representa un riesgo directo para los retornos del sector agroexportador debido a las altas exigencias internacionales”.
Además del daño físico, las heridas abiertas que deja el granizo en la fruta se convierten rápidamente en vías de entrada para enfermedades fungosas y bacterias. Esto obliga a los agricultores a incurrir en gastos imprevistos, requiriendo la aplicación de emergencia de fungicidas y fertilizantes foliares de protección cuticular para intentar salvar la producción.
En este contexto, el agroclimatólogo plantea que las temporada 2026 – 2027 tendrá desafíos comerciales para los exportadores chilenos, pues “cualquiera de esos impactos los deja fuera de los mercados. Es el problema que Chile exporta. Y los mercados asiáticos son muy estrictos en el calibre, color, y peso de la cereza y en el peso de la avellana. Entonces, si la fruta exportada no cumple con esos estándares, será devuelta”.
La alta concentración geográfica de estos cultivos de alto valor hace que un sólo evento climático intenso pueda alterar de manera significativa el volumen total de los envíos chilenos al extranjero, evidenciando la necesidad de monitorear las condiciones meteorológicas de forma más exhaustiva.
Cabe recordar que el mercado asiático, particularmente China, es principal destino de las cerezas chilenas, donde suele alcanzar precios premium durante las festividades del Año Nuevo Chino. Perder la categoría de exportación significa, en muchos casos, destinarla al mercado interno, donde los márgenes de ganancia son menores.
Encadenamientos productivos
Desde esa perspectiva, el experto en clima detalló que estos eventos extremos podrían golpear la macroeconomía. González argumentó que las estimaciones de la Cepal y el Banco Central, el fenómeno de El Niño “podría reducir en 0,5% el crecimiento económico de Chile, (por) el impacto que ha tenido en la parte social, en el área urbana, y sobre todo en las zonas agrícolas y mineras”.
Esta contracción no sólo afectaría los balances de las grandes empresas agroindustriales, sino que tendría un efecto multiplicador negativo en la generación de empleo temporal, el transporte y toda la cadena logística asociada a la exportación frutícola durante los meses críticos del verano.
Hasta el otoño
El profesor González recordó que “todavía nos queda octubre y queda inestabilidad atmosférica que se puede repetir” señala, recordando que el fenómeno actual está alterando las condiciones normales de la temporada. Esta inestabilidad se mantendría durante los meses de desarrollo de los frutos, por lo que el académico proyecta que “el riesgo de lluvia va a llegar hasta mediados de noviembre con esta intensidad y con este riesgo”.
Posterior a esta etapa de precipitaciones primaverales, el escenario transitaría hacia un verano caluroso. “El país entrará a una segunda fase del fenómeno caracterizada por "olas de calor intensa entre enero y febrero con temperaturas que pueden superar los 40 grados entre Valparaíso interior y La Araucanía”, detalló para un evento que “va a seguir evolucionando hasta por lo menos el otoño del próximo año”.